Medio ambiente

Félix Rodríguez de la Fuente: «Todas las capitales de provincia con una cierta alcurnia -Burgos, por ejemplo- debieran tener un gran parque con su fauna autóctona»

Félix Rodríguez de la Fuente
Félix Rodríguez de la Fuente con un lobo. Foto: captura del documental "El hombre y la tierra".
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Félix Rodríguez de la Fuente concedió una de sus últimas entrevistas a un periódico de Burgos, la tierra donde había nacido, pocos meses antes de morir en 1980. En esa conversación no habló precisamente de lobos ni de águilas, sino de una idea muy concreta para las ciudades españolas que en su momento pasó casi desapercibida.

La propuesta tenía que ver con cómo debían tratar las capitales de provincia a su propia fauna, y ponía como ejemplo a su Burgos natal, la ciudad donde (valga la redundancia) acabaría siendo enterrado apenas unos meses después. Más de cuarenta años después de aquella entrevista, conviene repasar qué dijo y comprobar si alguien, en algún despacho municipal, le habrá hecho caso.

Lo que pedía Félix Rodríguez de la Fuente para Burgos y el resto de capitales

En una entrevista que se remonta a 1980, Félix Rodríguez de la Fuente defendió que «todas las capitales de provincia con una cierta alcurnia (Burgos, por ejemplo) debieran tener un gran parque con su fauna autóctona». No hablaba de zoológicos al uso, sino de espacios pensados para mostrar la fauna que realmente vive en cada territorio.

La idea en cuestión encajaba con el resto de su trabajo: durante los años setenta impulsó la creación de espacios protegidos como Doñana y Cabrera, luchó por la protección legal del lobo ibérico y de las rapaces nocturnas, y llevó la naturaleza española a millones de hogares a través de programas como El hombre y la Tierra.

Para él, según quiso dejar asentado en esa entrevista publicada por el Diario de Burgos poco antes de su muerte, cada ciudad debía tener su propia ventana a la fauna local, no solo verla en la televisión.

¿Por qué Burgos era el ejemplo perfecto para Félix Rodríguez de la Fuente?

Las casualidades acá no existen. Rodríguez de la Fuente citó a Burgos como ejemplo con toda la razón del mundo. Había nacido en Poza de la Sal, dentro de la provincia, y conocía de primera mano la riqueza natural de sus sierras, sus páramos y sus ríos.

Águilas reales, lobos ibéricos y buitres leonados formaban parte del paisaje que había estudiado desde niño, mucho antes de convertirse en el naturalista más popular de España.

Por eso, cuando hablaba de un parque con fauna autóctona, no pensaba burdamente en traer animales exóticos de otros continentes, como hacían entonces la mayoría de los zoológicos españoles.

Pensaba, más bien, en enseñar a los burgaleses, y a cualquier visitante, la fauna que convivía con ellos sin que casi nadie llegara a verla de cerca: el lobo del monte próximo, el águila que sobrevolaba el páramo, el buitre que anidaba en el cortado del río.

El parque que hoy cumple, cuatro décadas después, lo que pidió Félix

La respuesta a si alguien le hizo caso llegó más tarde de lo que él hubiera querido, pero llegó.

Burgos inauguró en julio de 2025 su Centro de Biodiversidad en el Parque Forestal de la ciudad, un espacio dedicado precisamente a mostrar fauna autóctona que no puede volver a su hábitat natural por lesiones incapacitantes. En su primer año de funcionamiento recibió cerca de 10.900 visitantes.

Por su parte, el centro alberga en torno a 35 ejemplares de 24 especies distintas, entre ellas rapaces como el águila real, procedentes de centros de recuperación de fauna silvestre de la región.

Y muy cerca, el CRAS de Albillos atiende cada año a miles de animales heridos (más de 2.700 solo en 2025), la mayoría procedentes de la propia provincia de Burgos.

El legado de Félix Rodríguez de la Fuente sigue vivo en la conservación española

El naturalista murió el 14 de marzo de 1980, el día de su cumpleaños, en un accidente de avioneta en Alaska mientras rodaba un documental sobre los inuit.

Lamentablemente, nunca llegó a ver cumplida su propuesta para Burgos, pero su forma de entender la conservación (mostrar la fauna local en lugar de importar animales de otros continentes) terminó calando en administraciones y ayuntamientos de toda España.

Antes de esa última entrevista, ya había sido vicepresidente de ADENA (hoy WWF España), la organización que en 1974 firmó el primer acuerdo de custodia del territorio del país para proteger el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega.

Su capacidad para convencer a políticos y ciudadanos por igual fue decisiva para que España aprobara sus primeras leyes de protección de la naturaleza.

Por último, cada primavera, Burgos organiza decenas de actividades para recordar su figura, desde rutas por Poza de la Sal hasta charlas sobre las especies que él mismo ayudó a proteger.

Así, el águila real que hoy puede verse en el Centro de Biodiversidad de la ciudad es, sin que nadie lo planeara así, la prueba viva de que aquella frase de 1980 no se quedó solo en una entrevista de periódico.

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