Katherine Johnson: la matemática de la NASA que hizo posible la llegada a la Luna
Katherine Johnson fue la brillante matemática de la NASA cuyos cálculos fueron clave para el éxito de las misiones espaciales y la llegada del hombre a la Luna.
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Cuando pensamos en la llegada a la Luna, casi siempre imaginamos lo mismo: el cohete despegando con una fuerza brutal, los astronautas flotando, Neil Armstrong bajando la escalerilla y soltando esa frase que ya es historia. Todo muy cinematográfico. Pero casi nadie se detiene a pensar en algo menos espectacular y mucho más silencioso: las páginas llenas de cálculos, las ecuaciones interminables, las horas revisando números para que nada saliera mal. Y ahí es donde aparece Katherine Johnson.
¿Cómo fueron sus orígenes?
Katherine nace el 26 de agosto de 1918 en White Sulphur Springs, una localidad de Virginia Occidental. Desde pequeña dejó claro que su cerebro iba a otra velocidad. Mientras otros niños contaban con los dedos, ella parecía jugar con los números como si fueran piezas de Lego. No era solo buena en matemáticas; las entendía de verdad. Y cuando alguien entiende algo así de profundo, se nota. Su familia lo vio enseñada. Sabían que tenían delante a una niña con un talento fuera de lo común, así que hicieron lo que pudieron para que estudiara. No fue fácil.

Durante un tiempo trabajó como profesora. Era una salida profesional estable, respetable, segura. Pero en el fondo sabía que podía ir más lejos. En 1953 consiguió un puesto en el Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica, que luego se convertiría en la NASA. Allí empezó como parte de un grupo conocido como “computadoras humanas”. Sí, humanas.
Antes de que los ordenadores hicieran todo en segundos, había personas resolviendo cálculos a mano. Y no eran cuentas simples. Eran trayectorias, velocidades, ángulos de reentrada. Errores mínimos podrían significar desastres enormes. Katherine no solo hacía las operaciones: entendía la física detrás de cada fórmula. Sabía qué significaba cada número. Y esa diferencia fue clave.
Viajes al espacio
En 1961 participó en los cálculos del vuelo de Alan Shepard, el primer estadounidense en viajar al espacio. Pero el momento que realmente definió su carrera llegó en 1962 con John Glenn. Él iba a convertirse en el primer estadounidense en orbitar la Tierra. Para entonces, la NASA empezó a usar ordenadores electrónicos para los cálculos. Pero había cierta desconfianza. Glenn pidió algo muy concreto antes de despegar: que Katherine revisara los números generados por la máquina. Básicamente dijo: “Si ella dice que están bien, entonces vuelo”. Así, sin más.
Esa confianza no surge de la nada. Katherine revisó cada dato, confirmó que todo cuadraba y dio el visto bueno. Glenn orbitó la Tierra y regresó sano y salvo. En ese momento, los números no eran solo números. Eran la diferencia entre volver a casa o perderse en el espacio.
El programa Apolo
Su trabajo continuó en el programa Apolo, el que llevaría al ser humano a la Luna en 1969. Ayudó a calcular trayectorias, ventanas de lanzamiento y rutas de regreso. Porque llegar a la Luna era impresionante, sí, pero regresar vivos era la verdadera prueba. Cada cálculo era como una pieza invisible que sostiene toda la misión. Y todo esto lo hacía en un entorno que no era precisamente inclusivo.
Nada fue facil
En sus primeros años, las matemáticas afroamericanas trabajaban separadas de sus compañeras blancas. Había baños y comedores distintos. Reuniones a las que no estaban invitadas. Pero Katherine no se quedó esperando permiso. Cuando necesitaba estar en una reunión para hacer bien su trabajo, iba. Y punto. Su argumento no era el enfrentamiento, era la excelencia. Durante más de tres décadas trabajó en la NASA. Participó en estudios sobre satélites y misiones del transporte espacial. Firmó informes técnicos en una época en la que no era habitual que el nombre de una mujer apareciera en esos documentos.
Su trabajo estaba ahí, sosteniendo cada avance. Durante muchos años, su historia no fue conocida fuera del ámbito científico. Eso cambió en 2016 con el estreno de Figuras Ocultas. La película mostraba al mundo lo que había pasado entre bastidores: mujeres brillantes haciendo posible la carrera espacial mientras luchaban contra la discriminación. Millones de personas supieron quién era Katherine Johnson. En 2015 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Un reconocimiento enorme y, para muchos, tardío. Pero merecido. Muy merecido.
Llega el final
Katherine Johnson muere el 24 de febrero de 2020, a los 101 años. Vivió más de un siglo. Fue testigo de cómo el mundo pasaba de los cálculos a mano a la era digital. Y en medio de todo eso, dejó su marca. Lo más potente de su historia no es solo que ayudara a llevar al ser humano a la Luna. Es que lo hizo rompiendo barreras invisibles.
Cuando hoy vemos una imagen del Apolo 11 sobre la superficie lunar, hay algo más que bandera y polvo gris. Hay ecuaciones. Hay hojas llenas de números revisados una y otra vez. Y en muchas de esas páginas estaba la mente de Katherine Johnson. A veces el heroísmo no hace ruido. A veces está en una oficina, inclinada sobre una mesa, comprobando que todo encaje. Y gracias a personas como ella, los sueños dejan de ser solo sueños y se convierten en trayectorias calculadas al milímetro.
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