MUNDIAL 2018: ESPAÑA 3-0 ITALIA

Isco lía la Mundial

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Isco y Sergio Ramos celebran el 1-0 ante Italia. (Getty)

Un Isco memorable, monstruoso, arrollador, inspiradísimo, genial y desatado puso a España camino del Mundial de Rusia. Su colosal actuación en el Bernabéu se recordará durante décadas. Hizo un doblete, esquivó a más italianos que una rubia en Formentera e hizo del centro del campo el patio de su casa. Frotó la lámpara, metió la mano en el sombrero y empezó a sacar conejos en forma de fintas, regates, caños y pases imposibles. Hacía años que no se veía a un jugador hacerlo todo entre la perfección y la estética. Fue un Isco mayúsculo, enorme, gigantesco, que se gustó en todas las zonas del campo. Ningún adjetivo hace justicia a su tremendo partido.

Jugaba Asensio. Faltaría más. Asensio y diez más. Lopetegui no tuvo arrestos para sentar a Iniesta, así que se cargó al nueve y así le cabían todos: Koke, Isco, Silva, Iniesta… y por supuesto, Asensio. Ni Morata, ni Villa, ni Iago Aspas. Es lo que tiene querer meter con calzador al hombre que marcó el gol del Mundial, pero aquel era otro Iniesta.

Bueno, repasamos: De Gea de portero; Carvajal, Piqué, Ramos y Jordi Alba en defensa; Busquets, Koke, Iniesta en el medio; Asensio, Isco y Silva arriba. Pocos centímetros de mediocampo por arriba, pero talento por arrobas.

Mandó España desde el principio como una madre que manda a sus hijos comerse la verdura. Pero los italianos son hijos desobedientes y no estaban dispuestos a portarse bien en el Bernabéu. En el 3 Verratti se llevó una amarilla por una cornada a Busquets, que se rebozó por el césped como si le hubieran disparado.

Y en el 7 La Roja tuvo su primera ocasión. Koke aguantó un buen balón en la frontal y recibió falta. El Bernabéu coreó el nombre de Asensio, pero Sergio Ramos impuso sus galones y se la pidió como en el cole. La falta era peligrosísima y el disparo de capitán se marchó alto por encima de la meta de Buffon.

Asensio desborda, Isco decide

España siguió a lo suyo. Dominar, tenerla y buscar los desmarques de Isco y Asensio. Iniesta parecía diez años más joven que en el Barça, quizá porque los jugadores del Madrid le rejuvenecen. En el minuto 12 Bonucci se llevó por delante a Asensio y vio la amarilla cuando el mallorquín ya enfilaba hacia Buffon. Era naranja pero vio amarilla.

La falta era peligrosísima, cerquita de la frontal. Esta vez se la pidió Isco. Su toque fue sutil y su tiro no iba ni muy fuerte ni muy colocado, pero Buffon, a sus 40 años, ya no tiene ni la potencia de piernas ni la agilidad de una década atrás, así que se tiró tarde y mal y no pudo parar el lanzamiento del malagueño. España se ponía por delante en el minuto 13. Para que digan de gafes.

El gol picó a los italianos, que se vinieron (un poco) arriba. En el 21 un memorable paradón de David De Gea –qué pena para todos, empezando para él, que no esté en el Madrid– evitó el 1-1 después de un cabezazo a bocajarro de Belotti. Respondió España con un centro medido de Koke desde la derecha que cabeceó Piqué arriba cuando estaba solito. ¿Cómo hubiera reaccionado el Bernabéu si llega a marcar el anticristo?

La Roja retomó los mandos del partido con un dominador Koke, un inspirado Iniesta y unos omnipresentes Asensio e Isco. En el 36 avisó Carvajal con un tiro cruzado dentro del área y tres minutos después el malagueño volvió a frotar la lámpara. Isco hizo del área de Italia el patio de su casa, que es particular, sentó a dos defensas italianos y puso con la zurda un tiro raso y cruzado que se coló tras tocar el poste izquierdo de Buffon. El meta italiano (esta vez sí) se tiró bien, pero el disparo de Isco era imparable. El malagueño ponía a España mirando a Moscú.

Aprieta Italia, gobierna Isco

Al descanso La Roja tenía medio billete al Mundial reservado como quien pilla un vuelo por Internet, pero Italia no iba a rendirse. Pero España tiene a De Gea, que es un portero con toda la barba. El meta volvió a salvar a la selección al sacar un disparo seco de Insigne en el 48. Luego el peleón Belotti –atentos a este chico– volvió a meter fichas al gol de cabeza, pero el gol le hizo la cobra.

Respondió Asensio con un disparo envenenado en el 55 que susurró al poste de Buffón. Agua también. España, minuto a minuto, volvía a hacer un rondo gigante con la pelota. Los italianos perseguían sombras y los españoles coleccionaban toques como Pedro Sánchez colecciona elecciones perdidas. Isco seguía bailando un tango con todos los centrocampistas italianos. Lo suyo ya no era un clinic, era una exhibición monstruosa, poderoso y sobrado como John Nieve ensartando caminantes blancos.

En el 71 (por fin) Lopetegui se atrevía a sacar del campo a Iniesta –ovacionadísimo en el Bernabéu– para jugar con un nueve. Entraba Morata, recibido con algún pito, pero con más aplausos. Y mientras Isco seguía gobernando el partido y adornándose en cada jugada, Morata hizo el tercero después de una pared con Sergio Ramos, que remontó la banda como en sus tiempos de lateral y asistió a su ex compañero para sentenciar el duelo… y el pase al Mundial.

En el 77 Saúl entró por Asensio. En su bautizo como internacional absoluto de titular, el mallorquín había cumplido con creces. El Bernabéu se divertía y pidió a coro que saliera Villa, porque al público siempre le gustan los viejos héroes. Lopetegui le metió en el 88 y sentó a Isco. El Bernabéu se vino abajo. La ovación se escuchó en Saturno. Se la merecía, porque su partidazo ya es historia de la selección española de fútbol. Un partido sublime, emocionante, PERFECTO.

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