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Los manteros se consolidan en la Plaza Mayor de Palma ante la indiferencia del alcalde socialista Hila

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La vuelta a la normalidad y la recuperación de la actividad turística en Palma durante la presente temporada, que ya encara su recta final, ha venido acompañada de una eclosión de la venta ambulante ilegal en los principales ejes urbanos de la ciudad.

De hecho, los manteros ya compiten, de igual a igual, con los comerciantes ambulantes legales instalados en la céntrica Plaza Mayor de Palma, donde el top manta se extiende y consolida su actividad ilegal. Sus bolsos, carteras, camisetas, zapatos… son unos productos más a la venta para los miles de turistas y residentes que transitan por esta zona de paso habitual del centro histórico de la capital balear ante la indiferencia del alcalde socialista José Hila.

Mientras el gobierno de coalición de PSOE, independentistas de Més y Podemos no perdona ni rebaja un euro los impuestos al pequeño comercio, asfixiado tras dos años de pandemia y que esta temporada al fin puede ir recuperando su nivel de actividad de los años previos a la pandemia, los vendedores ambulantes ilegales de toda clase de productos falsificados campan a sus anchas de una punta a otra de Palma.

Desde las zonas de primera línea de playa, los alrededores de la Catedral y en la Plaza Mayor, a escasos 150 metros del Ayuntamiento de Palma.

Todo ello ante la indiferencia de un gobierno municipal cuya concejala socialista de Seguridad Ciudadana, Joana Maria Adrover, sólo realiza actuaciones puntuales y esporádicas contra esta actividad ilegal. En la mayor parte de los casos en la Playa de Palma, y habitualmente dirigida al decomiso de bebidas, en general, latas de cerveza y botellas de agua. Sin embargo, son escasas, las actuaciones contra los manteros subsaharianos, en muchos casos, extremadamente violentos.

No hay operativos policiales especiales continuados de presión contra unos vendedores ilegales a los que vale de poco sancionar dado que las multas en general son incobrables.

Ya este verano y ante este crecimiento exponencial de esta actividad ilegal, la patronal del pequeño comercio Afedeco expresó su preocupación por este aumento de la venta de productos falsificados, ya que como apuntaba su presidente, Toni Gayà, «supone un agravio para el comercio local, con importantes pérdidas económicas y de puestos de trabajo. Basta que nos paseemos por las principales calles del centro de la ciudad para observar cómo ha proliferado la venta ambulante. Se trata de una práctica que debería ser perseguida y penalizada sin contemplación porque afecta directamente al sector comercial de nuestras islas».

Con el añadido de que, como remarcaban los afectados, el consumo y la comercialización de productos falsificados «tienen efectos muy perniciosos que sobrepasan las fronteras de lo económico y perjudican la protección del medioambiente, la preservación de la salud pública y el desarrollo del I+D en las empresas».

Cuando la temporada enfila ya la recta final, la actividad lejos de menguar se mantiene en alza y de poco han servido las propuestas aprobadas en el pleno por unanimidad de las formaciones del equipo de gobierno y la oposición, instando al aumento de la presión policial contra este fenómeno.

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