El Atlético le da al Tottenham un manotazo de Champions
Los rojiblancos ponen pie y medio en cuartos de final de Champions tras 20 minutos de locura
Aprovecharon la nebulosa del Tottenham para castigar sus errores
El portero Kinsky, que debutaba en Europa, fue sustituido a los 16 minutos de juego
Cuando la grada afina los acordes de la garganta, el Atlético es rock and roll. Siempre ha pasado. Ocurría en el caduco Calderón y sucede ahora en el renovado Metropolitano. Y cuando se produce esa simbiosis, no hay quien lo pare. No pudo el líder de la Liga, el Barcelona, menos aún iba a poder el 16º de Inglaterra. El Tottenham se hundió y se vio superado por el marco de su delicada situación deportiva y el escenario, un Metropolitano inflamable donde los haya. De ahí se fueron goleados Real Madrid, Barcelona… Y ahora el Tottenham (5-2) fue el que recibió el manotazo tras hacerse el harakiri con tres errores garrafales y dos tantos más.
Hubo muchos líderes de un fútbol que encendió a la grada y achanta a cualquiera. Pedro Porro avisó. «Les he dicho a mis compañeros que es un estado difícil», dijo en la previa. Vaya si lo era. Que le pregunten al joven Kinsky. Jamás olvidaré su debut continental. Solo duró 16 minutos, pero qué 16 minutos. Cayeron como una losa sobre su espalda. Regaló dos goles al Atlético en apenas un cuarto de hora y su entrenador, ya con el harakiri hecho, dijo ‘hasta aquí’. Cambió de portero. A grandes males, grandes remedios.
Las noches de Champions siempre son especiales en el Metropolitano. Van cargadas de convicciones y fe, pese a que la competición les ha dado más de cal que de arena. Varias más cruces que caras, tal vez sea esa esquiva victoria la que enciende tanto a los rojiblancos, que convierten su estadio en una caldera cuando suenan los acordes del himno. Con mayor vigor este martes, la ocasión lo merecía. El Metropolitano fue ambiental y cuando eso sucede, las piernas colchoneras corren solas.
El gallo que se posa sobre un balón en el escudo de los Spurs acabó desplumado en veinte minutos fatídicos para el Tottenham en general y Kinsky en particular. En el primer gol le regaló el balón a un Lookman que cedió los honores a Llorente. Y pocos minutos después volvió a hacerse un lío. No acertó a despejar el balón y Julián Álvarez marcó a placer. Claro que, Kinsky no anduvo solo en esto de las confusiones. Entre medias contó con la colaboración de Van de Ven, que tampoco caminó corto a la hora de dar facilidades. Su regalo lo desenvolvió Griezmann.
La situación, anómala donde las haya, reflejó dos reflexiones. La primera, tangible, que Kinsky estaba superado por las circunstancias y no podía seguir. La segunda, que la naturaleza del actual formato de la Champions es injusto. Solo así se explica que un equipo con las carencias del Tottenham quedara cuarto en la Fase Liga. Su paso por el Metropolitano en octavos responde a los caprichos del azar que le encasillaron con un calendario asequible. Su hoja de ruta les había enfrentado a Bodo/Glimt, Mónaco, Slavia de Praga, Copenhague, Frankfurt…
Volviendo a lo del Metropolitano. El Atlético se lanzó a por el Tottenham al verlo en el suelo como si fuera una pelea de UFC y el luchador estuviera en la lona. Se fue Kinsky y también cayó Vicario a la salida de una falta, castigado por Le Normand. Hubo ocasiones para que la brecha fuera mayor, pero en medio del agobio, los ingleses encontraron algo de oxígeno a través de Pedro Porro, que culminó un gran contragolpe.
El resultado dejó otra anomalía, con 4-1, el Tottenham se volvió más peligroso por aquello de ir a tumba abierta al tener todo perdido. El Cuti Romero se topó con el palo y Richarlison con Oblak. Precisamente el rechazo al disparo del brasileño cayó en los pies de Julián que corrió y corrió sin oposición hasta batir a Vicario. Del 4-2 al 5-1. Cosas del fútbol. Oblak tuvo algo de envidia del exiliado Kinsky y regaló también un gol. ¿Por qué no? Solanke anotó y ya no se movió nada más. Manotazo del Atlético. De esos que duelen, de esos que suenan a rock and roll en el Metropolitano.