Sigue el rastro del dinero

Sigue el rastro del dinero

Follow the money” o “sigue el dinero” es un famoso mantra en Wall Street. Significa que uno debe comprar las acciones, índice, divisa o materia prima que está atrayendo el dinero institucional. A partir de 2009, este dicho cambió un poco de significado ya que uno no debía observar dónde se concentraban las instituciones sino los bancos centrales. Los bancos centrales favorecían acciones y bonos por lo que ahí fue el dinero. No obstante, en septiembre de 2010, esto no estaba tan claro. En aquellos momentos se dudaba mucho de la efectividad del QE o la impresión de dinero por parte de la Reserva Federal y hasta llegó a ser el consenso que el mundo iba directo a una doble recesión —2008 y la fallida de 2010—.

Cuando el miedo y las dudas se palpaban en el mundo financiero llegó David Tepper, un relativamente modesto gestor de fondos americano, y dijo en la CNBC que había que comprarlo todo —se refería a renta variable estadounidense—. Explicó que las opciones eran que la economía mejorase con las ayudas monetarias que ya tenía o que la economía no mejorase. Que en tal caso, la Reserva Federal imprimiría más dinero. El resultado de las dos opciones: la renta variable se vería beneficiada. No erró en su predicción y se convirtió en uno de los gestores mejor remunerados de Estados Unidos, ganando más de 400 000 dólares/hora en 2013 según Bloomberg.

Fue una explicación sin tecnicismos, sólo apelando al sentido común y extremadamente provechosa. Podríamos pensar ahora lo lógico que era y lo fácil que hubiera sido venderlo todo y comprar renta variable americana pero lo pasado, pasado está. Sin embargo, hoy nos encontramos en la situación inversa. La Reserva Federal está subiendo los tipos de interés y planea reducir su hoja de balance —imaginemos lo contrario a imprimir dinero—. Básicamente, si Tepper volviera a pronunciarse concluiría que si la economía empeora y la Reserva Federal se queda sin hacer nada a ver qué pasa —lo más probable—, la renta variable sufra. Si, en el otro caso, la economía sigue mejorando, la Fed, seguirá subiendo tipos y absorbiendo liquidez vía la reducción de su hoja de balance, lo cual será negativo para las acciones estadounidenses.

Realmente, la Fed quería una bolsa alcista en 2010. En el presente, quiere desacelerar la subida para que no haya desequilibrios o burbujas —ya las hay— que más tarde puedan causar una grave recesión. El banco central de Reino Unido está en las mismas y el europeo y japonés un paso por detrás pero a punto. El problema es que un descenso tranquilo y controlado en los mercados, del gusto de los bancos centrales, es muy poco probable. Uno porque las caídas bursátiles nunca son calmadas correcciones. Dos porque desde 2009 ha habido un cambio estructural en las bolsas mundiales que dejan poca posibilidad a caídas controladas.

Desde que Warren Buffet convenciera a una gran parte de los inversores americanos de que la inversión pasiva es la mejor, éstos han cambiado rápidamente a sus gestores por fondos pasivos. La inversión pasiva se basa en invertir en un fondo que replique a un índice como el Ibex 35, Dow Jones, Nasdaq o S&P 500. Teniendo en cuenta que, según Morningstar, un 92,2% de gestores tienen rentabilidades menores a los índices y cobran una pequeñísima fracción de lo que cobran los fondos pasivos, el consejo de Buffet es muy acertado. Ahora, al tener tantas ventajas, este tipo de inversión se ha masificado y todo el mundo, hasta los propios gestores, invierten en un fondo pasivo de algún índice o índices. El problema es que cuando empiece un mercado bajista como el que parece que quieren empezar los bancos centrales, las caídas van a ser espectaculares porque todo el mundo tiene invertido en lo mismo. Por lo que, el consejito del día es que vendas antes de la estampida.

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