Ambientes extremos en la Tierra que imitan Marte: la ciencia de la astrobiología
En la carrera espacial, se desarrollan ambientes extremos y entornos que son similares a los del Planeta Marte. ¿Cómo es este experimento?
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La búsqueda de vida más allá de la Tierra no empieza mirando al cielo, sino observando con atención nuestro propio planeta. La astrobiología es la ciencia que se ocupa de estudiar el origen, la evolución y la posible existencia de vida en el universo, y para avanzar en este campo los investigadores recurren a los entornos más extremos de la Tierra. Algunos de estos lugares presentan condiciones sorprendentemente parecidas a las de Marte y se han convertido en auténticos laboratorios naturales para entender si la vida pudo aparecer o resistir en el planeta rojo.
¿Por qué la Tierra es clave para entender Marte?
En la actualidad, Marte es un planeta frío, seco y sometido a una fuerte radiación. Sin embargo, numerosas evidencias indican que en el pasado tuvo agua líquida en su superficie, lo que abre la puerta a la posibilidad de que existiera vida microbiana. Para explorar esta idea, los científicos buscan en la Tierra ambientes con rasgos similares: escasez extrema de agua, temperaturas muy bajas o muy altas, alta salinidad y exposición intensa a la radiación solar.
Estos escenarios permiten estudiar a los llamados extremófilos, organismos capaces de sobrevivir en condiciones que durante mucho tiempo se consideraron incompatibles con la vida. Analizar cómo viven y se adaptan ayuda a definir qué tipos de huellas biológicas podrían encontrarse en Marte y en qué lugares tendría más sentido buscarlas.

El desierto de Atacama: un Marte en la Tierra
El desierto de Atacama, en Chile, es uno de los lugares más áridos del planeta. En algunas zonas no llueve desde hace décadas y los suelos presentan concentraciones extremas de sal y compuestos oxidantes, muy similares a los detectados en Marte. Por esta razón, Atacama se considera uno de los mejores análogos marcianos existentes en la Tierra.
A pesar de estas condiciones tan duras, los científicos han encontrado vida microbiana, sobre todo bajo la superficie, donde los organismos se protegen de la radiación y aprovechan mínimas trazas de humedad. Estos estudios son clave para diseñar instrumentos capaces de detectar vida microscópica en Marte, como los que utilizan misiones de la NASA y la Agencia Espacial Europea.
Devon Island: ensayando misiones marcianas
En el Ártico canadiense, la isla Devon alberga el cráter Haughton, una estructura formada por el impacto de un meteorito que se utiliza como escenario de simulación marciana. Su paisaje frío, rocoso y aislado lo convierte en un lugar ideal para poner a prueba tecnologías espaciales.
En este entorno se ensayan trajes, robots y procedimientos que podrían emplearse en futuras misiones a Marte, al tiempo que se estudia cómo resisten los microorganismos a condiciones extremas. De este modo, se combinan la investigación biológica y la exploración espacial en un mismo escenario.
La importancia de estos estudios para la astrobiología
El estudio de estos ambientes extremos terrestres es fundamental para el avance de la astrobiología. Permite redefinir los límites de la vida, orientar el diseño de misiones espaciales y ayudar a interpretar los datos que envían los robots desde Marte.

La Antártida y los Valles Secos
En la Antártida se encuentran los Valles Secos, regiones donde casi no hay nieve ni hielo pese a las bajísimas temperaturas. El viento constante y la falta de precipitaciones crean un entorno extremadamente hostil, muy parecido al Marte actual, especialmente en lo relacionado con el frío y la ausencia de agua líquida.
Aun así, se han identificado microorganismos viviendo en el interior de rocas, en el hielo y en suelos congelados. Estos hallazgos demuestran que la vida puede encontrar refugios incluso en los ambientes más extremos, reforzando la idea de que Marte pudo haber albergado vida microbiana en el pasado o conservarla bajo su superficie.
Río Tinto: un modelo químico de Marte
En el sur de España, el río Tinto ofrece un escenario muy particular: sus aguas son extremadamente ácidas y están cargadas de hierro, lo que les da su intenso color rojizo. Este entorno resulta especialmente valioso porque reproduce condiciones químicas similares a las que se cree que existieron en Marte hace miles de millones de años.
Lo más llamativo es que el río alberga abundante vida microbiana. Estas bacterias obtienen energía a partir de reacciones químicas con minerales, sin necesidad de luz solar. Este tipo de metabolismo es especialmente relevante para la astrobiología, ya que sugiere que la vida en Marte no habría dependido necesariamente de condiciones superficiales similares a las de la Tierra.
En definitiva, explorar los rincones más hostiles de la Tierra nos recuerda que la vida es extraordinariamente resistente. Y si ha logrado adaptarse a condiciones tan extremas en nuestro planeta, la posibilidad de que haya existido o exista vida en Marte deja de ser una simple especulación para convertirse en una cuestión científica cada vez más sólida.
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