Cuesta creerlo, pero la ciencia lo avala: China intenta dominar los desiertos usando paja, sal y paneles solares
China lo ha hecho otra vez. Sus científicos fueron capaces de lograr un hito que parece sacado de una novela de ciencia ficción, pero que respalda la ciencia. El gigante asiático ha completado una obra titánica para dominar sus desiertos, como parte de una estrategia integral para reverdercer su zona más árida con un cinturón ecológico y tecnología de altísimo nivel. Lo curioso no es solo la magnitud del proyecto, sino los materiales que protagonizan esta batalla contra la naturaleza.
Además de frenar el avance de la arena, la iniciativa de la «Gran Muralla Verde» pretende transformar radicalmente la economía local y proteger las infraestructuras en la región autónoma de Xinjiang Uygur. Nos encontramos ante un despliegue sin precedentes donde la ingeniería ecológica planta cara a las dunas móviles del Taklamakan.
¿Cómo ha logrado China frenar un desierto?
Tal y como detalla un informe del South China Morning Post, a finales de 2024, China completó un cinturón verde que rodea el desierto de Taklamakan, el segundo desierto de arena móvil más grande del mundo, que tiene una superficie aproximada del tamaño de Alemania.
Esta barrera natural y tecnológica se extiende a lo largo de 3.050 kilómetros. El proyecto combina la plantación de diversas especies de árboles y arbustos con tecnología de bloqueo de arena basada en paneles solares, una solución mucho más avanzada que las antiguas barreras de paja utilizadas en la región para contener las dunas. Históricamente, y como base de esta técnica, se utiliza la paja. Los trabajadores crean cuadrículas de paja prensada en la arena que actúan como una «red» física para evitar que el viento se lleve las dunas antes de que crezcan las plantas.
Sin embargo, hoy, esa barrera física se refuerza con paneles solares. Lei Qiang, investigador del Instituto de Ecología y Geografía de Xinjiang, explicó que la tecnología fotovoltaica cumple una doble función. Además de generar electricidad, los paneles actúan como escudos contra el viento y reducen la evaporación del suelo, creando un microclima que permite «bloquear» el borde del desierto. Es una simbiosis perfecta donde la infraestructura protege a la biología.
¿Para qué sirve la sal en esta mega obra de ingeniería?
Si la paja y los paneles solares se usan para controlar el desierto, la sal es la encargada de garantizar que el esfuerzo energético valga la pena las 24 horas. Aquí es donde entra la tecnología más puntera. Según reporta el medio oficial Global Times sobre instalaciones como la planta de Hami, ubicada en la misma región, la clave reside en torres de sal fundida.
El sistema funciona con miles de espejos que apuntan a una torre central. El calor concentrado funde la sal a temperaturas extremas (más de 500 grados). A diferencia de los paneles solares normales que dejan de funcionar cuando cae el sol, la sal conserva ese calor y permite seguir generando electricidad durante toda la noche. Aunque estas plantas operan de forma independiente a los cinturones de árboles, forman parte del mismo plan maestro para rentabilizar y dominar estas tierras yermas.