Revolución inaudita en la ciencia: leer la mente ya es posible y va a cambiarlo todo


El hecho de que una máquina pueda «leer la mente» parece sacado de una película de ciencia ficción, pero un equipo de investigadores de la Universidad del Sur de California ha logrado identificar el tipo de imagen que estaba recordando una persona analizando la actividad de su cerebro. El hallazgo, publicado en la revista Advanced Science, confirma que el cerebro organiza los recuerdos visuales por categorías. Asimismo, demuestra que, mediante técnicas de inteligencia artificial y aprendizaje automático, es posible decodificarlos.
Si bien es cierto que todavía no estamos ante un escenario en el que se pueda «leer» cada pensamiento, supone un gran avance hacia lo que parecía imposible. Para comprender la importancia del estudio, conviene detenerse en el protagonista de esta historia: el hipocampo, fundamental para guardar recuerdos y recuperarlos posteriormente. Sin embargo, hasta ahora no se sabía a ciencia cierta de qué manera organiza la información visual, y la investigación de la USC responde a ésta gran incógnita de la neurociencia.
¿Cómo es posible ‘leer la mente’?
Los voluntarios vieron distintas imágenes agrupadas en cinco categorías: edificios, animales, plantas, herramientas y vehículos. Luego, los investigadores les pidieron que recodaran las imágenes mientras los electrodos recogían la señal neuronal generada en su hipocampo. A continuación, mediante algoritmos de aprendizaje automático, lograron identificar qué categoría pertenecía la imagen recordada por cada paciente.
Este estudio tiene grandes implicaciones para la medicina, como el desarrollo de dispositivos capaces de restaurar la capacidad de recordar en personas con deterioro cognitivo. El codirector del estudio, Charles Liu, lo explica así: «Con este conocimiento podemos empezar a crear herramientas clínicas para restaurar la memoria y mejorar vidas».
El papel de la inteligencia artificial
Hace apenas unas décadas, no hubiera sido posible procesar la información recogida por electrodos implantados en el cerebro. Hoy, en cambio, gracias a los avances en modelos de aprendizaje automático, es posible detectar patrones complejos que se esconden en las neuronas y descifrar qué está ocurriendo en el interior de la cabeza de una persona.
En el campo de la medicina, los modelos de inteligencia artificial pueden ayudar a diagnosticar enfermedades neurodegenerativas de forma temprana mediante el análisis de patrones de actividad neuronal. De esta manera, los tratamientos podrían comenzar antes y aumentarían las probabilidades de ralentizar la progresión de la enfermedad.
Asimismo, gracias al avance de la inteligencia artificial, en los próximos años se podrían desarrollar nuevas terapias de rehabilitación neurológica 100% personalizadas. De esta manera, pacientes con Alzheimer o que han sufrido un ictus podrían beneficiarse de estas terapias basadas en su actividad cerebral.
Riesgos y dilemas éticos
Sin embargo, este avance en el campo de la neurociencia también plantea una serie de interrogantes éticos sobre lo que supone el hecho de «leer la mente» para la privacidad de las personas. A día de hoy, sólo es posible identificar categorías generales de imágenes y en un entorno médico muy controlado, pero existe cierta preocupación acerca de la privacidad de las personas y la responsabilidad de tener acceso a los secretos más íntimos de la mente.
Los expertos insisten en que estos avances tienen que ir acompañados de una regulación ética que garantice que la neurotecnología se utilice únicamente con fines médicos y de investigación. En este sentido, algunos neurocientíficos defienden la necesidad de reconocer el «derecho a la privacidad mental» como un nuevo principio básico.
«En este sentido, en 2024, el estado de Colorado ha sido el primero en Estados Unidos en modificar la definición de «datos sensibles” de la actual ley de privacidad personal (Colorado Privacy Act) para incluir los datos biológicos y “neuronales” generados por el cerebro, la médula espinal y la red de nervios que transmite mensajes por todo el cuerpo. La colaboración del sistema legislativo será fundamental para salvaguardar el derecho a la privacidad de nuestros pensamientos, así como para evitar el acceso a nuestra actividad cerebral con fines económicos o sociopolíticos», recoge The Conversation.
En definitiva, «leer la mente» ya no es una simple metáfora. Ahora los científicos quieren avanzar en este campo sin perder de vista las implicaciones éticas que conlleva. Si se puede comprender a fondo cómo se almacenan y activan los recuerdos, se podrían diseñar terapias dirigidas que restauren parcialmente la memoria.
Finalmente, la ciencia detrás de este hallazgo demuestra la sinergia entre inteligencia artificial y neurociencia. Sin algoritmos capaces de procesar grandes volúmenes de datos, no habría sido posible decodificar patrones complejos en la actividad neuronal. El futuro de la neurociencia dependerá cada vez más de la integración entre conocimiento médico, tecnología avanzada y análisis computacional.