El sanchismo es una secta peligrosa

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Las declaraciones de varios ministros de Pedro Sánchez contra Felipe González, invitándole a irse del partido después de que el ex presidente anunciara que votará «en blanco», y el ataque del titular de Transformación Digital y líder de los socialistas madrileños, Óscar López, contra el fallecido ex presidente socialista de Aragón Javier Lambán son el retrato más cabal del grado de vileza que se ha instalado en el sanchismo y el nivel atroz de sectarismo de sus dirigentes.

Ya no sólo es condenable su intento de laminar cualquier discrepancia en el partido, sino los métodos mamporreros empleados por parte de una cuadrilla de mediocres apesebrados que se comportan como matones de una secta para estigmatizar a cualquiera que ose cuestionar al líder.

Escuchar a Óscar López criticar a Lambán o a Ángel Victor Torres arremeter contra González provoca vergüenza, porque nunca personajes tan menores se atrevieron a enmendar burdamente -sirviéndose de sus inmerecidas poltronas- a quienes fueron referentes de un PSOE que, comparado con el actual y dicho desde las antípodas ideológicas en las que se sitúa OKDIARIO, es como comparar la noche y el día, las sombras y las luces.

Lo peor, en todo caso, es que se recrean en la vileza y rompen cada día el suelo de su dignidad perdida, convertidos -por un miserable plato de lentejas políticas- en lacayos del sanchismo. He aquí el problema: la figura de Pedro Sánchez lo ha degradado todo y ha cubierto de mugre todo el entramado institucional, volando los puentes de la convivencia y convirtiendo en una ciénaga lo que antes eran espacios de discrepancia y de pluralidad política. Lo que venía a ser la democracia, ahora secuestrada por los «tonton macoute» de Sánchez, los patanes milicianos de un autócrata con ínfulas que, al presentir su final, se revuelve contra todo y contra todos. Éste el PSOE actual y no hay más. Y lo peor de todo es que son extremadamente peligrosos.

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