El Aston Villa toca la gloria en la Europa League por orden de Unai Emery
Los de Birmingham pasan por encima del Friburgo con goles de Tielemans, Buendía y Rogers
Supone la quinta Europa League para Unai Emery que solo ha perdido una final
De pronto, Estambul fue Birmingham y el Besiktas Park la Garrison Tavern sobre la que se reunieron los Peaky Blinders del Aston Villa. Todos a una. Todos por orden de Unai Emery, el Thomas Shelby de la Europa League. Él señaló el camino y sus jugadores lo recorrieron con Tielemans, Emiliano Buendía y Morgan Rogers como goleadores. Rindieron (3-0) al Friburgo, al que le quedó algo grande la final, y devolvieron la gloria europea a los de Birmingham 44 años después de ganar la Champions League en 1982. El Aston Villa conquista la Europa League. Todo por orden de Unai Emery.
Es posarse en una final de Europa League y no fallar. Logra Unai Emery su quinto título en su sexta final. Solo se le escapó la de 2019 con el Arsenal. Las otras cinco, con Sevilla en 2014, 2015 y 2016; Villarreal en 2021 y Aston Villa en 2026; cayeron de su lado. «No soy el rey de esta competición», decía en la víspera a la final. Entonces… ¿Quién lo será? Para cuando el Friburgo quiso darse cuenta de que lo que estaba en juego era una final; el Aston Villa ya había entrado en ritmo.
Algo más de media hora tardó en engrasar el equipo de Emery. Tuvo hasta ese momento el Friburgo, que salió de inicio con los mismos que remontaron la semifinal ante el Braga. Emery tampoco tocó el once que venía de tumbar al Nottingham Forest. No es el Aston Villa un equipo especialmente armonioso de ver, pero sí tremendamente práctico. No existe nada más peligroso que un club convencido de sus ideas, y los de Emery lo son. Capaces de adaptarse a los momentos mientras esperan el suyo.
El Friburgo, más amigo del dinamismo, trató de soltar sus nervios iniciales a través de la posesión. Pero no sucedía del todo porque lo que ganaban arriba lo perdían abajo. Como cuando una manta te tapa la cabeza, pero no alcanza a los pies. No da para todo. Incisión en la delantera y algunos pases erráticos en defensa. El Aston Villa permanecía agazapado, como quien sabe que pasará su presa despistada. El cuándo fue el tramo final de la primera parte y cómo a través del laboratorio.
La multitud se agolpó en el área pequeña del portero y Tielemans, libre de marca en la media luna, voleó un balón preciso de Rogers. Gol de esos que se apellidan -azo. Golazo. Se picó Emiliano Buendía, que lo vio y decidió replicar. Se buscó el espacio y la puso en la escuadra. Imposibles para Atubolu, portero de gran proyección. Todo había sucedido en cinco minutos finales. Todo lo que pretendía el Friburgo se quedó en eso, en voluntades. Como cuando los Lee se personaban en la Garrison Tavern.
El segundo acto siguió un guion idéntico. Con el Aston Villa, más equipo y con más experiencia, haciendo daño de la sangre olida. Morgan Rogers, que había asistido, y Buendía, que había marcado, se intercambiaron los papeles. Centró el segundo y anotó el primero. Tres bofetones al mentón de un Friburgo que cayó a la lona y no se levantó. La media hora restante fue un quiero y no puedo del conjunto alemán, que se va como un honroso subcampeón. La historia recordará a los Blinders del Aston Villa por orden de Unai Emery.