Caspe, el pueblo de Zaragoza donde sólo 20 policías locales hacen frente a 3.700 ilegales y mafias de explotación
El municipio zaragozano de Caspe es una de mayores potencias hortofrutícolas en España, sobre todo, por la fruta con hueso, como el melocotón. Este tipo de explotaciones agrícolas atraen a más de 3.700 temporeros de golpe cada año a partir de la recolecta en primavera, convirtiéndose en un lugar atrayente en Aragón para las mafias de explotación laboral, debido a que gran parte de los trabajadores se encuentra en situación irregular. De ahí que tras el el anuncio de regulación extraordinaria del Gobierno de Pedro Sánchez, Caspe está en el foco nacional por el impacto que podría tener este decreto en una localidad donde más del 30% de la población es inmigrante, aumentando el censo poblacional en más de 10.400 habitantes en total, sin que se haya nivelado con mayor presencia policial ni de servicios. "Se dice que aquí están representadas la mitad de las nacionalidades del mundo", explica un abogado de la localidad, experto en asuntos de extranjería, con décadas de experiencia en inmigración en el municipio. Según datos del Centro de Estudios Comarcales de Caspe y Comarca (Cecbac), en Caspe conviven casi 60 nacionalidades, siendo la más común la marroquí, seguida de la paquistaní, la rumana y la senegalesa. Si bien, la convivencia a veces resulta un eufemismo, según denuncian algunos vecinos que ven cómo desde hace años se ha incrementado la conflictividad en la zona. "Las peleas entre ellos es frecuente y cada vez sufrimos más robos en nuestras fincas", señalan a OKDIARIO algunos residentes en la localidad. Para la época de la recolecta, es frecuente que Caspe cope los titulares de la prensa local sobre el desmantelamiento de mafias de explotación laboral donde inmigrantes –en su mayoría pakistaníes– abusan de inmigrantes con falsas promesas de trabajo digno en España. Las víctimas de estas mafias, alojados en infraviviendas con condiciones insalubres, son muchas de ellas son del Nepal, de donde proviene una comunidad cada vez más numerosa en este municipio hasta el punto que se celebró, hace sólo escaso un mes, el congreso de la Asociación Española de Nepal, para recibir asesoría sobre cómo regularizar su situación más de 400 nepalíes. El encuentro tuvo lugar en la Casa de las Culturas, cedida por el Ayuntamiento liderado por el PP en minoría. En Caspe, el PP gobierna en solitario después de romper con una formación local. Vox obtuvo un sólo concejal, lo que hace que de facto gobierne el PSOE y la CHA, al requerir de sus votos para sacar adelante cualquier iniciativa. La alcaldesa popular Ana Jarque ha exigido en reiteradas ocasiones al Ministerio de Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska, mayor presencia de la Guardia Civil ante la preocupación por mantener la seguridad en la zona. Sin embargo, la fuerza que Vox podría alcanzar en estas elecciones apunta a que sea mayor. Este jueves, el líder de la formación, Santiago Abascal, convocó a los medios de comunicación en plena ruta electoral por la "España abandonada", como califican a estos municipios rurales donde las fuerzas y cuerpos del Estado tienen dificultes para operar debido a la falta de medios. En Caspe, por ejemplo, cuentan con menos de una veintena de agentes de la Policía Local situación que ha llevado a varios jóvenes de la localidad a formar patrullas urbanas en los tiempos de recolecta para paliar la falta de efectivos y guardias civiles. Incluso Abascal se ha hecho eco de esta determinación vecinal, alertando que tras la regulación express la problemática se agravará por la delincuencia, los robos y okupaciones. "Los españoles tienen la sensación de que tienen ellos que buscar soluciones como sea. El problema es que esas soluciones significan que los españoles tienen que poner más dinero de su bolsillo o más tiempo. El tiempo que tenían que dedicar a estar con sus familias, a su trabajo o a sus aficiones, ahora tienen que dedicarlo a hacer patrullas vecinales", ha expresado este jueves desde la localidad, a donde han acudido numerosos simpatizantes hartos de sufrir los efectos de la inmigración masiva sin regulación ni controles. "Algunos de los temporeros cuando vienen, como no tienen casa, okupan", denuncia otro vecino resentido, participante en otras ocasiones de protestas multitudinarias en el pueblo
La localidad cuenta con menos de una veintena de agentes de Policía Local para vigilar a más de 10.400 habitantes

El municipio zaragozano de Caspe es una de mayores potencias hortofrutícolas en España, sobre todo, por la fruta con hueso, como el melocotón. Este tipo de explotaciones agrícolas atraen a más de 3.700 temporeros de golpe cada año a partir de la recolecta en primavera, convirtiéndose en un lugar atrayente en Aragón para las mafias de explotación laboral, debido a que gran parte de los trabajadores se encuentra en situación irregular.
De ahí que tras el el anuncio de regulación extraordinaria del Gobierno de Pedro Sánchez, Caspe está en el foco nacional por el impacto que podría tener este decreto en una localidad donde más del 30% de la población es inmigrante, aumentando el censo poblacional en más de 10.400 habitantes en total, sin que se haya nivelado con mayor presencia policial ni de servicios.
«Se dice que aquí están representadas la mitad de las nacionalidades del mundo», explica un abogado de la localidad, experto en asuntos de extranjería, con décadas de experiencia en inmigración en el municipio.
Según datos del Centro de Estudios Comarcales de Caspe y Comarca (Cecbac), en Caspe conviven casi 60 nacionalidades, siendo la más común la marroquí, seguida de la paquistaní, la rumana y la senegalesa. Si bien, la convivencia a veces resulta un eufemismo, según denuncian algunos vecinos que ven cómo desde hace años se ha incrementado la conflictividad en la zona. «Las peleas entre ellos es frecuente y cada vez sufrimos más robos en nuestras fincas», señalan a OKDIARIO algunos residentes en la localidad.
Para la época de la recolecta, es frecuente que Caspe cope los titulares de la prensa local sobre el desmantelamiento de mafias de explotación laboral donde inmigrantes –en su mayoría pakistaníes– abusan de inmigrantes con falsas promesas de trabajo digno en España.
Las víctimas de estas mafias, alojados en infraviviendas con condiciones insalubres, son muchas de ellas son del Nepal, de donde proviene una comunidad cada vez más numerosa en este municipio hasta el punto que se celebró, hace sólo escaso un mes, el congreso de la Asociación Española de Nepal, para recibir asesoría sobre cómo regularizar su situación más de 400 nepalíes.
El encuentro tuvo lugar en la Casa de las Culturas, cedida por el Ayuntamiento liderado por el PP en minoría. En Caspe, el PP gobierna en solitario después de romper con una formación local. Vox obtuvo un sólo concejal, lo que hace que de facto gobierne el PSOE y la CHA, al requerir de sus votos para sacar adelante cualquier iniciativa.
La alcaldesa popular Ana Jarque ha exigido en reiteradas ocasiones al Ministerio de Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska, mayor presencia de la Guardia Civil ante la preocupación por mantener la seguridad en la zona.
Sin embargo, la fuerza que Vox podría alcanzar en estas elecciones apunta a que sea mayor. Este jueves, el líder de la formación, Santiago Abascal, convocó a los medios de comunicación en plena ruta electoral por la «España abandonada», como califican a estos municipios rurales donde las fuerzas y cuerpos del Estado tienen dificultes para operar debido a la falta de medios.
En Caspe, por ejemplo, cuentan con menos de una veintena de agentes de la Policía Local situación que ha llevado a varios jóvenes de la localidad a formar patrullas urbanas en los tiempos de recolecta para paliar la falta de efectivos y guardias civiles. Incluso Abascal se ha hecho eco de esta determinación vecinal, alertando que tras la regulación express la problemática se agravará por la delincuencia, los robos y okupaciones.
«Los españoles tienen la sensación de que tienen ellos que buscar soluciones como sea. El problema es que esas soluciones significan que los españoles tienen que poner más dinero de su bolsillo o más tiempo. El tiempo que tenían que dedicar a estar con sus familias, a su trabajo o a sus aficiones, ahora tienen que dedicarlo a hacer patrullas vecinales», ha expresado este jueves desde la localidad, a donde han acudido numerosos simpatizantes hartos de sufrir los efectos de la inmigración masiva sin regulación ni controles.
«Algunos de los temporeros cuando vienen, como no tienen casa, okupan», denuncia otro vecino resentido, participante en otras ocasiones de protestas multitudinarias en el pueblo.