Eduardo Inda entrevista en Alsasua al líder del PP

El dueño del Koxka encerró 10 minutos a Casado e Inda mientras 25 proetarras se reunían a las puertas del bar

El propietario del local, Josu Muñoa, acudió al establecimiento tras recibir la llamada de sus empleados y cerró la persiana con los equipos del PP y OKDIARIO dentro

Eran las 13:56 del mediodía del pasado miércoles 6 de marzo. Alsasua. Bar Koxka. Un lugar tristemente famoso por haber sido el escenario de la paliza de los proetarras a dos guardias civiles y sus novias en la madrugada del 15 de octubre de 2016.

El líder del PP y candidato a la Presidencia de España, Pablo Casado, y el director de OKDIARIO, Eduardo Inda, se daban cita en el bar para grabar una entrevista. Y tras 50 minutos de reunión, lo que hubiese sido un acto normal en la inmensa mayoría de lugares de España, acababa convertido en una retención ilegal de ambos por el dueño del bar.

El propietario del local, Josu Muñoa, pasadas las tres de la tarde, acudía al establecimiento tras recibir la llamada de sus empleados y cerraba la persiana con los equipos del PP y OKDIARIO dentro del Koxka sin permitir la salida durante diez minutos.

Un tiempo en el que fue advertido por uno de los escoltas de Inda de que su actuación era constitutiva de delito de retención ilegal y que su obligación era abrir la verja de inmediato. Todo ello, mientras los equipos de seguridad empezaban a observar movimientos frente al local y en las calles aledañas por la llegada de jóvenes abertzales a las inmediaciones del local.

La entrevista se extendió durante casi una hora. Las caras de los clientes y empleados del bar reflejaban la sorpresa. Unos miraban en silencio. Otros se acercaban y en murmullo deslizaban un temeroso “suerte”. Una palabra que incluso se convertía en frases a la entrada en el bar, cuando una mujer bajaba la ventanilla de su coche para decir a Casado: “Os necesitamos. De verdad. Mucho. No nos dejéis”.

El dueño del bar entra en escena 

Pero el ambiente tenso y frío de eso que los políticos separatistas llaman “normalidad” no se truncaba por ninguna invitación de los empleados del local a abandonar el bar. Porque lo cierto es que la entrevista comenzó, y transcurrió, sin que ninguna de las camareras pidiera cortarla y salir del Koxka. Y no lo hicieron pese a que los equipos del PP y OKDIARIO realizaron consumiciones en la barra y mesas del establecimiento.

A mitad de la entrevista una de las empleadas del Koxka abandonaba el bar. Mientras, algunos de los clientes habían salido móvil en mano. Y la respuesta a los movimientos no tardaba en llegar cuando se cumplían  50 minutos de entrevista: el dueño del local donde fueron apaleados los guardias civiles y sus parejas hacía su aparición en escena.

Su nombre es Josu Muñoa, el mismo que afirmó en sede judicial no haber visto ninguna agresión, altercado o tensión dentro del establecimiento la noche de la paliza a los agentes de la Benemérita y sus novias.

La llegada de Muñoa no fue discreta, porque su entrada vino sucedida de indicaciones a los clientes y trabajadores del local para abandonar el bar con urgencia porque “es hora de irse a comer”. Momento en el que, tras las salida de la mayoría de estas personas, el propio dueño del bar cerró la persiana metálica de la entrada dejando atrapados a Casado, Inda y el resto de equipos del PP y OKDIARIO.

En ese momento, y sólo en ese momento, fue cuando por primera vez un responsable del bar invitó a Casado, Inda, Ana Beltrán (presidenta del PP de Navarra) y al resto de asistentes a la entrevista a abandonar el local.
“No habéis pedido permiso para venir”, gritaba enfadado en ese momento Muñoa. A lo que Inda respondía que ese era un lugar de acceso público.

Muñoa exigía la presencia de “la jefa de prensa del PP”. “¡¿Quién es la jefa de prensa del PP?! ¡ ¿Dónde está la jefa de prensa del PP!?”, seguía gritando. La responsable de comunicación de Pablo Casado se identificaba inmediatamente y, con buenas palabras, mediaba y explicaba que nadie había pedido frenar la entrevista. Es más durante toda la cita, los clientes no dejaron de grabar y sacar fotos de lo que ocurría, sin que esas grabaciones alterasen para nada al dueño del bar.

Mantenía la persiana metálica cerrada

Ninguno de los asistentes a la entrevista puso problemas para dirigirse a la puerta tras la invitación del dueño a abandonar el bar. Pero, pese a los gritos y la insistencia, la salida era imposible: básicamente porque el mismo Muñoa que pedía a gritos salir, mantenía la persiana metálica cerrada y a todos atrapados.

Inda replicaba en ese momento a Muñoa: “Esto no es un zulo”. Frase que precedió a la advertencia directa del director de OKDIARIO al propietario: "Abre la persiana. Si no la abres llamo inmediatamente a la Guardia Civil".

Tras la salida del local, fuentes oficiales desvelaron a OKDIARIO lo que ocurría en esos momentos fuera del bar mientras el dueño del Koxka mantenía encerrados a los asistentes a la entrevista. Y es que las llamadas de quienes habían abandonado el bar no habían tardado en producirse y en las calles cercanas el movimiento de proetarras empezaba a surgir.

Tres abertzales permanecían fijos, vigilantes, en la salida del Koxka. Controlando la escena. Pero la eficaz y diligente disposición de agentes de la Guardia Civil en las cercanías y accesos a la zona, sumada a la rápida reacción del equipo de seguridad del presidente del PP, evitaba un desenlace triste.

En ese momento uno de los escoltas de Inda deslizaba una segunda advertencia al dueño dentro del local: “Lo que estás haciendo es constitutivo de delito por retención ilegal. Abre la persiana ahora mismo”.

Muñoa desistía del encierro y abría por fin la verja permitiendo la salida tras diez minutos de retención. Los insultos no tardaron en surgir al salir: “¡Menuda colección de hijos de puta! ¡Fuera de aquí!”, afirmaban los proetarras en la puerta.

Los equipos del PP y OKDIARIO, tras el encierro, salían por fin del bar hacia las 15:20 de la tarde, mientras observaban como cerca de 25 personas se encontraban ya frente al local y en las esquinas de las calles colaterales, mirando de reojo a los guardias civiles que controlaban los accesos más inmediatos al bar.

Entre el colectivo de proetarras que empezaba a agruparse resultaba fácil distinguir a menores de edad. Cachorros. Los mismos que son usados habitualmente en la kale borroka porque, a fin de cuentas, sus penas son inferiores al no tratarse de adultos.

La entrevista terminaba así. Minutos antes de que Josu Muñoa llamase a los medios de comunicación para quejarse de que se hubiese grabado en su bar una entrevista entre OKDIARIO y Pablo Casado. Una queja que no se le escuchó cuando en su bar apalearon a agentes de la Guardia Civil y sus novias. Cuando él aseguró que no vio nada.

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