Las 3 señales que confirman si tu hijo es feliz o no en el colegio, según la psicóloga Rocío Ramos-Paúl
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El colegio es uno de los primeros lugares donde los niños aprenden a convivir, a relacionarse y a entender quiénes son fuera del entorno familiar. Para muchos, es un espacio en el que crecen con normalidad, pero otros viven cada día con más tensión de la que aparentan. Y eso, a veces, pasa desapercibido para los adultos. Los padres suelen fijarse en las notas, en si hacen los deberes o en si avanzan en lectura, pero no siempre en lo más básico, es decir, si están bien o si es feliz o no en el colegio.
A lo largo del curso escolar, algunos niños empiezan a mostrar pequeñas señales de que algo no marcha como debería. No siempre es un problema académico. Puede ser social, emocional o una mezcla de todo. Muchos no lo explican directamente porque no saben cómo hacerlo, o porque piensan que es mejor callarse lo que les pasas para no preocupar a papá o mamá. Por este motivo, la psicóloga Rocío Ramos-Paúl, conocida por su trabajo en Supernanny, ha explicado en Cadena Dial tres señales concretas que ayudan a los padres a detectar si su hijo es feliz en el colegio o si, por el contrario, está atravesando una situación que necesita atención.
Lo que cuenta al salir del colegio y cómo lo cuenta
Ramos-Paúl recomienda fijarse en el relato que hacen los niños cuando llegan a casa. No es sólo lo que dicen, sino el tono que utilizan. Si hablan del recreo, de con quién han jugado, de algo divertido que ha pasado en clase o de un proyecto que les motiva, suele ser buena señal. No hace falta que todo sea maravilloso; pueden contar algo triste o alguna pelea sin que eso indique un problema. Lo importante es que se sienten parte del grupo, que hablan de su día sin evitar el tema o cerrarse en banda.
En cambio cuando un niño no quiere contar nada, cambia de tema o responde siempre con frases cortas, puede ser una pista de que algo le incomoda en el colegio. La psicóloga recuerda que estas pequeñas conversaciones son la primera ventana para entender cómo se relacionan en su entorno escolar.
Atención a lo que los niños hacen por la mañana
La segunda señal aparece incluso antes de que salga de casa. Ramos-Paúl insiste en observar cómo afronta el niño la mañana. Quejarse por sueño es normal; lo hacen casi todos. El problema llega cuando hay resistencia de verdad y hace cosas como esconderse bajo la manta, negarse a vestirse, llorar o decir que le duele la tripa o la cabeza. Estos dolores, explica, suelen aparecer en niños que no se sienten bien en la escuela y funcionan como un reflejo del malestar. No siempre dicen «no quiero ir» de forma directa, pero el cuerpo lo dice por ellos.
Cambios de conducta que llaman la atención en casa
La tercera señal para saber si tu hijo es feliz o no en el colegio, está relacionada con el comportamiento general. Si un niño que antes era alegre se vuelve más callado, más irritable o salta con facilidad ante cualquier cosa, es una señal de alerta. También cuando se muestran más tristes, comen menos o duermen peor de lo habitual. Estos cambios pueden tener muchos orígenes, pero si coinciden con el inicio del curso o con una etapa difícil en el colegio, hay que prestarles atención. La psicóloga destaca que no siempre es culpa del centro escolar, pero sí indica que el niño está atravesando un periodo de dificultad que los padres no deben ignorar.
La importancia de la comunicación
Ramos-Paúl insiste en que estas señales ayudan, pero de nada sirven si no hay comunicación diaria. Recomienda reservar unos minutos cada día para preguntar sin prisas: qué tal el recreo, con quién han estado, cómo se han sentido. No tanto para saber si el examen ha ido bien, sino para entender cómo viven su día.
Ese pequeño espacio, dice, es lo que permite detectar variaciones, por pequeñas que sean. Si el niño empieza a mostrar alguna de estas señales, los padres pueden intervenir antes de que el problema crezca o se convierta en algo más serio.
Qué pueden hacer los padres cuando detectan alguna de estas señales
Detectar estos indicios es solo el primer paso. Cuando los padres observan que algo cambia en el comportamiento de su hijo, Ramos-Paúl considera fundamental no precipitarse ni sacar conclusiones rápidas. Lo primero es abrir una conversación sencilla, sin que el niño sienta que está siendo interrogado. A veces basta con un “te he notado más serio estos días” para que empiecen a hablar. Otras veces necesitan más tiempo y es clave no presionar.
Si el malestar persiste o las señales se repiten durante varias semanas, la psicóloga recomienda contactar con el tutor o con el orientador del centro. Muchas situaciones se pueden abordar con pequeños ajustes: sentar al niño cerca de un compañero con el que se lleve bien, revisar si tiene alguna dificultad académica o darle apoyo en momentos concretos del día, como el recreo o la entrada al aula.
También recuerda que no todos los problemas se resuelven en el colegio. En ocasiones, el niño puede arrastrar una preocupación externa que afecta a su conducta escolar. Por eso insiste en mirar el conjunto: casa, amigos, actividades y rutinas. La clave, señala, es no restar importancia a los cambios y acompañar al menor para que se sienta seguro mientras se encuentra la causa de su malestar.
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