El sospechoso del asesinato de Laura intentó escapar cuando fueron a detenerle

Laura Luelmo
La Guardia Civil custodia la casa número 1 de la calle Córdoba de El Campillo (EFE).

Le vigilaban desde el principio y hoy, tras reunir una serie de indicios en su contra, fueron a por él. Bernardo Montoya huyó a la carrera en cuanto vio a los guardias que finalmente le atraparon a las afueras del pueblo tras una fuerte resistencia. Los guardias, como adelantó el programa “Buenos Días Madrid” de Telemadrid, habían hablado con él desde el principio de la investigación y le tenían relativamente controlado ya que su perfil le ponía en el disparadero de los investigadores.

Montoya había salido de prisión tan sólo hace dos meses, en octubre, tras encadenar una condena por homicidio y dos por robos con extrema violencia y todos con el mismo perfil: sus víctimas siempre eran mujeres. Okdiario ha podido reconstruir su historial delictivo completo, un historial con el que se podría empapelar las paredes de un juzgado entero.

Su carrera delictiva se remonta a 1994 cuando ya fue detenido por varios robos con fuerza. En 1995 fue condenado por matar a una anciana de 81 años por venganza. Primero la apuñaló en el cuello durante el asalto a la vivienda de la víctima. La mujer sobrevivió y él fue detenido pero cuando salió en libertad provisional hasta el juicio aprovechó para matarla en venganza por delatarle. EL castigo le supuso 18 años de cárcel que no le valieron de mucho ya que en 2008 intentó agredir a otra mujer con una navaja para robarle cuando la víctima paseaba con su perro. Ésta vez Bernardo le clavó el cuchillo al perro y la víctima consiguió escapar y denunciarle. Ya en 2015 volvió a protagoniza dos robos con violencia en Cortegana (Huelva) y contra dos mujeres. Las asaltó en dos días consecutivos a una en su vivienda y a otra en la calle para robarle la cartera, una de ellas tenía 85 años y le identificó. Fue su último delito conocido hasta la fecha en una carrera delictiva gemela a la de su hermano mellizo Luciano.

Finalmente Bernardo Montoya salió de la cárcel en octubre y regresó al pueblo donde residía su familia. Desde el principio despertó los recelos de Laura Luelmo que terminó comentando que le daba “mala espina” ver cada día como Bernardo pasaba las horas sentado en la puerta de su casa sin quitarle ojo de encima.

Bernardo fue una de las primeras personas con las que hablaron los investigadores, que esperaban la llegada de pruebas y análisis de criminalística para reunir argumentos suficientes para interrogarle como sospechoso. Ahora tendrán 72  horas antes de soltarlo o acusarle y pasarle a disposición judicial. Mientras buscan las zapatillas o el móvil de la víctima que no se ha encontrado en los escenarios del crimen.

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