Sánchez, váyase a casa

Sánchez, váyase a casa
  • Rosa Díez

Ahora que se hacen tutoriales para todo, alguien debiera aprovechar la última comparecencia de Sánchez para hacer un tutorial sobre cómo evitar hacer el ridículo durante cuarenta y cinco minutos de discurso en prime time.

La impostura habitual, la gesticulación ensayada, la recuperación del mantra “vosotras y vosotros”, “trabajadoras y trabajadores”…, la ausencia de contenido concreto, la fraseología hueca habitual en todas las soflamas de Sánchez desde que decidió reconocer una crisis que se ha mostrado incapaz de doblegar, llegó el sábado día cuatro de abril acompañada por una retahíla de frases entresacadas de discursos de lideres políticos de verdad a los que él parafraseaba sin citarles, no se si pretendiendo hacer pasar por suyas todas y cada una de las palabras que en el pasado salieron de la boca de personas que tenían algo dentro de la cabeza. Aunque quizá, con el atrevimiento que caracteriza la ignorancia, creyó que las citas eran originales de Redondo y, por tanto, pasarían a ser suyas, que para eso le paga…

Lo peor que le puede ocurrir a una persona que habla en público es hacer el ridículo. Justo eso es lo que ha terminado por pasarle a Sánchez, un personaje borracho de soberbia, un tipo que lo más cerca de leer un libro que ha estado es leyendo la contraportada de alguno; un personaje que ni siquiera leyó las “memorias” que le  escribió su negra de entonces, un tipo sin cultura ni preparación, incapaz de aprender de quienes saben, tan sobrado de si mismo que parafrasea a Kennedy sin nombrarlo, tan ridículo que se pone a explicar el significado de la arenga “sacrificio”, “resistencia”, “moral de victoria”…, como si se le hubiera ocurrido a él.

Desde que empezó a lanzar soflamas bolivarianas  Sánchez ha venido construyendo sus discursos con frases tomadas de lideres políticos de verdad, desde  George W. Bush hasta W. Churchill para acabar, de momento, en F.J. Kennedy. Todo el mundo tiene derecho a recoger reflexiones de otros –citando al autor-  e incorporarlas al discurso propio; el problema es cuando el discurso “propio” es un copy paste de los discursos de otros, cuando se ignora el contexto de los mismos y, lo que es peor, cuando se llega a pensar que como son producto de la factoría Redondo, esas palabras le meterán en la historia… Ahí es cuando aparece retratado en su inmensa ridiculez.

Los españoles tenemos un problema de una enorme envergadura. En medio de la peor crisis que ha conocido la democracia española estamos gobernados por una pareja tóxica formada por Sánchez e Iglesias, unos tipos que toman decisiones supeditadas a su sectarismo, que actúan con una total falta de humildad y con una gran soberbia.  Cuando dentro de un par de generaciones alguien lea la historia de este momento de España, -porque se escribirá le pese a quien le pese- la gente se preguntará como fue posible que, habiendo tanto talento en nuestro país, en un momento tan crucial estuviéramos gobernados por gente tan tonta… Porque no solo es que sean incapaces de articular un discurso autónomo, propio: es que son incapaces de hacer nada bien. Y mira que es la única vez en la que nadie le hubiéramos echado en cara a Sánchez que copiara lo que otros países habían hecho, que copiara de los mejores y que copiara bien. Pues ni eso.

No puedo creer que no haya nadie en el entorno de la pareja tóxica capaz de decirle a Sánchez alguna verdad, por incomoda que pueda parecer. No me cabe en la cabeza que entre los centenares de asesores a los que paga no haya nadie que le pueda explicar por qué las palabras de Kennedy o de Churchill fueron catárticas para norteamericanos y británicos cuando ellos las pronunciaron y suenan ridículas en su  boca. ¿Nadie puede explicarle que no se puede impostar el liderazgo, que si sobreactúa durante tanto tiempo acaban pillándole por mucha propaganda que le hagan todos los canales y terminales mediáticas a las que engrasas con el dinero de todos los españoles? ¿Nadie puede explicarle que Churchill y Kennedy eran creíbles porque hablaban con el corazón y con la cabeza, porque habían elaborado un pensamiento propio, porque sabían lo que querían decir a su pueblo, porque habían forjado el liderazgo con la acción y no en una factoría de marketing, porque además de hablar actuaban y se ponían por delante de la gente para afrontar los retos del momento, porque no utilizaban las palabras para justificarse o esconderse sino para dirigir a sus pueblos? Las palabras de Bush, Kennedy o Churchill suenan ridículas en boca de Sánchez porque reflejan  impostura, suenan a copia barata, a estratagema de marketing, a cálculo electoral, a intento de zafar su responsabilidad, a pretensión de aparecer como lo que no es. Es una verdadera lástima tener al frente el Gobierno a un personaje con la cabeza tan vacía como las estanterías de las farmacias en las que debiera de haber guantes, mascarillas, geles, alcohol…

Finaliza la semana con más de 12.000 muertos. Muchas vidas arrebatas que podían haberse salvado si quien dirige la acción del Gobierno hubiera hecho lo que debía, si hubiera actuado a tiempo, si hubiera puesto en marcha los mecanismos de prevención y protección que otros países han movilizado. No pueden escudarse en el “no lo sabíamos”; porque lo sabían y decidieron actuar como si no pasara nada. Nos mintieron todo el tiempo y sobre todo; improvisaron e improvisan; se contradicen a cada paso (no a geles, mascarillas y guantes… hasta que de repente son imprescindibles aunque no haya stocks porque no se han preparado ni siquiera para eso); dejan que les birlen en un aeropuerto las compras imprescindibles para nuestros hospitales; se pavonean de sus propias errores y mentiras (fuimos los primeros en establecer confinamientos, como si fuera un logro y no la lamentable consecuencia de no haber actuado a tiempo para evitarlo, como Alemania, como Corea….); seguimos sin saber cuantos millones de españoles estamos contagiados o hemos superado en nuestra casa el COVID-19 porque aún no hay test; mienten cuando afirman que todos los sanitarios están protegidos y han provocado que todos los colectivos sanitarios unidos hayan salido a exigir verdad y eficacia; mienten cuando afirman que las fuerzas del orden público tienen todos la debida protección… Mienten todo el rato, a todos y sobre todo.

Y con este panorama va Sánchez y se atreve a parafrasear  a Kennedy y a pedirnos que pensemos en lo que podemos hacer cada uno de nosotros por nuestro país. Mire, Sr. Sánchez, cada uno de los españoles, desde el que se queda confinado en casa para no contagiar ni contagiarse hasta el que nos trae la compra, el que trabaja en el campo, el que cuida a los enfermos, el que protege nuestra seguridad, el que transporta alimentos y medios imprescindibles, el que nos atiende en la farmacia… todos y cada uno de los españoles ya están haciendo lo que es mejor para su país. Los únicos que han priorizado sus intereses personales e ideológicos sobre los intereses del país son ustedes, señores y señoras del Gobierno de España. Así que aplíquese el cuento, actúe  en consecuencia y váyase a casa. Sr. Sánchez, deje el Gobierno en manos de un grupo de personas con capacidad de liderazgo y con conocimiento contrastado para tomar buenas decisiones. Haga algo bueno para el país: váyase a casa, Sr. Sánchez.

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