China ha exportado 58.000 toneladas de tierras raras, y los expertos piden medidas ante el «desequilibrio universal»
Las tierras raras se han consolidado como uno de los ejes centrales del debate económico y geopolítico actual. Estos minerales, imprescindibles para tecnologías energéticas, sistemas de defensa y manufactura avanzada, ocupan un lugar cada vez más relevante en las estrategias industriales de las principales potencias.
En este contexto, la posición de China resulta determinante. El país asiático no solo lidera la extracción, sino también el procesamiento y la fabricación de componentes derivados de tierras raras. Las cifras de exportación y las decisiones regulatorias adoptadas en los últimos años plantean interrogantes sobre el equilibrio del mercado y la capacidad de otras economías.
El dominio de China en el mercado de las tierras raras
La estructura global del mercado de tierras raras presenta una concentración poco habitual en comparación con otros minerales críticos. Según advierte un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía, China representa alrededor del 60% de la producción minera mundial, pero su peso se incrementa de forma notable en las fases posteriores de la cadena de valor.
En los procesos de separación y refinado, su cuota alcanza en torno al 90%, lo que reduce de forma significativa la diversificación geográfica.
Este liderazgo no es reciente. Desde hace dos décadas, China ha desarrollado una estrategia industrial orientada a controlar no solo el acceso al recurso, sino también el conocimiento técnico y la capacidad de transformación.
Como resultado, otros países dependen de suministros externos incluso cuando disponen de yacimientos propios, debido a la complejidad técnica y medioambiental del procesado de tierras raras.
Las exportaciones récord y cómo esto impacta en sectores estratégicos
En 2024, China exportó cerca de 58.000 toneladas de imanes fabricados con tierras raras, una cantidad suficiente para abastecer millones de vehículos, motores industriales o sistemas tecnológicos avanzados.
Esta magnitud refleja la centralidad del país en sectores como la automoción, la energía eólica, la aeronáutica o los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.
La relevancia de estas exportaciones chinas va más allá del volumen. La dependencia de un único proveedor incrementa la vulnerabilidad ante interrupciones por motivos comerciales, técnicos o climáticos.
En Europa, esta situación se traduce en mayores costes de producción y en una exposición directa a decisiones regulatorias adoptadas fuera del ámbito comunitario.
Las medidas exigidas a China ante el «desequilibrio universal»
Las recientes medidas de control a la exportación anunciadas por Pekín han añadido presión al mercado de tierras raras.
La introducción de licencias obligatorias para determinados elementos y productos derivados ha provocado descensos temporales en los flujos comerciales y un aumento de precios en los mercados importadores.
En algunos casos, los precios europeos han llegado a multiplicar varias veces los registrados en China.
Estas restricciones afectan no solo a materias primas, sino también a componentes intermedios y equipos necesarios para el procesado. El alcance de las medidas amplía el impacto potencial sobre sectores industriales completos, desde la defensa hasta los semiconductores.
Los analistas advierten de que los retrasos o denegaciones en licencias pueden alterar la planificación industrial y la competitividad a medio plazo.
El desafío de diversificar el suministro de tierras raras
La diversificación del mercado de tierras raras se enfrenta a obstáculos estructurales. El desarrollo de nuevas minas fuera de China requiere plazos prolongados, con proyectos que pueden tardar cerca de una década en alcanzar producción a gran escala.
A ello se suma la escasez de instalaciones de refinado operativas fuera del país asiático y la gestión de subproductos radiactivos asociados a estos minerales.
Pese a estas dificultades, existen iniciativas en marcha en Estados Unidos, Australia, Brasil y algunos países europeos.
Sin embargo, la capacidad prevista para la fabricación de imanes permanentes sigue siendo limitada en comparación con la extracción y el refinado. Así, esta brecha refuerza la necesidad de políticas industriales coordinadas y acuerdos internacionales que reduzcan la dependencia actual.