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El prodigio que nadie vio venir: Australia está muy cerca de extraer ‘oro blanco’ a partir de un desconocido mineral

Oro blanco
Fragmento de petalita. Foto: Eurico Zimbres en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El debate sobre el acceso al oro blanco se ha intensificado en los últimos años. Y es que la expansión del vehículo eléctrico, el almacenamiento de energías renovables y la digitalización han disparado la necesidad de litio a niveles que el reciclaje, por sí solo, no puede cubrir. En este marco, la búsqueda de nuevas fuentes y métodos de extracción se ha convertido en una prioridad.

Australia, uno de los grandes productores de litio del planeta, explora ahora vías alternativas para reforzar su posición en el mercado del oro blanco. Más allá de los minerales tradicionales, investigadores del país están centrando su atención en una roca con larga historia científica pero escasa notoriedad pública.

¿Cuál es el desconocido material que le permitirá a Australia asegurarse su ‘oro blanco’?

En un escenario donde la diversificación es clave para la extracción de «oro blanco», otros minerales con contenido en litio, como la lepidolita o la ambliogonita, han empezado a recibir más atención. Entre ellos destaca la petalita, un recurso que podría desempeñar un papel bastante relevante.

Y es que hasta ahora, el mineral dominante en la producción de litio ha sido la espodumena. Su elevada concentración y los procesos industriales consolidados han facilitado su explotación a gran escala.

No obstante, depender de una única materia prima implica riesgos para la estabilidad de las cadenas de suministro. Por eso, la petalita viene a cambiar el juego.

Recordemos que el auge del oro blanco no es casual. Las baterías de ion-litio sostienen buena parte de la transición energética, desde los coches eléctricos hasta los sistemas de almacenamiento vinculados a la solar y la eólica.

Sin embargo, los expertos coinciden en que el reciclaje de baterías usadas, aunque esencial para avanzar hacia una economía circular, no bastará para cubrir la demanda prevista en las próximas décadas.

Qué es la petalita, el mineral detrás del nuevo ‘oro blanco’

La petalita, también conocida como castorita, es un filosilicato de litio y aluminio con fórmula química LiAlSi₄O₁₀. Cristaliza en el sistema monoclínico y presenta colores que van del blanco y gris al incoloro o rosado.

En la escala de Mohs alcanza una dureza de entre 6 y 6,5, lo que le otorga resistencia frente al desgaste.

Se encuentra en pegmatitas ricas en litio, junto a minerales como la espodumena y la lepidolita. Existen depósitos significativos en África, América y, de forma destacada, en Australia Occidental, en regiones como los cratones de Yilgarn y Pilbara.

Más allá de su potencial como fuente de oro blanco, la petalita ya tiene aplicaciones industriales consolidadas. Su bajo contenido en hierro y su reducida expansión térmica la hacen adecuada para la fabricación de vidrio y cerámica resistentes al calor y a los arañazos. Además, algunas variedades transparentes se emplean como gemas.

Desde el punto de vista histórico, este mineral tiene un papel singular: fue descubierto en 1800 en la isla de Utö, en Suecia, y pocos años después permitió identificar por primera vez el elemento litio. A pesar de esa relevancia científica, su explotación como mena principal ha sido limitada frente a la recién mencionada espodumena.

El reto detrás de extraer litio de la petalita

Aunque la petalita posee una mineralogía más simple que la espodumena, liberar el litio que contiene no resulta sencillo. Para hacerlo accesible es necesario someter el mineral a tratamientos adicionales de calor y presión que transformen su estructura y faciliten el procesamiento químico posterior.

Este obstáculo ha frenado su desarrollo comercial a gran escala. Sin embargo, la presión creciente sobre el mercado del oro blanco ha impulsado nuevas investigaciones destinadas a optimizar los procesos y reducir costes e impacto ambiental.

En este ámbito destaca el trabajo de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO), la agencia científica nacional australiana. Con financiación del programa australiano de I+D en minerales críticos, sus investigadores han desarrollado un método que podría abrir una vía distinta para la producción de litio metálico.

LithSonic, la tecnología que podría cambiar el mercado del ‘oro blanco’

El proceso, denominado LithSonic, se basa en una evolución de una tecnología previa conocida como MagSonic. Su objetivo es abordar uno de los mayores desafíos en la producción de litio metálico: la extrema reactividad del metal a altas temperaturas.

El litio puede obtenerse mediante reacciones químicas similares a las utilizadas en la siderurgia, donde el óxido reacciona con carbono para generar metal. El problema es que, a las temperaturas necesarias, el litio se encuentra en estado de vapor y tiende a reaccionar de nuevo con rapidez si no se enfría casi de inmediato.

La propuesta de LithSonic introduce un flujo supersónico que permite un enfriamiento ultrarrápido mediante un mecanismo conocido como ‘shock quenching’. Este procedimiento estabiliza el litio antes de que vuelva a combinarse, algo que hasta ahora no se había conseguido a esa escala en la producción de metales.

Según una publicación de la CSIRO, esta tecnología podría aplicarse a distintos minerales con contenido en litio, incluida la petalita. Además, permitiría obtener litio en forma de polvo o lingote, apto para baterías de vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos o aleaciones de aluminio.

Así, si logra implantarse a nivel industrial, el desarrollo australiano podría contribuir a una producción de oro blanco con menor impacto ambiental y mayor diversificación de materias primas.

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