El talento de los Sánchez Gómez

El talento de los Sánchez Gómez
  • Clara Zamora

Imaginen un grupo de ilustrados españoles del siglo XXI (¿es esto un anacronismo?) reunidos para decidir a quién otorgar los premios nacionales a la virtud y al talento. Uno de ellos propone que se entregue a alguien del ámbito político, para variar un poco. Se crea un silencio incómodo. Un valiente se atreve a insinuar que los premios deben ir destinados a personas dotadas de valor heroico, que hayan demostrado una conducta irreprochable. A fin de levantar el espíritu público, otro adelantado dice de forma concluyente: “El premio al talento debe ser para Gómez, la incansable aspirante a primera dama: su capacidad para hacer el ridículo es puro talento natural”.

El aforo completo está de acuerdo en que la suavidad, el saber estar y la mínima sofisticación requerida para liderar no acompañan al matrimonio Sánchez Gómez. Reconocen que se esmera; lo intentan y lo vuelven a intentar, pero la composición que forman sólo destaca por sus duras formas geométricas, sin armonía. Los ingleses, cuyo protocolo es como una radiación electromagnética, lo aprecian a la velocidad del rayo. “La inteligencia es muy útil, mirar con atención e imitar conductas podría haber sido un camino digno para que Gómez hubiera sabido estar en su sitio en Buckingham Palace, pero entonces no podríamos ensalzar aquí su talento natural para el desatino”. Esta rotunda afirmación altera el ambiente, toses, ruido de sillas, cierto movimiento general muestra los matices incómodos que provoca la acertada apreciación. El reconocimiento parece, pues, general y evidente.

Siguiendo con la reunión de ilustrados, el presidente solicita estimables dotes críticas y serenidad de juicio. Insiste en que expongan bien los argumentos, que no desea entregar el premio al talento de forma ligera. Recuerda que debe ser una cuestión de erudición y de buena ley, que no quiere amenguar el prestigio y la severidad histórica que tienen los premios que están fallando. Uno de los veteranos interviene: “Con razón puede felicitarse a la Sra. Gómez por su profundo estudio y mérito sobresaliente a la capacidad de percibir de manera intuitiva los comportamientos inconvenientes. Considero todo un talento reiterar de manera lógica y conforme a su buen juicio esa insistencia en lo inadecuado, en lo molesto, en lo lamentable, en lo improcedente”.

Otro ilustrado un poco más joven interviene a continuación con serenidad, exponiendo que ese premio se le debió dar con anterioridad a alguna otra mujer de presidente y que nunca se le concedió a ninguna. En ese momento, llaman a la puerta y entra un criado con una bandeja de plata llena de cafés humeantes: “A relaxing cup of café con leche?” El presidente asiente y vuelve a fijar la atención en las exigencias de la convocatoria. “Realmente, sólo hace el ridículo en palacio, ya sea español o inglés. Debe ser que los brillos dorados la superan por un efecto óptico en el rubio artificial de su melena”. Varios componentes del jurado ven esta apreciación como acertada y las posibilidades de consenso en la concesión del premio aumentan.

El triunfo que alcanza la malicia es parecido al que en el paraíso alcanzó la serpiente astuta. Gómez y su talento para el ridículo son parte de la gloria de su marido, el presidente en funciones. Conspiran todos los elementos, hacen liga los astros entre sí, se alían la razón, el apetito y el riesgo y, en la osadía por el camino de la fuga, el premio al talento 2019 se concede a Gómez, la mujer de Sánchez. El presidente se lo comunica por llamada telefónica. Ella rehúsa al principio por el dulce trato, presiente el ruido de alguna extraña cadena; pero, después de intentar una resistencia exasperada, puede más su ansia de grandeza: un premio es un premio, así que lo agradece y promete recogerlo entre aplausos y banderas. Llueve en Madrid mas Gómez y Sánchez bailan, para agitarse y no dar motivo al disgusto, como hacen cada vez que meten la pata. Otra virtud, ¿no les parece?

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