Champions League 2018-2019: CSKA Moscú – Real Madrid

Sin pegada no hay Champions

Sin pegada no hay Champions

A este Madrid le falta pegada y sin pegada no hay Champions. Con bajas y con rotaciones, el Real Madrid fue incapaz de hacerle un gol al CSKA de Moscú, un equipo mediocre en el mejor de los casos, a pesar de que acumuló tres palos. Pero un palo no es un gol. Lopetegui, que ya conoce la derrota en todas las competiciones, fue incapaz de dar con la tecla y sus futbolistas se vieron impotentes para marcar un gol. Un calco de lo que le ocurrió aquí mismo a la selección española en el Mundial.

Quizá porque estaba en Moscú y para evitar coger frío en el melón, Lopetegui se lio la manta a la cabeza y plagó de cambios su once titular. A la portería volvía Keylor, que será el telonero de Courtois hasta que llegue la parte molona de la Champions. Con el grupo que tiene el Real Madrid, de portero puede jugar Keylor o Quim Torra con gafas y barretina.

La defensa estaba más retocada que el rostro de la mujer de Donald Trump. La actual, digo. Carvajal era el lateral derecho, Nacho –que cambia más de sitio que Jesé de colegio– y Varane ocupaban el centro de la defensa, mientras que Reguilón debutaba como lateral izquierdo. No me digan que la defensa no les sonaba un pelín rara. Por delante, descanso para Modric, que anda más tieso que una barra de pan del mes de agosto, y presencia para Ceballos junto a los intocables Casemiro y Kroos. Arriba Lucas Vázquez tenía (por fin) la oportunidad de ser titular. Junto a él, los intocables Asensio y Benzema. Y eso que Karim está empezando a cabrear otra vez al personal.

Ni dos minutos tardó el Real Madrid en pegarse un tiro en el pie. Fue una asistencia estúpida e innecesaria de Toni Kroos, que se marcó una media volea que se la puso a huevo a Vlasic. Lentos (pero inocentes) estuvieron Varane en el cruce y Keylor en su estirada. Conclusión: gol del CSKA, así en frío y tal. Muy bonito todo, sí, sobre todo para un Lopetegui que no sabe lo que es que su equipo empiece ganando un partido fuera de casa.

Kroos se pega un tiro en el pie

El sopapo espoleó al Real Madrid, que decidió comparecer con retraso en Moscú. Dominaba ante un CSKA que replegaba pero no demasiado. Los rusos seguían dando algún sustito que otro a balón parado e incluso se permitían el lujo de presionar la salida de balón de los de Lopetegui, que buscaban en vano a Sergio Ramos como quien se busca un mechero en los bolsillos.

Poco a poco fue poniendo cerco el Real Madrid al área del viejo Akinfeev. Sin remates claros, eso sí. El primero fue un tiro lejanísimo de Casemiro en el 27. La mala suerte y el palo se cruzaron en el camino del brasileño, que rozó la igualada. A tesón nadie les gana a los blancos, pero a incapacidad para crear ocasiones y –lo que es peor– para resolverlas, tampoco.

El dominio del Real Madrid empezó a ser abusivo como las cláusulas suelo y tedioso como la tesis por encargo de Pedro Sánchez. Otra vez la tuvo en el 39 el equipo blanco, pero la pena es que el gol cayó en la cabeza de Benzema, que la envió directa al travesaño. Parecía cuestión de tiempo que llegara el tanto de los blancos, pero tiempo era lo que quedaba más bien poco antes del descanso. Y se cumplió con el 1-0 para el CSKA y con un cambio postrero: Odriozola por Carvajal, que sufría la primera de sus lesiones de cada temporada.

Dominio sin talento

Al inicio de la segunda mitad Lopetegui, ya visiblemente nervioso, ponía a calentar a Modric. El plan del partido había variado poco. Dominaba el Real Madrid, replegaba el CSKA como los mossos ante los indepes. Asensio dio una prueba de vida en Moscú con un tirazo que repelió como pudo Akinfeev.

No daban con la tecla y Julen fue con todo a falta de media hora larga: Modric y Mariano por Casemiro y Lucas Vázquez. El Real Madrid pasaba a jugar con un rombo en el centro del campo (Kroos-Ceballos-Modric-Asensio) y con Benzema y Mariano arriba. Veríamos. Era mala señal que a los blancos les estuviesen entrando todas las prisas de golpe como a los malos estudiantes.

El Madrid atacaba como en el patio del colegio. Todos por el centro, todos a empellones, todos a chocar contra el CSKA. Era un partido insoportable. La buena noticia para los espectadores era que sólo quedaban 23 minutos. La mala para el Madrid, que sólo quedaban 23 minutos.

Tres palos, cero goles

Era un dominio infructuoso, de partido de balonmano, de España-Rusia del Mundial. Pura impotencia. El duelo se empezó a hacer pastoso. Era como si llevaran jugando desde que John Nieve no era ni guardia de la noche. Estábamos, con todo, en el 78.

El Real Madrid lo intentó hasta el final, pero como si nada. Incluso Mariano pudo marcar con un cabezazo postrero que se estrelló contra el palo. Sin talento y sin pegada no hay forma ni de ganar un partido ni de, y eso es más preocupante, ganar la Champions. Al final, los blancos cayeron en Moscú y Lopetegui ya sabe lo que es perder en todas las competiciones: en Supercopa de Europa, en Liga y en Champions. Mal asunto.

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