Máximos no vistos desde los 2000

La venta masiva de deuda apunta a un shock económico que Wall Street aún no ha descontado

La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ya supera la rentabilidad implícita de beneficios del S&P 500

Inflación, Bolsa, Siete Magníficos
Trabajadores caminan en frente de la Bolsa de Nueva York (Getty)
  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en [email protected]

El rendimiento de los bonos ha tocado máximos de los últimos años, tanto en Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Francia. La venta masiva de deuda refleja que se está empezando a descontar un escenario mucho más complicado que el que por ahora reflejan las bolsas.

El petróleo, el conflicto con Irán, el aumento del gasto público, la deuda creciente y la enorme inversión asociada a la inteligencia artificial están elevando las necesidades de financiación y las expectativas de inflación. 

Mientras la bolsa sigue celebrando el crecimiento impulsado por la IA, la renta fija empieza a cuestionar si este entorno de dinero barato puede mantenerse mucho más tiempo. 

El mensaje detrás de esta tormenta de ventas es que no se está haciendo lo suficiente para luchar contra la inflación y que los bancos centrales se están quedando por detrás de la curva.

La renta fija se adelanta a la bolsa

El mercado de bonos no sólo está reaccionando al petróleo o a Oriente Medio. También empieza a preguntarse cuánto tiempo podrán los gobiernos seguir aumentando deuda, si la Reserva Federal llegará tarde otra vez y qué ocurrirá si el crecimiento impulsado por la inteligencia artificial choca con unos costes de financiación cada vez mayores.

La advertencia no parece ser una recesión inmediata, más bien que el próximo problema podría no ser el crecimiento, sino el coste de financiarlo.

En este contexto, los gobiernos de todo el mundo continúan prometiendo más gasto o menores impuestos en un entorno donde la deuda pública ya se encuentra en niveles máximos.

Un mayor gasto implica más emisión de deuda, y los inversores empiezan a exigir mayores rentabilidades para asumir ese riesgo.

Hasta ahora, la rentabilidad generada por las inversiones en IA es muy superior al coste de financiación, pero si el rendimiento de los bonos sigue subiendo, y los spread empiezan a ampliarse, las bolsas sufrirán.

Los bonos como referencia de crisis

Cuando los rendimientos suben tan drásticamente en tan poco tiempo, las condiciones financieras se endurecen casi de inmediato con tasas hipotecarias elevadas y los costos de endeudamiento corporativo en aumento. 

Además, esto da como resultado un encarecimiento de la refinanciación. Con modelos de valoración menos permisivos y un menor interés en pagar múltiplos extremos por acciones de crecimiento especulativas que han estado descontando un futuro casi perfecto.

En cifras, la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ya
supera la rentabilidad implícita de beneficios del S&P 500
 en niveles que no se observaban desde el estallido de la burbuja tecnológica de comienzos de los años 2000.

La historia se repite

Lo más alarmante en los mercados es que Estados Unidos acaba de colocar deuda a 30 años con rentabilidades superiores al 5%, niveles no vistos desde 2007 y que tienen similitudes con lo sucedido entonces, aunque con distintas condiciones. Al igual que hace casi diez años, el precio del petróleo se ha disparado.

Como también las dudas sobre el sistema financiero ahora representado en el crédito privado, los bonos en auge, y los bancos centrales, moviendo ficha. Entre ellos, destacó en verano la subida de tipos del BCE, algo similar a lo que puede ocurrir este año.

La gran advertencia del mercado es que quizá la Fed ahora ya no esté liderando las condiciones financieras y podría ser el mercado de bonos quien esté tomando el control.

«Sin embargo, las empresas actuales que lideran el rally de la bolsa, ganan dinero de verdad, no futuras promesas, mientras que el sistema financiero está mucho más regulado, y más seguro que por aquel entonces», señalan desde XTB. 

La economía sigue evolucionando de manera extraordinaria y los resultados corporativos han sido los mejores de la historia. La cuestión ahora es si se puede mantener una bolsa en máximos históricos mientras la renta fija refleja un miedo latente.

Bonos por encima de las acciones

La inteligencia artificial está generando un crecimiento de beneficios muy fuerte, especialmente en tecnología y semiconductores, y eso está sosteniendo las bolsas. El problema es que esa divergencia no suele durar para siempre.

Si los bonos siguen subiendo y ofrecen rentabilidades cercanas o superiores al 5%, vuelven a competir directamente con las acciones y aumentan los costes de financiación.

“La pregunta ya no es únicamente si Nvidia seguirá creciendo, sino quién financiará toda la infraestructura que necesita la IA en un entorno de dinero mucho más caro”, añade Manuel Pinto, analista de XTB.

El movimiento no se limita solo a EEUU y el índice Bloomberg Global Aggregate, que mide los rendimientos de los bonos gubernamentales y corporativos, ha borrado todas las ganancias obtenidas en 2026 tras la oleada de ventas a nivel global.

En este sentido, los rendimientos de los bonos del Tesoro británico a 10 años aumentaron otros 15 puntos básicos, mientras los inversores seguían asimilando la inestabilidad fiscal y política en el extranjero, y el rendimiento de los bonos japoneses a 2 años se disparó hasta 19 puntos básicos antes de moderarse ligeramente.

Mercado de bonos en Japón

El gobierno de Japón estudia un nuevo presupuesto adicional para compensar el impacto del petróleo sobre gasolina y facturas energéticas, justo cuando el país ya mantiene una de las mayores ratios de deuda pública del mundo.

El mercado teme que un mayor gasto implique todavía más emisión de deuda en un momento especialmente delicado. Además, las rentabilidades japonesas ya se encuentran en niveles no vistos desde hace décadas.

Algunos analistas empiezan a cuestionar hasta dónde puede seguir aumentando el endeudamiento sin provocar tensiones adicionales sobre el yen y la inflación.

Todo ello, coloca al Banco de Japón en una posición incómoda. Subir tipos ayudaría a frenar la inflación, pero también elevaría el coste de financiar una deuda gigantesca.

Para los expertos, Japón podría convertirse en uno de los grandes laboratorios del nuevo régimen económico con más Inflación, más deuda y menos margen para los bancos centrales.

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