Personalidad

La psicología demuestra que las personas que tienen un jardín en casa no es por afición: consiguen mayores niveles de felicidad

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Un hombre mayor riega las plantas de su balcón.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La felicidad no es un punto de llegada, sino un estado que las personas persiguen en su día a día a través de pequeños hábitos y rutinas. Sentirse feliz y relajado es uno de los objetivos más comunes cuando se busca mejorar la calidad de vida, y la ciencia lleva años tratando de identificar qué actividades cotidianas ayudan realmente a conseguirlo. Ahora, un estudio apunta a una de ellas: tener un jardín en casa.

Un equipo de la Universidad de Minnesota ha confirmado que cultivar un jardín en casa eleva los niveles de felicidad de quienes lo practican, con una intensidad similar a la de caminar o montar en bicicleta. Los investigadores Graham Ambrose, Kirti Das, Yingling Fan y Anu Ramaswami firman el estudio, publicado en la revista Landscape and Urban Planning, que analiza el bienestar emocional de 370 residentes del área metropolitana de Mineápolis y Saint Paul, en Estados Unidos.

Los expertos utilizaron una aplicación móvil llamada Daynamica para registrar durante una semana las emociones de los participantes mientras realizaban distintas actividades cotidianas. De los 370 encuestados, 118 declararon dedicar parte de su tiempo a la jardinería doméstica, una cifra que los investigadores compararon con el resto de actividades del día a día para medir su impacto real en el estado de ánimo.

Qué revela el estudio sobre el jardín y la felicidad

Los datos sitúan la jardinería entre las cinco actividades con mayor puntuación de bienestar emocional de las 15 analizadas, junto a caminar, montar en bicicleta y comer fuera de casa. Los participantes puntuaron su nivel de felicidad, sentido de propósito y estado de ánimo tras cada actividad registrada en la aplicación, y la jardinería obtuvo resultados estadísticamente similares a los del ejercicio físico moderado.

El estudio distingue además entre quienes cultivan hortalizas y quienes se dedican a plantas ornamentales. Los primeros registraron una puntuación de bienestar 0,75 puntos superior a la de los segundos, en una escala de siete puntos. Los investigadores atribuyen esta diferencia al sentido de propósito adicional que aporta producir el propio alimento, frente al cuidado meramente estético de las plantas.

En qué beneficia el jardín a las personas con menos ingresos y a las mujeres

El hallazgo más llamativo del estudio afecta a la desigualdad social. En el resto de actividades analizadas, caminar, comer fuera o hacer ejercicio, las personas con rentas bajas y las mujeres declararon niveles de bienestar inferiores a los de las rentas altas y los hombres. La jardinería rompe ese patrón: en esta actividad concreta, las mujeres registraron 0,39 puntos más de bienestar que los hombres, y las rentas bajas puntuaron hasta 1,25 puntos por encima de las rentas altas.

Los autores destacan también que la compañía durante la jardinería no altera los resultados. Cultivar solo en el jardín produce el mismo nivel de bienestar que hacerlo acompañado, una diferencia notable frente a otras actividades de ocio, donde la presencia de la pareja sí eleva la puntuación de felicidad registrada.

Los investigadores recomiendan a los ayuntamientos incluir la jardinería doméstica entre las inversiones urbanas destinadas a mejorar la calidad de vida, en la misma categoría que los carriles bici o las zonas peatonales. Según el estudio, apenas el 18% de los encuestados usaba la bicicleta de forma habitual, frente al 31% que dedicaba tiempo a cultivar plantas en casa, lo que sitúa la jardinería como una actividad más extendida y con un impacto comparable en el bienestar colectivo.

Cómo se puede empezar con la jardinería en casa

Empezar un jardín no exige un terreno amplio ni experiencia previa. Un balcón, una ventana con luz o un pequeño rincón del patio bastan para crear un espacio verde que aporte los beneficios que describe el estudio. Los expertos en jardinería doméstica recomiendan seguir unos pasos sencillos para evitar la frustración inicial y lograr resultados visibles cuanto antes.

El primer paso es observar la luz disponible en cada zona de la casa. Las plantas con flores llamativas o los pequeños huertos de tomates y aromáticas necesitan al menos seis horas de sol directo al día. Las plantas de interior, como los helechos o los pothos, se adaptan mejor a espacios con luz indirecta o sombra parcial.

El segundo paso consiste en reunir los materiales básicos. Las macetas necesitan agujeros de drenaje para evitar que el agua encharque las raíces, y conviene usar sustrato preparado en lugar de tierra común, ya que incluye perlita que aligera la mezcla. Una pala pequeña y una regadera, o incluso una botella reciclada, son suficientes para empezar.

El tercer paso es elegir plantas resistentes que perdonen los errores de un principiante. La menta, el romero y el orégano crecen con rapidez y se pueden usar en la cocina desde las primeras semanas. Las suculentas y los cactus toleran el olvido del riego, mientras que el pothos o la monstera se adaptan bien a los espacios interiores y crecen con vigor.

El último paso, y el que más errores genera entre quienes empiezan, es el riego. La forma más sencilla de comprobar si una planta necesita agua es introducir un dedo en la tierra unos dos o tres centímetros. Si la tierra sale seca, toca regar hasta que el agua fluya por los agujeros de la maceta. Si sale húmeda, conviene esperar unos días antes de volver a regar.

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