Contaminación lumínica

Malas noticias para los alérgicos: la luz de las ciudades alarga los picos de polen, y hay una explicación científica

La luz de las ciudades alarga los picos de polen, según una investigación de PNAS Nexus. (Foto: Freepik)
La luz de las ciudades alarga los picos de polen, según una investigación de PNAS Nexus. (Foto: Freepik)
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un reciente estudio científico asoció la contaminación lumínica con una alteración drástica en los ciclos naturales de las plantas. Según el hallazgo científico, esto provocaría que los periodos de polinización se vuelvan más agresivos y duraderos. Así, las personas que sufren de rinitis alérgica o asma podrían tenerla aún más difícil.

El fenómeno revela específicamente que la exposición a la luz artificial nocturna rompe los ritmos biológicos de especies vegetales comunes en las ciudades. Esta situación no solo adelanta la aparición de los primeros síntomas, sino que retrasa el final de la temporada, lo que deja a las personas alérgicas sin el respiro habitual que ofrece el cambio de estación.

¿Por qué la luz de las ciudades alarga los picos de polen?

La luz nocturna en las zonas urbanas funciona como un estímulo engañoso para la vegetación, ya que las plantas interpretan esta claridad artificial como una extensión del día. Según una investigación publicada en la revista académica PNAS Nexus, este factor ambiental acelera la floración y, por consecuencia, el inicio de la liberación de partículas de polen en el aire.

Según se detalla en la explicación científica, los fotorreceptores de las plantas reaccionan a la intensidad lumínica y activan sus mecanismos reproductivos antes de tiempo. En las ciudades con alta radiación nocturna, los picos de polen pueden adelantarse hasta 20 días si se comparan con los entornos rurales oscuros.

El estudio analizó datos de más de una década en el noreste de Estados Unidos y pudo confirmar que la iluminación artificial es tan peligrosa como el propio aumento de las temperaturas.

El impacto real en la salud de las personas alérgicas

El problema para quienes padecen alergias no es solo que la temporada empiece antes, sino que la finalización se extiende de manera significativa. Los datos recogidos muestran que las zonas con mayor luz nocturna registran niveles de exposición “severa” en un 27% de los días de la temporada, frente al 17% que se observa en lugares sin apenas contaminación lumínica.

Esta extensión de los picos de polen en las ciudades supone que el organismo de los alérgicos deba luchar contra los alérgenos durante mucho más tiempo, lo que implica que la severidad de los síntomas aumente debido a la exposición prolongada.

¿Hay alguna solución para la crisis del polen en las ciudades?

Aunque suena raro, los expertos de PNAS Nexus explican que una gestión de la iluminación en la planificación de la salud pública debería ser fundamental. La selección de árboles para las ciudades debería considerar la sensibilidad de las especies a la luz artificial nocturna para evitar que la urbanización empeore las alergias.

Reducir la emisión de luz azul o usar sensores de movimiento en las farolas podría mitigar este estrés ambiental sobre la flora. Mientras estas medidas llegan, las personas con sensibilidad polínica deberán prepararse para calendarios de polinización que rozan, en algunos casos extremos, los 250 días de alergias al año.

Lamentablemente, hoy vivimos en ciudades donde la noche ya no es oscura, y eso está pasando factura al medioambiente.

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