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Honda preocupación entre los mariscadores: una toxina diarreica obliga a cerrar el 97% de todas las bateas de mejillones en Galicia

mejillones, Galicia, bateas
Recreación de bateas de mejillones en una ría de Galicia.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La industria del mejillón supone uno de los motores económicos más importantes de Galicia, pero ahora hay miedo en el sector porque una toxina diarreica ha obligado a cerrar el 97% de todas las bateas de la comunidad.

Este episodio trae consecuencias no sólo en el ecosistema y la cadena trófica de las rías, sino también un gran impacto económico que paraliza a miles de familias de forma directa e inmediata.

El Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino de Galicia, el Intecmar, ha decretado el cierre de prácticamente todos los polígonos de bateas. Solo permanecen abiertos dos: Sada 1 y Sada 2, en la ría coruñesa. En total, de las más de 3.000 bateas que componen el parque gallego, únicamente 105 siguen operativas.

Cuál es la toxina diarreica que obliga a cerrar el 97% de todas las bateas de mejillones en Galicia

El origen del problema está en la proliferación de la microalga Dinophysis acuminata, un organismo microscópico que genera toxinas lipofílicas conocidas como DSP, por sus siglas en inglés. Los mejillones, almejas y berberechos son organismos filtradores que se alimentan del fitoplancton presente en el agua y acumulan la toxina en sus tejidos grasos sin enfermar ni sufrir alteración física alguna.

El problema es que esa toxina es invisible. Los moluscos contaminados no cambian de color, olor ni sabor, por lo que el consumidor no puede detectarla a simple vista. A ello se añade que la toxina diarreica es termoestable: ni la cocción, ni el vapor, ni la congelación la eliminan. Los controles del Intecmar son la única barrera entre el producto contaminado y el mercado.

El incremento de células de Dinophysis comenzó a detectarse a mediados de abril y semana tras semana fue aumentando hasta forzar el cierre progresivo de todos los polígonos. Si una persona consume marisco contaminado que no ha pasado los controles, los síntomas aparecen entre 30 minutos y pocas horas después: diarrea intensa, vómitos, cólicos abdominales y náuseas.

El cuadro no suele ser mortal y remite en tres o cuatro días, pero la normativa sanitaria obliga a cerrar de inmediato las zonas afectadas.

El sector lleva tres años seguidos atravesando una situación crítica. En 2025, la producción de mejillón en Galicia cayó hasta las 177.638 toneladas, la cifra más baja del siglo XXI, con una facturación de 124,12 millones de euros.

A la crisis por toxinas se suma la escasez de mejilla, la semilla de mejillón que se recoge en el litoral para sembrar las bateas. La Junta ha prorrogado la campaña extractiva hasta el 31 de mayo para intentar garantizar el abastecimiento.

Cuáles son las consecuencias del cierre de las bateas de mejillón en Galicia

El cierre golpea a toda la cadena: bateeiros, depuradoras, transportistas, comercializadoras, cocederos y la industria conservera. El 77% del mejillón gallego se comercializa en fresco, lo que significa que cada jornada sin extracción supone pérdidas directas e inmediatas para los productores.

Las conserveras, al no poder abastecerse de mejillón local, deben recurrir a la importación o detener sus líneas de producción. El marisqueo a pie también sufre el impacto, pues la toxina ha alcanzado los bancos marisqueros de playa, lo que impide a los recolectores extraer almejas y berberechos y corta el sustento diario de miles de familias.

En el ecosistema, el daño no es permanente pero sí significativo. Los depredadores naturales de las rías que se alimentan de bivalvos ingieren la toxina y la propagan por la fauna marina local.

Cuando la marea roja termina, miles de millones de microalgas mueren simultáneamente y su descomposición consume oxígeno en el agua, lo que puede provocar episodios locales de anoxia.

La recuperación llega cuando cambian las corrientes y entra agua limpia del Atlántico. El Intecmar realiza análisis cada 48 horas y los polígonos irán reabriendo de forma progresiva en cuanto se encadenen dos resultados consecutivos limpios.

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