Crisis del coronavirus

El Gobierno engaña al Congreso: dice que la UE pidió «distancia social» tras el 8-M pero fue un mes antes

mascarilla interiores
Pedro Sánchez, en el Congreso.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha manipulado a conveniencia las advertencias de la Unión Europea para acomodarlas a su gestión de la crisis del coronavirus, situando los avisos sobre medidas de «distancia social» tras el 8 de marzo. Sin embargo, como informó OKDIARIO, el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) -del que Fernando Simón es asesor- emitió antes de ese día varios documentos en los que destacaba la importancia de adoptar esas medidas e instaba a prohibir eventos masivos, como el 8-M. El Ejecutivo, ignorando este criterio, y con el brote ya desatado, autorizó y alentó las manifestaciones ideológicas.

El Gobierno, en varias respuestas por escrito en el Congreso de los Diputados, señala que «cuando el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (por sus siglas en inglés, ECDC) propuso medidas de distanciamiento social, el pasado 12 de marzo, España ya las había implantado».

Evitar eventos masivos

Esta afirmación no es correcta. El organismo europeo avisó al Gobierno antes de esa fecha en varias ocasiones. La primera, como reveló este periódico, en un dossier técnico fechado el 10 de febrero y titulado ‘Pautas para el uso de medidas no farmacéuticas para retrasar y mitigar el impacto del Covid-19’.

Este documento fue uno de los primeros emitidos por la citada agencia europea y dedica un apartado específico a las «medidas relacionadas con las reuniones masivas».

En el informe se destaca, siguiendo modelos sobre la gripe, que «las cancelaciones de reuniones masivas antes del pico de epidemias o pandemias pueden reducir la transmisión del virus» e instan a adoptar esas medidas ya en la misma «fase de contención», en la que se encontraba en este momento España. «La cancelación de reuniones masivas en la UE puede justificarse en casos excepcionales, por ejemplo, grandes conferencias con un número significativo de participantes en un área altamente afectada», consideraban desde la agencia europea. Ese escenario se correspondería con la Comunidad de Madrid ya el 8 de marzo.

En ese caso, la decisión de cancelar el evento sería «coordinada por las autoridades, caso por caso» en base a un análisis de riesgo, teniendo en cuenta «la gravedad de la epidemia, la situación epidemiológica local, el tamaño del evento, la duración y la procedencia de los asistentes». El Gobierno, como es conocido, ignoró estas pautas y siguió adelante con las manifestaciones. Semanas después, acabaría admitiendo que ya horas antes de las marchas conocía que los contagios se habían disparado en Madrid. 

La advertencia del organismo de la UE era clara: «Las reuniones masivas aumentan el número de contactos cercanos entre personas durante largos periodos. Por tanto, pueden conducir a la introducción del virus y a la propagación».

En su lugar, el Ejecutivo rechazó el riesgo de la manifestación del 8-M. Sólo un día antes, el propio Fernando Simón explicaba gráficamente: «Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiera».

Tampoco se implementaron en aquel momento otras recomendaciones, incluidas en aquel documento, por ejemplo, las restricciones en los viajes -«para reducir el riesgo de importar el virus desde los países afectados»- y medidas de control, como la medición de temperatura con dispositivos de infrarrojos. El documento contemplaba además el cierre de escuelas como medidas preventiva, en áreas con transmisión continua.

Otro informe posterior, pero previo al 8-M, insistía en la prohibición de eventos. Se emitió el 2 de marzo, y fue remitido directamente a Simón por correo electrónico. En el documento se instaba a «evitar concentraciones masivas innecesarias» ya que, subrayaba, su cancelación «puede reducir la transmisión del virus.

Los países miembros, pues, debían adoptar «medidas de distanciamiento social individual», entre las cuales figuraba la prohibición de eventos multitudinarios, como serían las manifestaciones por el Día de la Mujer, «como medida preventiva». El aviso era claro: las reuniones masivas podrían «facilitar la transmisión y propagación del virus» debido a los «contactos cercanos y prolongados entre personas».

OMS

El Ejecutivo de Pedro Sánchez dice además al Congreso que desde el 13 de enero estaba preparado para responder a la crisis y que, el 30 de ese mes, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional «España ya cumplía con todas las recomendaciones formuladas». Ese día, sin embargo, la organización internacional advirtió que el coronavirus se podía frenar si se aplicaban medidas, entre ellas, de distanciamiento social. Algo que el Gobierno no hizo ni siquiera dos meses y medio después.

Este miércoles, OKDIARIO revela además que las actas de la reunión del 23 de enero del organismo internacional ya instaban a España a «prevenir el contagio» entre personas.

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