Escohotado: "La izquierda no añora la República, añora la Guerra Civil"

(Imágenes: F.TOLEDO | Edición: A.GUERECA)

El profesor Antonio Escohotado, autor de Los enemigos del comercio, afirma que la dictadura de Franco no es equiparable al régimen de la Alemania nazi: "Al contrario, Hitler detestaba a Franco". El filósofo se muestra partidario de mantener intacto el Valle de los Caídos y denuncia que la izquierda utiliza la Ley de Memoria Histórica para manipular el pasado. Escohotado ha sido reconocido recientemente con el premio Juan de Mariana por "toda una vida en defensa de la libertad".

–¿Por qué la izquierda española sigue teniendo como referente a la Segunda República, que fue una democracia fallida?

–Y con más certeza los que tienen 18 años, que los que ahora tenemos 80. Aquello fue una profunda decepción. Mis padres votaron a Besteiro. ¿Por qué cambiaron? Vieron cómo se saqueaba el Banco de España y le daban 700 toneladas de oro, porque sí, a Stalin. Allí uno de los dos claveros se dio un tiro, en la puerta, de vergüenza. ¿Y quién venía? Venía el catedrático Wenceslao Roces, era uno de los que entraban en el pelotón, armados. Fueron tan torpes que había monedas de los Reyes Católicos, de Enrique de Trastamara… monedas que valían una fortuna. Pues las echaban en cubos y luego las fundieron todas juntas. ¿Por qué Negrín en vez de poner el oro en París, Nueva York o Londres y mantener la moneda y poder ganar la guerra, somete ya desde el principio el país a la hambruna y la miseria? Ya no hay forma de importar nada más que la chatarra que te manda Stalin.

–¿Una parte de la izquierda española añora la Segunda República, o más bien añora la Guerra Civil?

–Añoran ante todo la Guerra Civil. Lo digo porque me acuerdo de mí mismo, yo estuve en la escisión prochina, fui bastante loco. Yo daba por hecho que la revolución era positiva. ¿Y qué se entiende por revolución? Cortar de raíz todo. Lo dice Marx en el segundo capítulo del Manifiesto comunista: acabar por la violencia con todas las instituciones existentes. Ahora lo pienso y digo: Antonio, por Dios, ¿cómo es posible? Pues fue posible. Pero aquí estamos, y he cambiado de idea.

–¿La dictadura de Franco es equiparable al régimen nazi de Hitler, como pretende Podemos?

–Para nada, Hitler detestaba a Franco. Franco es un militar nacional católico, un señor conservador clásico. Tampoco es como de la CEDA, que era la derecha. La derecha no existe. Esto de ultra, extrema… ya demuestra su inexistencia. Las cosas son a través de verbos o nombres propios. Cuando tienes que utilizar adjetivos o adverbios, es que no tienes la cosa. ¿Ahora qué es lo que hay? Hay conservadores más o menos hipócritas (yo diría que Vox es menos hipócrita que el PP), hay socialdemócratas (yo me considero socialdemócrata liberal) y luego hay la ideología del no como igual que el sí. La ideología que dice que la antítesis es tan originaria como la tesis. Y básicamente, que el mundo se divide maniqueamente entre el bien y el mal. La verdad y la no verdad. Esta pobre gente tiene un tipo de problema neuronal, y el primero que los identificó fue Sócrates. Antes de Sócrates no existe la palabra dogmático. Las personas que no son capaces de cambiar de idea no son capaces de aprender, y si no son capaces de aprender tienen algún tipo de tara cerebral, o algo adquirido: algo de la naturaleza del reflejo condicionado. Hemos llegado a una etapa de desarrollo de la humanidad maravillosa con Internet, pero hay un sector de personas que temperamentalmente no están dispuestas a cambiar de idea ni aprender.

–¿La Ley de Memoria Histórica actúa como los funcionarios soviéticos que se dedicaban a retocar fotos para eliminar a los disidentes purgados?

–Eso lo empezó la censura eclesiástica, después del edicto de Teodosio de Tesalónica cuando dijo: No hay más religión que el Cristianismo, vamos a acabar con todos los focos paganos. De Demócrito se habla en más de 100 libros, y han quedado como mucho 30 líneas, y las más anodinas. De Epicuro otro tanto. A Aristóteles de milagro, había dejado aquellos apuntes de clase, que como eran áridos pensaron que para qué quemarlos. Pero toda la obra escrita por Aristóteles fuera, se la comieron los censores. Y luego llegaron los nuevos censores, los bolcheviques, y luego los nazis… esto no para.

–¿Qué deberíamos hacer con el Valle de los Caídos y con los restos de Franco?

–Dejarlo como está, hombre. Es una construcción grandiosa, no digo que sea de las más notables, pero las figuras de los Apóstoles de Ávalos… bueno, hay cosas más feas. Lo más impresionante es la cruz misma, que a mí me causa vértigo, es como la primera vez que vi las Torres Gemelas.

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