Los barones impondrán a Sánchez que deje de «marear la perdiz» con Podemos y facilite un gobierno ya

Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados antes de dejar el escaño (Foto: EFE)
Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados antes de dejar el escaño (Foto: EFE)

El reclamado Comité Federal del PSOE tiene ya un día en el horizonte: el 1 de octubre.

Por entonces, se dispondrá ya de los datos en las autonómicas de Galicia y el País Vasco, previsiblemente malos para el PSOE, según los sondeos, pero definitivos para diseñar la estrategia política.

Ese cónclave, sucesivamente postergado desde Ferraz, se plantea como una oportunidad para que el sector crítico, liderado por los barones de las principales federaciones, alce la voz contra la estrategia de pactos que Sánchez activó el pasado 2 de septiembre, en el pleno del Congreso.

La llamada del líder socialista a las “fuerzas del cambio” ha provocado un profundo desconcierto, en cuadros y líderes regionales, incluso entre los afines al secretario general.

Hasta el momento, en cambio, la respuesta ha sido más bien tibia para no perjudicar los intereses electorales en las autonómicas. Pero una vez pasado el 25-S, el partido volverá a abrir su caja de los truenos. Se espera que, esta vez sí, los barones exploten contra Sánchez, a quien exigirán que deje de “marear la perdiz”, en palabras de uno de estos dirigentes, y renuncie a aferrarse a una fórmula “imposible”, pactando con Podemos e incorporando además a ese acuerdo a Ciudadanos.

Los contrarios a esta maniobra-sobre la que existe la opinión casi unánime de que se trata de una mera táctica de Sánchez para ganar tiempo de cara a un inevitable proceso de renovación de la cúpula y unas posibles terceras elecciones- son mayoría en el Comité Federal, con lo que consideran que la presión se haría aún más insostenible para el líder socialista.

Sánchez anunció este lunes su intención de iniciar una ronda de contactos “exploratorios” con las distintas formaciones con representación parlamentaria, incluido el PP, y a excepción de Bildu. Un día después, abrió la agenda con una conversación telefónica, de apenas diez minutos, con Mariano Rajoy, que sirvió únicamente para constatar las profundas diferencias entre ambos.

El presidente en funciones insistió a Sánchez en que su única fórmula es un gobierno de coalición PP-PSOE y, en su caso, también con Ciudadanos, mientras que el socialista le reiteró su negativa a facilitarle la investidura. Unas horas después, con Iglesias, tampoco hubo acuerdo: mientras el líder socialista abogó por una solución con las fuerzas del cambio, el de Podemos apuesta por un acuerdo del PSOE y los nacionalistas.

Pocos son los que apuestan porque ese plan salga adelante, y mayoría los que lo ven como un desvarío hacia ninguna parte. Incluso el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, admitió este miércoles que sería «difícil no, dificilísimo» poder alcanzar alguna solución al atasco político, que no pase por la investidura del candidato del PP.

Desde el PSOE andaluz, la federación más potente de los socialistas, se recordó a Sánchez, poco después de conocida su idea de transitar de nuevo un acuerdo con Podemos y Ciudadanos, que ese pacto es «inviable». Para empezar, por los vetos mutuos que se prodigan ambas formaciones. Y también, por los evidentes rechazos que despierta el partido de Pablo Iglesias. El Comité Federal del 28 de diciembre vetó explícitamente los partidos que defiendan la independencia y las consultas, como es el caso de la formación emergente.

Reclamarán la abstención

Según los dirigentes consultados, el plan en ese Comité es reclamar un debate profundo sobre la postura en el bloqueo de gobierno para, finalmente, exigir de forma oficial a Sánchez una abstención que permita investir a Mariano Rajoy.

Por ahora, son pocos los que se han prodigado públicamente por esa abstención, aunque en privado crecen las voces que la reclaman. Se ha optado por la prudencia, por respetar los tiempos, primero de Rajoy y ahora de las autónomicas. Pero una vez pasados ambos escenarios, la situación se hará irreversible.

Rajoy no ha renunciado aún a su intención de ser investido, aunque eso sería, en todo caso, bien avanzado octubre, y una vez consumada también la política de alianzas tras el 25-S.

La opinión es unánime ante el hecho de que esos comicios abrirán un nuevo y trascendental escenario para abordar el bloqueo político nacional. En especial si el candidato del PNV, Íñigo Urkullu, precisa del apoyo de las “fuerzas constitucionalistas” para revalidar al frente del Gobierno autonómico. Pero también porque los malos resultados harán que Sánchez llegue al cónclave en una posición mermada frente a los críticos.

Todo sería más sencillo, se comparte en las distintas federaciones, si la comunicación con el líder socialista fuese fluida.

El último Comité Federal se convocó el 9 de julio, y de él salió un acuerdo no escrito para no facilitar la investidura de Rajoy. Pero desde entonces, hasta ahora, opinan, han cambiado las cosas. Los barones consideran que ante una investidura fallida consumada se exige abrir el debate sobre el camino a seguir, no solo para desbloquear el gobierno, sino para abordar el proyecto de “reconstrucción” del partido.

“El partido está sin perfil político y sobre todo sin proyecto, y la dirección no sabe tampoco aprovecharse de la aparente debilidad de Rajoy”, opina un dirigente regional.

Algunos críticos han acusado en los últimos días a Sánchez de silenciar las voces discordantes. El más explícito, en este sentido, ha sido el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, quien, este mismo lunes, reprochaba que desde la dirección se trate de “acallar” a los que discrepan.

“Antes en el PSOE cuando se discrepaba, al discrepante se le intentaba convencer, pero ahora parece que lo que se le quiere es acallar”, denunció en una entrevista en Onda Cero. El socialista extremeño censuró que “lo más grave de todo esto es que parece que se está imponiendo esa idea de que aquí nadie puede opinar de manera distinta a cual sea la línea mayoritaria“.

Entre los críticos cala incluso la idea de que Sánchez intenta en realidad forzar una repetición electoral, a la que no teme. De hecho, este sector denuncia que desde Ferraz se filtran encuestas “falseadas” que les dan hasta quince diputados más en caso de celebrarse unas nuevas elecciones. La mayoría discrepa: unos nuevos comicios sólo servirían para que el PP agrandase su distancia y para que el PSOE revalidase sus peores resultados históricos.

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