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En los años 70 era el sistema de calefacción más popular en España: 50 años después está desaparecido por su peligro y toxicidad

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Recreación brasero de picón.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Hay costumbres de la España del siglo XX que merece la pena conservar, pero hay otras que ya no existen y, por seguridad, jamás deberían volver. Por ejemplo, en los setenta era normal calentarse con un brasero de picón, especialmente en el mundo rural.

El motivo es que bastaba con un recipiente metálico para guardar las brasas de carbón y conservar bajo de la mesa camilla el calor. Medio siglo después, sabemos que puede ser tóxico.

Eso ha hecho que poco a poco haya desaparecido y se haya sustituido por otras formas de calentarse más seguras, como los calefactores o las mantas eléctricas. No obstante, hace unas décadas era uno de los métodos más conocidos.

Por qué en España ya no usamos brasero de picón si antes era habitual

Hasta hace no mucho, en los pueblos era muy frecuente calentarse con un brasero de picón, pero ahora sabemos que tiene un riesgo alto de intoxicación por monóxido de carbono.

Este gas se puede producir durante la combustión y acumularse dentro de casa. No tiene color ni olor, por lo que si no hay humo puedes intoxicarte sin llegar a enterarte.

Al respirarlo, el organismo pierde capacidad para transportar oxígeno adecuadamente. Entre los síntomas pueden aparecer dolor de cabeza, mareo, debilidad, náuseas o confusión. Una exposición intensa puede provocar pérdida de conocimiento y resultar mortal.

Una de las situaciones más peligrosas se producía si te quedabas dormido cerca del brasero. Quizás te quitaba el frío, pero un descuido te mandaba al otro barrio.

A esa amenaza se sumaba el contacto con materiales combustibles. La cercanía de las faldas de la mesa, las mantas y otros tejidos podía convertir un descuido en un incendio, incluso en una estancia donde todo parecía estar bajo control.

Por qué la mesa camilla y el brasero eran fundamentales en la España de los setenta

Durante los años 70, el brasero seguía siendo una solución conocida en viviendas que carecían de calefacción central. Permitía calentarse alrededor de un único punto, sin necesidad de instalar radiadores ni disponer de una caldera.

El recipiente se encajaba habitualmente en el hueco de una tarima situada bajo la mesa. Para remover las brasas se empleaba la badila, una pequeña pala metálica cuyo nombre todavía conserva un lugar en el vocabulario de muchas familias.

No era un sistema perfecto y requería guardar el carbón en casa, atender las brasas y retirar después la ceniza. Pero era bastante más barata, por lo que en una España que todavía estaba despegando era muy útil.

Más allá de la seguridad, los modelos eléctricos acabaron imponiéndose por su comodidad, y llegó un momento en el que los braseros de picón no tenían un ahorro suficiente como para mantenerlos.

Qué precauciones debo tomar si uso un brasero eléctrico en casa

La sustitución del picón por una resistencia eléctrica eliminó la combustión del carbón y la retirada de cenizas. También evitó tener que almacenar combustible, una incomodidad añadida en los pisos con poco espacio.

No obstante, el brasero eléctrico también puede provocarte un incendio en casa si lo acercas demasiado a una tela o si lo usas incorrectamente. Por ejemplo, evita enchufarlo en regletas.

Los aparatos deben usarse siguiendo sus instrucciones, mantenerse libres de prendas y desconectarse después de utilizarlos. Además, al acomodar las faldas o acercar una manta, hay que comprobar que ninguna tela caiga sobre la fuente de calor.

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