Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano, sobre la autoexplotación: «Es difícil rebelarse cuando víctima y verdugo son la misma persona»
Han nació en Seúl en 1959 y estudió Literatura y Teología en Múnich y Filosofía en Friburgo
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El pensador Byung-Chul Han sostiene que el mayor obstáculo para protestar contra la presión laboral y social es que muchas personas ya no sienten que alguien se la imponga. Esa idea, central en su ensayo La sociedad del cansancio, vuelve a circular hoy como una de las claves para entender el malestar contemporáneo.
Gestión y explotación
Según el autor, las sociedades occidentales dejaron atrás el modelo disciplinario, basado en prohibiciones y vigilancia, para entrar en uno centrado en el rendimiento. Ya no hace falta un superior que controle, porque cada persona actúa como gestora de su propia vida y se exige más de lo que nadie le pediría. En esa lógica, quien es explotado y quien explota son la misma persona, y eso apaga la rebeldía.
El fracaso como culpa
Si todo depende del esfuerzo individual, los tropiezos se interpretan como defectos personales y no como resultado de circunstancias o de estructuras económicas. Han sostiene que esto genera frustración y agotamiento, y relaciona esa dinámica con el aumento de trastornos como la depresión. Sin un responsable externo a quien reprochar nada, el malestar se vuelve contra uno mismo.
La forma en la que trabajamos
El filósofo insiste en que esta forma de poder resulta más eficaz porque no se percibe como coerción. Trabajar más horas, descansar menos y competir incluso en el tiempo libre se vive como una elección. La pausa, la contemplación o el encuentro con otros quedan bajo sospecha, y la existencia se reduce a objetivos medibles.
La exigencia interior
Para salir del círculo, Han propone identificar primero cómo funciona esa exigencia interiorizada. Solo desde ahí puede imaginarse una vida menos subordinada a la productividad y con más espacio para una libertad real.
Un autor de proyección internacional
Han nació en Seúl en 1959 y estudió Literatura y Teología en Múnich y Filosofía en Friburgo, donde se doctoró en 1994. Entre sus aulas figuran las universidades de Basilea y de las Artes de Berlín, además de la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe. Su obra, que supera la treintena de títulos, incluye La sociedad de la transparencia, La agonía de Eros y No-cosas.
En mayo de 2025 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado valoró que su análisis ayuda a comprender fenómenos como la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas, y destacó su mirada intercultural.