Exposición

El sueño de la razón: un puente entre siglos y la inteligencia artificial

¿Puede una máquina ver de la misma forma que lo hace un ser humano?

El sueño de la razón: un puente entre siglos y la inteligencia artificial
Una de las imágenes de la exposición en la Fundación Telefónica. ScanLAB Projects_Froum Fragments_2025.
Diego Buenosvinos

En el corazón del Espacio Fundación Telefónica, en la calle Fuencarral de Madrid, late una exposición que se ofrece como un viaje por la historia de la mirada humana, desde la cristalina caligrafía de los grabados del siglo XVIII hasta las imágenes que respiran en los algoritmos de la inteligencia artificial. El sueño de la razón. Del Siglo de las Luces a la inteligencia artificial despliega ante nosotros un paisaje visual donde el arte y la ciencia se entrelazan para contarnos cómo hemos intentado —a lo largo de más de dos siglos— representar, entender y, en última instancia, conocer la realidad.

De la enciclopedia a los algoritmos: un viaje a través de la imagen, pues imaginemos una habitación del siglo XVIII; la luz se filtra sobre incontables dibujos y grabados científicos, trazados con la precisión obsesiva de quienes creen que la razón —esa fuerza misteriosa y absoluta— puede capturar el mundo en sus líneas y sombras. Es el Siglo de las Luces, un tiempo en que la curiosidad por comprenderlo todo llevó a artistas y científicos a emprender expediciones a continentes lejanos, a compilar enciclopedias y a documentar flora, fauna y monumentos con una minuciosa exactitud.

Estas obras, reunidas en la colección del Museo Universidad de Navarra y parte esencial de la exposición, constituyen el punto de partida de un viaje que empieza con grabados de Theodor Friedrich von Esenbeck y Alexander von Humboldt, pasa por la monumental Descripción de Egipto —fruto de la ambición de Napoleón por capturar en imágenes la naturaleza, las civilizaciones antiguas y sus ruinas— y desemboca en los primeros pasos de la fotografía como herramienta científica.

En 1839, cuando Louis Arago presentó la fotografía ante la Academia de las Ciencias de París, no era sólo un invento: era una promesa de objetividad y fidelidad. Con su rapidez y precisión, la nueva tecnología visual abrió un nuevo capítulo en la manera de capturar el mundo, reemplazando gradualmente las interpretaciones manuales del artista por imágenes que, se decía, «decían la verdad» con mayor claridad.

Presente digital: imágenes que ya se generan

La exposición culmina en el siglo XXI, donde la revolución visual ya no se limita a observar lo real, sino incluso a generarlo. Las imágenes que fluyen de las inteligencias artificiales —alimentadas por ingentes cantidades de datos y modeladas por algoritmos complejos— plantean preguntas que recuerdan a viejas inquietudes ilustradas: ¿qué es la objetividad? ¿Puede una máquina ver de la misma forma que lo hace un ser humano? ¿Dónde termina la realidad y comienza la interpretación?

Intercaladas entre los grabados y fotografías históricas, las instalaciones contemporáneas de artistas como Anna Ridler, Quayola o ScanLAB Projects transportan al visitante a un territorio donde la tecnología y el arte dialogan sin cesar. Obras como Myriad (Tulips), compuesta por miles de fotos de tulipanes etiquetadas a mano para entrenar un sistema de inteligencia artificial, revelan la tensión entre la naturaleza, el ojo humano y la máquina que aprende.

Una exposición para entender y sentir

Lejos de ser una mera muestra de piezas artísticas o históricas, El sueño de la razón es una reflexión profunda sobre nuestra manera de mirar, de pensar y de relacionarnos con el universo visual que nos rodea. Como los grabados del XVIII y las fotografías del XIX, las obras contemporáneas nos recuerdan que la imagen no es un espejo pasivo de lo real, sino una herramienta activa para construir conocimiento, para cuestionar la realidad y —quizá— para reinventarla.

Recorrer esta exposición es, al final, un acto doble: una travesía por los hitos de la representación visual y una invitación a pensar en nuestra propia mirada. Porque hoy, cuando nuestros ojos están asistidos por inteligencia artificial, es más necesario que nunca preguntarnos no sólo qué vemos, sino cómo y por qué creemos en lo que vemos.

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