El pulso de la droga en Baleares: 902 coches pasan por Son Banya en una sola noche
Los narcos se han modernizado y se han habilitado puntos de venta en la misma entrada del poblado.
El sistema de venta funciona al puro estilo McAuto, pero en lugar de repartir hamburguesas, reparten droga

Para la gran mayoría de la población, los fines de semana son sinónimo de ocio, diversión y desconexión. Para otros, en cambio, representan alcohol, agresividad, desfase y desenfreno. En este contexto, las drogas continúan desempeñando un papel clave en la vida nocturna de muchos mallorquines, con un punto de referencia bien definido: Son Banya, considerado el mayor supermercado de la droga de Baleares.
Durante un solo fin de semana, la facturación por venta al por menor —dirigida a clientes particulares— puede superar con creces los 175.000 euros en beneficios, según estimaciones basadas en datos contrastados. Un equipo de OKBALEARES ha llevado a cabo un exhaustivo trabajo de investigación a lo largo de varios días, cuyos resultados han sido corroborados por fuentes policiales conocedoras de la actividad que se desarrolla en la zona y algunos residentes.
En una franja horaria comprendida entre las 18.00 y las 02.00 horas, el equipo contabilizó un total de 902 vehículos accediendo al poblado para realizar compras de estupefacientes, lo que da una idea clara del volumen de negocio que se concentra en apenas ocho horas.
Según fuentes policiales consultadas para la elaboración de este reportaje, a cada vehículo se le atribuye una compra media de un gramo y medio de droga. Aplicando esta estimación, los 902 coches representarían aproximadamente 1.353 gramos de sustancia estupefaciente vendidos en una sola noche.
El precio estándar del mercado oscila entre 55 y 60 euros por gramo. Tomando como referencia el tramo más alto, los beneficios generados en esas ocho horas de intensa actividad alcanzarían los 81.180 euros en un solo día, una cifra que evidencia la enorme rentabilidad del narcotráfico en Son Banya y explica por qué este enclave sigue siendo un epicentro clave del tráfico de drogas en Baleares. A pesar de las redadas, el negocio prosigue.
Pero esta información apenas roza la superficie del problema. No refleja, ni de lejos, el auténtico corazón del negocio: las ventas a gran escala que manejan los clanes. Es ahí donde se mueve el verdadero dinero, lejos de la menudeo visible y del consumo continuado. Grandes partidas de droga circulan sin apenas obstáculos y se distribuyen directamente en puntos estratégicos de la Part Forana o en las principales zonas de ocio de la comunidad, donde la demanda es constante y el control, difuso.
Sin embargo, más allá de las cifras y los alijos, lo que realmente sacude y sorprende es el sofisticado y casi inquietante sistema de venta implantado por las nuevas generaciones de narcotraficantes. Un modelo que rompe por completo con la imagen clásica del tráfico de drogas. El método ha cambiado, pero el negocio se ha perfeccionado.
Antaño, las transacciones se realizaban en el interior de las chabolas del poblado, entre pasillos oscuros, miradas desconfiadas y puertas improvisadas. Hoy, esa escena pertenece al pasado. La venta ha salido al exterior, se ha organizado, se ha optimizado. Ahora, como si se tratara de un auténtico McAuto de la droga, se han habilitado puntos de venta en la misma entrada del poblado.
Un recorrido perfectamente delimitado por luces que guían el trazado, marcando el camino al comprador como si se tratara de un servicio rutinario, casi cotidiano. El cliente entra, sigue el circuito, realiza su pedido y recibe la sustancia sin bajarse del vehículo. Todo cronometrado, todo calculado.
El proceso completo dura menos de un minuto y cuarenta segundos. En ese breve lapso de tiempo se formaliza el encargo, se dispensa la droga y el cliente abandona el lugar sin levantar sospechas, sin detenerse, sin dejar rastro. Una cadena de suministro tan rápida como alarmante, que evidencia hasta qué punto el narcotráfico ha adoptado modelos propios de la economía moderna, priorizando la rapidez, la comodidad y la eficacia.
Un sistema que no solo demuestra la impunidad con la que operan estos grupos, sino que deja al descubierto una realidad cada vez más normalizada y peligrosamente eficiente.