Candilazos

Revival de la sátrapa de Cabra

Revival de la sátrapa de Cabra

Tras la trilogía del filibusterismo monclovita, la probatio diabolica y el hembrismo autoritario de la pasada legislatura, Carmen Calvo vuelve a asomarse a esta ventana. Y lo hace a lo grande como ingeniera del mayor golpe perpetrado a la Democracia en 40 años. Tanto es así que el miércoles pasado en un corrillo con periodistas en el Patio de Floridablanca del Congreso la vicevogue soltó que la elección de los jueces por los propios jueces en el cupo que permite la Constitución, como viene defendiendo sin éxito Ciudadanos, es «menos democrática» que la designación de los togados por las Cortes. ¡Toma separación de poderes! Vivan las cadenas y mueran los negros (liberales).

El neoabsolutismo de la sátrapa de Cabra ha llegado a su clímax con la pretensión socialcomunista de rebajar la actual mayoría reforzada y pasarse el consenso constitucional por la entrepierna para tomar por asalto el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Lo de esta semana es una intentona para controlar el Supremo al más puro estilo golpista de la Venezuela de Chávez en 2004. Sí, el mismo Tribunal que tiene que pronunciarse sobre los tres presuntos delitos de Pablo Iglesias en el caso Dina y que preside Carlos Lesmes, el mismo con el que despachó el líder podemita en el Patio de Armas del Palacio Real el pasado 12 de octubre. Recuerdan la bronca de De la Vega a la presidenta del TC el mismo día de 2007. Pues eso.

Si el Gobierno va de farol para presionar al PP en el desbloqueo del CGPJ, como sostienen algunos analistas, el envite ya ha sido tan desafortunado como dañino para los intereses del país, justo en un momento en que Bruselas mira con lupa la calidad democrática de los Estados miembros para el reparto de los fondos destinados a combatir la pandemia. De momento, desde el Palacio de Puerta de Hierro deslizan que si Pablo Casado no accede, perpetrarán la polémica reforma. Además, aseguran que luego harán lo mismo con el TC, el Defensor del Pueblo o RTVE, también pendientes de renovación. «Uno detrás de otro», avisa la propia Calvo. Peligro.

La verduga de Diké, a la que pretende despojar de su venda de independencia y su balanza de equidad y neutralidad, insulta a la magistratura al sostener que los jueces tirarían de ideología de vísceras para elegir a sus representantes. Como si nada les importara el haber jurado o prometido «administrar recta e imparcial justicia». Sepa la ilustre egabrense que participar en la designación de sus vocales es también un modo de administrar justicia por parte de los togados, y sobre todo, el contrapeso que los constitucionalistas expresaron en la Carta Magna para evitar un sometimiento del Poder Judicial al Gobierno sectario de turno a través del Parlamento, Sí, como el tuyo con la mayoría Frankenstein, sepulturera de Montesquieu.

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