Reflexión

René Descartes, filósofo francés del Siglo XVII, sobre la felicidad: «A menudo una falsa alegría vale más que una tristeza cuya causa es verdadera»

Imagen del filósofo francés René Descartes. Foto: Wikimedia Commons - CC BY-SA 2.5
Imagen del filósofo francés René Descartes. Foto: Wikimedia Commons - CC BY-SA 2.5
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

René Descartes dejó escrita su reflexión sobre la alegría y la tristeza en Las pasiones del alma (Les passions de l’âme, en el original escrito en francés). En ese último libro que publicó en vida, en 1649, el filósofo francés se dedicó a explicar las emociones humanas.

La idea aparece en el artículo 142 de la obra, dentro de un razonamiento sobre qué pasiones conviene cultivar ante la duda. Allí, Descartes compara la alegría apoyada en una creencia equivocada con el pesar que nace de hechos reales, y se queda con la primera.

¿Por qué prefería René Descartes una falsa alegría a una tristeza verdadera?

Según la edición del tratado que publica Early Modern Texts, Descartes parte de una premisa en el artículo 142. El odio y la tristeza deben rechazarse incluso cuando nacen de un conocimiento verdadero, y con más razón cuando surgen de una opinión falsa. La duda llega con las pasiones contrarias, el amor y la alegría.

Para el filósofo francés, la alegría que descansa sobre una base errónea es menos segura que la que tiene un buen fundamento. Aun así, la considera preferible a cualquier tristeza con un fundamento igual de malo. En la vida cotidiana, donde nadie puede evitar el riesgo de equivocarse, conviene inclinarse hacia las pasiones que tienden al bien.

De ese razonamiento surge la conclusión de René Descartes de que «a menudo una falsa alegría vale más que una tristeza cuya causa es verdadera». La comparación vale para las pasiones consideradas en sí mismas, es decir, por el efecto que producen en el alma.

Para Descartes, la felicidad también es una forma de alegría. Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, en una carta de 1645 a la princesa Isabel de Bohemia definió la dicha como el contentamiento del espíritu que llega con la posesión del bien supremo. La enciclopedia describe ese contento como «una alegría medida y seria, pero por eso mismo más profunda y estable».

El límite de René Descartes a la alegría sin fundamento

En el mismo artículo, Descartes aclara que no se atrevería a decir lo mismo del amor frente al odio. Un odio justificado solo aleja de algo que contiene un mal. En cambio, un amor sin fundamento une a cosas que pueden resultar dañinas o que merecen menos consideración de la que reciben.

En el artículo 143, el razonamiento cambia cuando las pasiones influyen en el deseo y en la conducta. En ese terreno, las pasiones con una causa falsa pueden resultar dañinas, mientras que las que tienen una causa justa pueden ser útiles.

Por eso, en la acción, una alegría mal fundada suele hacer más daño que una tristeza igual de infundada. Según Descartes, la tristeza produce contención y ansiedad, y de algún modo conduce a la prudencia. La alegría, en cambio, vuelve temerarios e imprudentes a quienes se dejan llevar por ella.

¿Quién fue René Descartes?

René Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye, en la región francesa de Turena. Estudió en el colegio jesuita de La Flèche y en 1616 se licenció en Derecho en Poitiers.

En 1628 se instaló en los Países Bajos. Allí publicó el Discurso del método en 1637, las Meditaciones metafísicas en 1641 y los Principios de la filosofía en 1644. A mediados de esa década, sus cartas con la princesa Isabel de Bohemia pasaron de la metafísica a las emociones, el tema de su último tratado.

En 1649, Descartes aceptó la invitación de la reina Cristina de Suecia para unirse a su corte. Allí redactó a petición suya los estatutos de una academia real y enfermó el día que los entregó. Murió poco después, el 11 de febrero de 1650.

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