Vandoorne no pudo dar ni una vuelta por la tarde

La razón por la que se arruinó el día 2 de McLaren en Barcelona

Stoffel Vandoorne rodando con el McLaren MCL33
Stoffel Vandoorne rodando con el McLaren MCL33

El presente de McLaren en los test se traduce en un trastorno bipolar de situaciones. La incomodidad de los fallos mecánicos se contrapone a un MCL33 que, con el trasplante de corazón, parece volver a encontrar la velocidad perdida en el motor Honda. En el día 2 de test volvieron a hacer gala de su personalidad más esquizofrénica: tercer mejor tiempo por la mañana; ni una sola vuelta por la tarde.

La razón por la que Vandoorne pudo echarse la siesta en el box fue la de un problema en el escape. Cuatro horas con el coche desmontado, teñido de una mentira de los británicos, que hablaban de cambio de reglajes. Se descubrió el pastel horas más tarde: el problema era en el anclaje del escape. Se soltó, soplando constantemente aire caliente sobre el cableado del MCL33.

Un problema mínimo, casi detallista, que se convirtió en una rozadura del pie: era mejor no volver al campo a jugar. Es el segundo contratiempo de los británico en dos días: primero fue la tuerca de Alonso. En el tercer día de test también pintan bastos para McLaren: nieva, y todo lo que sea salir a pista es una temeridad.

Encontrando un resquicio al que agarrarse, tanto Vandoorne como Fernando Alonso hablan de un coche estable, con buen manejo y potencia en el motor. Y sólo les ha bastado un día. A pesar del pequeño gafe que revolotea por el papaya, la sensación en McLaren es de un equipo muy distinto al que formaba asociación con Honda. Sonríen. Ahora sólo falta volver a ser rápidos.

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