Italia prohibirá la carne de caballo al considerarlo animal de compañía: España mantiene su consumo
La carne equina es magra, rica en proteínas de alto valor biológico y contiene hierro hemo, vitaminas del grupo B y un bajo contenido en grasa saturada

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La carne de caballo ha sido tradicionalmente consumida en varios países europeos por su perfil nutricional, pero hoy se encuentra en el centro de un debate ético y legislativo. En Italia, un proyecto de ley impulsado por Michela Vittoria Brambilla, y apoyado por iniciativas de Susanna Cherchi y Luana Zanella, busca prohibir su consumo al considerar a los equinos animales de compañía. La propuesta ha iniciado su tramitación en la Cámara de Diputados y refleja un cambio social creciente hacia la protección de los caballos y la reducción de su explotación.
¿Es saludable la carne de caballo?
Desde el punto de vista nutricional, la carne equina es magra, rica en proteínas de alto valor biológico y contiene hierro hemo, vitaminas del grupo B y un bajo contenido en grasa saturada. Estas características la han hecho apreciada en dietas equilibradas y en contextos clínicos donde se requieren proteínas de fácil digestión. No obstante, su consumo debe proceder de canales controladas sanitariamente, como cualquier otra carne, para evitar riesgos microbiológicos o de trazabilidad.
El impulso legislativo en Italia responde menos a criterios de salud que a una evolución cultural: cada vez más ciudadanos consideran al caballo un animal de compañía y no un alimento. Este cambio de percepción se suma a preocupaciones sobre bienestar animal y transparencia en la cadena alimentaria, especialmente tras polémicas europeas sobre etiquetado cárnico en la última década.
En este país el consumo se ha reducido considerablemente, pasando de más de 70.000 al año en 2012 a aproximadamente 22.000 en 2024.

¿Qué hace España?
En España, el consumo de carne de caballo sigue siendo legal y está regulado por estrictos controles veterinarios y de trazabilidad. Aunque su ingesta es minoritaria, España destaca como uno de los principales productores y exportadores europeos de carne equina, con destino sobre todo a países donde existe mayor tradición gastronómica. Las autoridades sanitarias españolas la consideran apta para el consumo humano cuando cumple la normativa, mientras el debate social sobre su consideración como alimento o animal de compañía continúa siendo limitado en comparación con otros países.
Entre nutrición, ética y legislación
El caso italiano refleja cómo las decisiones alimentarias ya no dependen solo de criterios nutricionales, sino también de valores sociales y culturales en evolución. La carne de caballo, saludable desde el punto de vista dietético, se sitúa así en una encrucijada entre tradición gastronómica, sensibilidad animal y nuevas orientaciones legislativas que podrían redefinir su futuro en Europa.
La carne de caballo es una carne roja magra con un perfil nutricional diferenciado respecto a otras carnes de consumo habitual. Presenta un alto contenido en proteínas de elevado valor biológico (aprox. 20–22 g/100 g), necesarias para el mantenimiento y reparación de tejidos, y un bajo aporte lipídico total, que suele situarse entre 2 y 5 g/100 g dependiendo del corte y la alimentación del animal.
En términos de calidad de la grasa, destaca por su menor proporción de grasas saturadas y una mayor presencia relativa de ácidos grasos poliinsaturados, incluidos omega-3 y omega-6, lo que contribuye a un perfil lipídico potencialmente más favorable desde el punto de vista cardiovascular. Además, aporta hierro hemo en cantidades relevantes (alrededor de 3–4 mg/100 g), con alta biodisponibilidad, lo que la convierte en una opción interesante para personas con riesgo de anemia ferropénica.
Desde el punto de vista vitamínico, es rica en vitaminas del grupo B, especialmente B12, B6 y niacina, implicadas en el metabolismo energético y en la función neurológica. Su contenido en colesterol es moderado (aprox. 50–60 mg/100 g), similar o inferior al de la carne de vacuno magra. También aporta minerales como fósforo, zinc y selenio, esenciales para el sistema inmunitario y el metabolismo celular.
Tecnológicamente, la carne de caballo presenta una mayor concentración de glucógeno muscular que otras carnes rojas, lo que explica su sabor ligeramente dulce y su color rojo intenso por mayor contenido en mioglobina. Su pH final suele ser algo más alto que el de la carne de vacuno, lo que influye en su textura tierna y en su comportamiento durante la maduración y cocinado.
Contexto y evolución reciente
La cifra de sacrificio de equinos en España se sitúa en torno a las 30.000–35.000 cabezas anuales en los últimos años, con ligeras variaciones según el mercado y las exportaciones.
España es uno de los principales países de la UE en producción y exportación de carne equina, aunque el consumo interno es relativamente bajo y desigual por razones culturales.
La mayor parte de la carne de caballo producida en España se destina a exportación, sobre todo a países donde su consumo es más habitual (Italia, Francia o Bélgica).