Sánchez no quiere luchar contra la corrupción

Sánchez no quiere luchar contra la corrupción

Toda la secuencia que justificó la moción de censura se realizó en nombre de la corrupción. Un noble motivo, especialmente cuando su promotor pertenece a un partido, el PSOE, que ha protagonizado algunos de los casos de corrupción más notorios de nuestra democracia reciente. Abanderar una causa así implicaba por parte de los socialistas un serio propósito de enmienda, que sin duda celebramos. Pero de esta lucha no queda rastro en el programa que el presidente Sánchez acaba de presentar, salvo en dos medidas de aparente menor calado: una nueva Ley Integral de Protección de Testigos, Informadores y Denunciantes y la eliminación del artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Estas propuestas permitirían iniciar acusaciones con mayor facilidad –con mayor opacidad también– y suprimir los plazos máximos de las instrucciones; en la práctica, las causas pueden alargarse sin fin. Dos medidas que, en manos de un Gobierno arbitrario, le otorgarían un enorme poder discrecional sobre la sociedad civil.

Esta noticia es la enésima confirmación de que Pedro Sánchez es un político sin ideología ni rumbo. El único objetivo que mueva al actual inquilino de La Moncloa es la acumulación del poder; hacia ello mueve todos sus esfuerzos. Por ejemplo, con una política de pactos, presentes y futuros, que pueden poner en serio peligro el orden constitucional y la unidad de España.

España se encuentra en una situación de relativa, por frágil, bonanza económica. Ello es lo que mantiene nuestro día a día a flote. Pero en toda Europa comienza a notarse ya una desaceleración que, de confirmarse, nos afectaría especialmente; recordemos que aún no hemos terminado de salir de la crisis en términos de empleo. Si a todo lo dicho, que no es poco, le sumásemos la agudización del conflicto territorial y políticas de extrema izquierda en todos los órdenes, fruto de una alianza con Podemos, la tormenta sería perfecta. Produce pavor de solo pensarlo, pero es un escenario que puede cumplirse punto por punto. El próximo día 28 hay que votar con la cabeza, con el corazón y con la cartera.

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