Soy pediatra y ésta es la razón por la que prohibir el azúcar a tus hijos puede ser una mala idea
Una pediatra explica en redes qué debemos hacer con el azúcar y la alimentación de los niños
Un sorprendente estudio afirma que si los niños toman menos azúcar, podrían tener un corazón más sano de adultos
¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando dejas de tomar azúcar?

Cuando se trata de estar encima de lo que comen nuestros hijos, la preocupación por el consumo de azúcar es quizás, una de las primeras en surgir. Sabemos que es casi imposible que el niño te pida un poco de chocolate o que le compres chucherías de vez en cuando, pero cada vez son más las familias que debido al auge de la alimentación saludable, unido a las recomendaciones de organismos como la Organización Mundial de la Salud, optan por reducir e incluso eliminar por completo cualquier alimento dulce. Sin embargo, esa decisión, que parte de una buena intención, no siempre funciona como se espera.
La OMS recuerda que limitar los azúcares libres por debajo del 10 % de la ingesta calórica diaria ayuda a prevenir la obesidad infantil y la caries, y que reducirlos al 5 % puede aportar beneficios adicionales. Sin embargo, entre las recomendaciones sanitarias y la educación diaria hay un espacio delicado que muchas veces se resuelve de forma extrema: prohibir. Y ahí es donde empiezan los problemas. Eso es precisamente lo que denuncia la pediatra Diana Álvarez (@doctoradipediatra), que en uno de sus vídeos de Instagram ha planteado una reflexión que ya está dando que hablar. Su mensaje no cuestiona la importancia de comer sano, sino el efecto que las prohibiciones rígidas pueden tener en la relación de los niños con la comida y cómo en definitiva, prohibir a los hijos el azúcar puede ser una muy mala idea.
La razón por la que prohibir el azúcar a tus hijos puede ser una mala idea
En su vídeo explicando porqué deberíamos replantearnos el prohibir del todo el azúcar a nuestros hijos, la pediatra propone imaginar a Carla y Mateo, dos niños que comen de forma saludable en casa, con frutas y verduras presentes en su rutina, pero que sin embargo, al ser invitados a una fiesta de cumpleaños se comportan de una forma muy distinta.
Carla se queda pegada a la mesa de las chucherías, come con ansiedad y parece incapaz de separarse del azúcar. Mateo, en cambio, prueba un par de cosas, se va a jugar, come un poco de tarta y lo deja sin más. La fiesta, para él, no gira en torno a la comida. La pregunta aparece sola: ¿cómo es posible que dos niños con hábitos tan parecidos muestren comportamientos tan distintos?
Según Álvarez, la diferencia no está en lo que comen, sino en el mensaje que reciben en casa. En la familia de Carla, el azúcar está completamente prohibido y se presenta como algo dañino. Cuando los adultos lo consumen, se le insiste en que eso «no es para niños». En cambio, en casa de Mateo no hay dulces a la vista en el día a día, pero cuando aparecen en un contexto social se tratan con absoluta normalidad.
Por qué lo prohibido se vuelve deseado
Tal y como explica la pediatra, el motivo por el que los niños se comportan así es sencillo y es que «lo prohibido atrae». De este modo, cuando un alimento se convierte en un tema delicado, señalado o vetado, pasa a tener un valor emocional. Ya no es sólo comida; es un premio, un capricho, algo especial.
La pediatra recuerda que este mecanismo es tan humano como frecuente. Si un niño crece con la idea de que ciertos alimentos están «mal», «prohibidos» o «reservados para otros», es más probable que, cuando tenga acceso a ellos, los consuma con ansiedad. No porque «no tenga control», sino porque nunca ha tenido la oportunidad de desarrollar autorregulación.
Cuando la relación con la comida se complica
El riesgo va más allá de un atracón puntual en un cumpleaños. Esa forma de relacionarse con la comida puede asentarse como patrón y acompañar al niño hasta la edad adulta. Una visión de los alimentos basada en la culpa o en el deseo prohibido es terreno fértil para problemas como la pérdida de control, la obsesión por determinados productos o, en casos más graves, trastornos de la conducta alimentaria.
Mientras tanto, la evidencia científica mantiene claro su mensaje: reducir el consumo de azúcar libre es beneficioso para la salud, pero no a costa de generar miedo o ansiedad en torno a los alimentos. La OMS alerta de que, aunque la ingesta debe limitarse, el enfoque educativo es clave para que nuestros hijos aprendan a relacionarse con el azúcar, y con cualquier alimento, de manera equilibrada.
Cómo enfocar el azúcar sin convertirlo en un problema
Muchos expertos coinciden en que la solución está en combinar una base sólida de alimentación saludable con normalidad, coherencia y ejemplo. Tener frutas y verduras accesibles, reducir los productos azucarados del día a día y evitar discursos moralizantes suele funcionar mejor que la prohibición absoluta.
Y, sobre todo, permitir que los niños aprendan a escuchar su cuerpo. Dar espacio para que prueben, decidan y paren cuando estén saciados. Al final, educar en alimentación no consiste sólo en retirar alimentos, sino en ayudarles a construir una relación tranquila, natural y sin miedo con todo lo que forma parte de su dieta, incluidos los dulces de las celebraciones.
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