Lo conocen como la ‘pequeña Sevilla’ pero no está en Andalucía: el pueblo blanco lleno de flores y magia que enamora
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Ahora que acabamos de comenzar el mes de marzo, puede que estés pensando en la próxima celebración de la Semana Santa, e incluso planeando una escapada. Lo cierto es que destinos hay muchos, y seguro que Sevilla está en la mente de todos los que gusten de unas vacaciones más tradicionales, pero ¿quieres conocer el pueblo que muchos definen como la «pequeña Sevilla»? Está lleno de casas blancas y enamora.
Esta «pequeña Sevilla» sorprende además porque no está en Andalucía, sino al sur de Extremadura y no es otra que Zafra, ciudad de casi 17.000 habitantes que está situada en la provincia de Badajoz, a unos 75 kilómetros de la capital. Además está también cerca de la frontera con Portugal, algo que durante siglos marcó su papel dentro de la región, ya que por ella pasaban comerciantes, viajeros y peregrinos que recorrían la antigua Vía de la Plata, una de las rutas que son más históricas dentro del Camino de Santiago.
La «pequeña Sevilla» que enamora a todo el mundo
Zafra no es sólo conocida como la «pequeña Sevilla» por sus casas blancas y ambiente, sino que tiene también mucha historia. Su origen lo encontramos en la Edad Media y muy vinculada a la familia Suárez de Figueroa, señores de Feria, que impulsaron buena parte de las construcciones que terminaron definiendo la ciudad.
Uno de los nombres más repetidos cuando se habla de esta etapa es Lorenzo II Suárez de Figueroa, que fue el primer conde de Feria. Fue él quien continuó la muralla que había empezado su padre y quien ordenó levantar un alcázar que serviría como residencia para la familia. Y con el paso del tiempo fue cambiando, ampliándose y adaptándose a los gustos de cada época. Durante el siglo XVI, cuando la monarquía de los Austria dominaba el panorama político, el edificio ya tenía más aspecto de palacio que de castillo. El poder del linaje Feria creció bastante durante aquellos años. De hecho, uno de sus miembros llegó a ser nombrado duque y grande de España en 1567 por su apoyo al rey Felipe II.
Dos plazas que marcan la vida de Zafra
Quien llega por primera vez al centro histórico suele notar algo curioso ya qu ea diferencia de otras ciudades o pueblos, Zafra no tiene una plaza mayor como tal. En realidad, la vida de la ciudad gira en torno a dos plazas muy próximas entre sí. La primera es la Plaza Grande que durante siglos fue el espacio donde se movía el comercio local. En este lugar se encontraba antiguamente la iglesia de la Candelaria y, cuando el templo desapareció, la plaza fue ganando cada vez más protagonismo como punto de encuentro para comerciantes y vecinos.
Un dato curioso de esta primera plaza que destaca en Zafra, es que los soportales que rodean el espacio tenían una función muy práctica. Permitían instalar puestos protegidos del sol o de la lluvia, algo fundamental cuando el mercado llenaba la plaza de actividad. Y a muy pocos pasos aparece la Plaza Chica, que en realidad es aún más antigua. Durante la época medieval era el verdadero centro de la villa y aquí se celebraba el mercado semanal.
Todavía se conserva un detalle de aquellos tiempos que es la llamada Vara de Zafra, una marca grabada en una de las columnas que se utilizaba como referencia para medir mercancías. Y entre los edificios que rodean esta plaza hay uno que siempre llama la atención de los visitantes. Se trata de una casa con decoración gótico-mudéjar, reconocible por sus arcos entrelazados, que recuerdan claramente el pasado medieval de la ciudad.
Calles con encanto en cada esquina
Desde las plazas salen algunas de las calles más bonitas de Zafra. Una de las más conocidas es la Callejita del Clavel, una vía estrecha, blanca y llena de macetas que suele aparecer en muchas fotografías de la ciudad. Muy cerca está también la calle Boticas, donde se encuentra la llamada Casa del Ajimez, un edificio del siglo XV que destaca por su fachada de ladrillo y por una ventana decorada con arcos polilobulados. Durante siglos esta casa funcionó como botica. En su interior se almacenaban frascos, utensilios y preparados medicinales que se utilizaban para elaborar remedios. Con el tiempo el edificio tuvo distintos usos hasta ser restaurado.
El edificio que domina Zafra
Ya hemos mencionado lo más destacado de Zafra pero si hay una construcción que destaca sobre el resto es el antiguo palacio de los Duques de Feria. El edificio comenzó siendo un alcázar en el siglo XV, pero fue ampliándose con el paso de los siglos. Hoy es uno de los lugares más reconocibles de la ciudad y alberga el Parador de Turismo de Zafra. Antes de convertirse en hotel tuvo muchas vidas: fue cuartel, hospital, prisión e incluso centro educativo.
Esa mezcla de historia, arquitectura y ambiente es lo que hace que Zafra siga sorprendiendo a quienes llegan por primera vez. Un rincón extremeño que, sin estar en Andalucía, lleva años ganándose el apodo de la «pequeña Sevilla».