Poner papel de aluminio en las paredes en las paredes de casa: cada vez más arquitectos lo recomiendan
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Las humedades siempre están en el centro de muchas conversaciones domésticas cada invierno. Se trata de ese problema silencioso que aparece sin avisar y que, a menudo, empieza con señales pequeñas, ya sea una mancha en la esquina, un olor extraño en el pasillo o una pintura que se empieza a descascarillar. Y quien vive en una vivienda antigua o en un piso con mala ventilación sabe que estos indicios pueden convertirse en todo un dolor de cabeza si no se actúa a tiempo. Por eso muchos buscan el método para saber si tienen humedades antes de meterse en obras. Y para ello, nada como seguir el método o truco que muchos expertos recomiendan y que consiste en colocar papel de aluminio en la pared.
Puede sonar casi a broma, pero lo cierto es que esta técnica se usa desde hace décadas en revisiones profesionales para distinguir entre filtraciones internas y problemas de condensación. Su eficacia reside en que crea una barrera aislante entre el ambiente y el muro, lo que permite saber de dónde viene exactamente la humedad. Y lo mejor cualquiera puede hacerlo en casa sin herramientas especiales. De este modo, poner papel de aluminio en las paredes se vuelve especialmente útil en cocinas, baños y viviendas de construcción antigua, donde la humedad suele esconderse detrás de muebles o bajo capas de pintura. Al aplicar el papel de aluminio durante 24 o 48 horas, se obtiene una primera orientación sobre el origen del problema. No sustituye un informe técnico, pero sí ayuda a evitar errores habituales, como pensar que una filtración es condensación o al revés. Y esa diferencia puede marcar el coste final de cualquier reparación.
La prueba del papel de aluminio en las paredes
Una de las ventajas de este método es que sólo necesitas cosas básicas que seguro tienes en casa como son, papel de aluminio, cinta adhesiva resistente, unas tijeras y un paño seco. Opcionalmente, algunos técnicos recomiendan tener a mano un termómetro, para comprobar diferencias de temperatura entre zonas y una cámara para documentar los cambios antes y después. No hace falta nada más.
Antes de pegar el papel, conviene elegir bien el punto de análisis. Suelen funcionar mejor las zonas donde ya hay sospechas como esquinas frías, paredes exteriores, superficies cercanas a duchas y cocinas o zonas que se oscurecen con facilidad. También es frecuente aplicar varias piezas de aluminio en distintos puntos de la misma habitación para comparar comportamientos.
Cómo se coloca el aluminio paso a paso
El procedimiento es tan sencillo que sorprende que no sea más conocido. Lo primero es limpiar la zona con un paño seco. Esto elimina polvo, restos de humedad superficial o partículas que podrían interferir en la lectura final. La pared debe quedar lo más seca posible.
Después se corta un trozo de aluminio ligeramente más grande que el área que se quiere estudiar. Muchos especialistas recomiendan unos 25 por 25 centímetros, aunque cualquier tamaño similar funciona siempre que cubra bien la superficie. Se coloca directamente sobre la pared y se sella completamente con cinta adhesiva, asegurándose de que los bordes quedan bien fijados y no hay entradas de aire. La clave está en que la parte central quede tensa y totalmente en contacto con el muro.
Una vez colocado, llega la parte más importante: dejarlo reposar entre 24 y 48 horas sin tocarlo. Ese tiempo permite ver si hay humedad interna, ya que en el caso de que así sea esta se transmitirá hacia el papel. Si es un problema ambiental, sólo condensara en la cara expuesta al aire.
Qué significan las señales cuando se retira el papel
Al retirar el aluminio, llega el momento de interpretar lo que ha ocurrido. Y aquí es donde este método resulta tan revelador. Si aparecen gotas, manchas oscuras o signos de humedad en la cara que estaba tocando la pared, lo habitual es que exista humedad en el propio muro. Puede proceder de filtraciones exteriores, grietas, mala impermeabilización o incluso tuberías ocultas. En casas antiguas es un diagnóstico bastante frecuente.
Si la humedad está solo en la parte exterior del aluminio, la que miraba hacia la habitación, el origen suele ser la condensación. Es decir, vapor acumulado en una superficie fría por mala ventilación o hábitos cotidianos (duchas largas, cocinar sin extractor, secar ropa dentro…). En este caso, el problema no es estructural.
Si el aluminio sale totalmente seco, es posible que no existan humedades en esa zona concreta, aunque conviene revisar otros puntos de la vivienda si hay sospechas.
Este pequeño experimento, aunque casero, proporciona información valiosa antes de llamar a un técnico. Gracias al hecho de colocar papel de aluminio en las paredes, podemos descartar errores e incluso determinar si la solución pasa por ventilar mejor o por una intervención más profunda teniendo que llamar a un especialista para que actúe sobre la posible humedad.
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