La última bala de Sánchez: que PP y Vox no se entiendan

Palomo Sánchez
  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

El último debate parlamentario permite describir hasta qué punto ha llegado la degeneración de un poder presidencial al que ya nadie respeta, hasta el punto de que su mejor defensor es el atrabiliario Gabriel Rufián.

Sánchez se mueve físicamente como si en su cuerpo mandase otro y sus gestos y risas impostadas demuestran que las neuronas le patinan. Sólo le sostiene el miedo, incluso entre sus propias mesnadas que, pese a todo, continúan haciendo de tripas corazón y asisten en silencio a lo que perpetra el conducator.

La decrepitud política del sanchismo no es algo que se perciba sólo en España. Su antiguo perfume internacional se ha ido evaporando como los malos desodorantes. Ni siquiera en el cónclave convocado por Meloni entre los grandes de Europa ha sido llamado don Pedrone, el de los prostíbulos. Sánchez sólo puede moverse ya, y con mucha seguridad, en el territorio baldío de los marginales. Sus pares de la Unión Europea, no digamos de EEUU, hace tiempo que le tomaron el teléfono correcto y conocen que baila en un alambre incapaz ya de poder sostenerse. No se puede engañar a todos durante todo el tiempo. El listillo ha quedado exclusivamente para la chacota y los memes.

Mientras la incertidumbre socialista interna va en aumento, Pedro Sánchez se aferra al clavo ardiendo que supone la falta del siquiera mínimo entendimiento en el bloque de la derecha. El mensaje es claro: si el Partido Popular y Vox son incapaces de alcanzar consensos básicos sobre asuntos clave de la gobernabilidad cómo demonios van a poner los ciudadanos conscientes el destino de la nación en sus manos. En cambio, si Feijóo y Abascal se dan un abrazo por conveniencia, Sánchez y su maquinaria de poder fáctico (que lo tiene pese a todo lo ocurrido durante ocho años) entrarán a saco dando alaridos por doquier acerca de los malos «ultraderechistas» (sic) que acabarán con vidas, libertades y haciendas.

De esto último el sanchismo ya no está muy seguro. Baste con echar una mirada a la Italia de Giorgia Meloni.

La bala de plata del mayor desvergonzado presidente que han parido estas tierras (sin olvidar al cuitado Zapatero y el enloquecido Aznar) es, sin duda, que hoy María Guardiola y Abascal no logren formar gobierno en Extremadura y que, también hoy y ya, Jorge Azcón y Abascal no suscriban un pacto de mínimos para otear en los próximos cuatro años el futuro de Aragón.

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