Blanqueando el chavismo por dinero

Blanqueando el chavismo por dinero

El régimen chavista venezolano acumula más de 18.000 arrestos por motivos políticos desde 2014, según Foro Penal. Más de 2.000 ocurrieron tras el pucherazo electoral de julio de 2024, incluyendo más de 200 niños y más de 100 extranjeros, entre los que se encuentran 20 españoles. Según los informes de Human Rights Watch (HRW), el número de personas asesinadas por ejecuciones extrajudiciales podría superar los 19.000. Tras las elecciones de julio de 2024, entre 23 y 28 manifestantes fueron ejecutados a sangre fría por disparos de las fuerzas de seguridad o los grupos armados progubernamentales, denominados colectivos, incluidos 2 niños. En los centros de detención como el famoso Helicoide y otros, están documentados miles de casos de tortura sistemática, consistentes en descargas eléctricas en genitales, asfixia, palizas, ejecuciones simuladas y violencia sexual, incluidas violaciones. Casi 8 millones de venezolanos han huido del chavismo, lo que supone casi un tercio de su población. Estos datos reflejan un patrón sistemático de represión, clasificado como crímenes contra la humanidad por la ONU.

Dictaduras criminales, asesinas y torturadoras como la venezolana no se sostienen solas, necesitan cómplices. A veces militares, a veces burócratas, y muy a menudo intelectuales y políticos dispuestos a mirar hacia otro lado, siempre a cambio de algo. Aparentemente blanquean la represión por sectarismo ideológico, pero en cuanto se escarba, al final siempre acaba apareciendo el interés material, que es lo único que en realidad les motiva para manchar sus manos de sangre de víctimas inocentes. El Gobierno de España, por desgracia, lleva demasiados años jugando a la equidistancia moral con el chavismo, como si la miseria, el exilio forzoso y la persecución política fueran simples contextos complejos que invitan a la comprensión y no a la condena. Mientras el chavismo se aferra al poder entre corrupción sistémica y violencia institucional, aquí seguimos escuchando discursos sobre diálogo, mediación y comprensión cultural. Pero esta postura esconde, en realidad, intereses económicos de los socios y aliados de Pedro Sánchez.

El primero de ellos es José Luis Rodríguez Zapatero, convertido desde hace años en una especie de embajador del chavismo, que nunca ha sido un mediador neutral, sino un intermediario de cara amable para un régimen necesitado de legitimidad internacional. El entorno de Donald Trump considera a Zapatero como el «máximo referente global» del intento de blanqueamiento de la dictadura en foros internacionales y la oposición venezolana entiende que es cómplice del chavismo. Sin representar oficialmente a España, ha ejercido como mediador designado por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y ha acudido a las elecciones como observador internacional. Su papel ha servido para confundir a la opinión pública y blanquear a una élite chavista que jamás ha mostrado intención real de abandonar el poder. A cambio, son conocidos los negocios que sus hijas han llevado a cabo en Venezuela y, además, Hugo El Pollo Carvajal, ex jefe de los servicios de inteligencia venezolana, confirmó ante la Audiencia Nacional que Zapatero poseía una mina de oro en Venezuela.

Si Zapatero aporta el blanqueamiento internacional, otros socios de Pedro Sánchez vinculados a Podemos ofrecen la coartada ideológica. El vínculo del partido morado con el chavismo es estructural, porque la fundación de Podemos no se explica sin la financiación chavista obtenida a través de su Fundación CEPS y todo tipo de trabajos remunerados, con más excusas que justificaciones. Desde los 7 millones de euros firmados por Hugo Chávez para «crear consensos de fuerzas políticas y movimientos sociales, propiciando en ese país cambios políticos aún más afines al gobierno bolivariano», hasta los 425.000 euros entregados a Monedero por un supuesto informe sobre una hipotética moneda común para Latinoamérica, que jamás pudimos ver. Cuando ahora los dirigentes de Podemos atacan a Donald Trump por haberse llevado a Maduro a los juzgados estadounidenses, justificando toda la sangrienta represión del régimen chavista, nadie puede olvidar todo el dinero que les han dado.

Venezuela no es un debate académico ni un tablero ideológico: es un drama humano con millones de exiliados, familias rotas y generaciones enteras condenadas a la pobreza. Cada vez que algún socio de Pedro Sánchez blanquea al chavismo, no está siendo neutral ni progresista, sino que se está poniendo del lado de los verdugos. No hay nada más reaccionario ni menos progresista que defender a una dictadura a cambio de su dinero.

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