¿Quién teme a los pseudomedios?

Pedro Sánchez pseudomedios

¡Adelante! ¡Bienvenidos al Club de los pseudomedios! Queridos pseudolectores, ustedes que desean permanecer informados en esta pseudodemocracia española.

Como saben, este periódico, en el que depositan su confianza cada día, pertenece al insigne grupo de los pseudomedios (a los que Sánchez denigra, pretende vetar y con ello acallar), una membresía honorífica que el gobierno sólo otorga a los periodistas suficientemente irritantes como para hinchar las narices de su soberano.

Y aquí, en este club exclusivo, portamos la etiqueta, no como un estigma, sino como un distintivo de orgullo y pundonor, porque cada vez que el patrón y sus cortesanos pronuncian la palabra pseudomedios, se refieren a cualquier artículo que no cante alabanzas a las gloriosas hazañas del sanchismo. ¿Periodismo inflamatorio?

Verán, la ironía de los pseudomedios, es que publicamos realidades que Patxi López desea convertir en pseudohechos reportados por pseudoperiodistas que proffieren exasperantes pseudopreguntas en las pseudoruedas donde, por supuesto, la única pseudorealidad parece emanar del despacho presidencial.

Cuando yo estudiaba periodismo en los dosmiles, había una premisa incontestable: que nos estaban formando como el cuarto poder, donde los futuros profesionales de los futuros medios de comunicación estábamos destinados a la vigilancia de las acciones de la administración y de sus adláteres, exponiendo la corrupción, la mala gestión, la incoherencia, la mentira, las injusticias y toda clase de fealdades que pudieran existir con mayor o menor solapamiento.

Esta función de supervisión y denuncia de cualquier indicio de irregularidad en el poder debía ser perseguida por nosotros, los periodistas, fiscalizada y, por último, puesta a disposición de la sociedad.

Han pasado veinte años desde mi licenciatura, tiempo suficiente, al parecer, para un bochornoso giro de tortilla con exhibición culinaria donde los medios de comunicación han de ser amigos, ¿cómplices?, abogados de la presidencia, portavoces de los poderes y no sus vigilantes y donde, al margen de toda esa zafia propaganda gubernamental, en una vuelta de sartén hilarante, ser vetado por el presidente se ha convertido en una especie de medalla al valor disidente o contracultural.

Cada veto, cada palito en las ruedas de la información será como una estrella en nuestro uniforme de tocapelotas, y un recordatorio de que, alguno de nosotros, otro miembro del Club, tocó un nervio sensible del cuerpo estatal de su Sanchidad.

¡Periodistas! Es momento de que los de toda generación, escuela o cabecera, nos unamos por la democracia, que se basa en una prensa libre y en la rendición de cuentas por parte de los que trabajan para nosotros, es decir, los funcionarios del gobierno del primero al último. La libertad de prensa es un derecho humano fundamental. Y acciones de censura a los medios críticos como las que propone el régimen son una violación indicativa de otras violaciones a los derechos humanos y las libertades civiles.

Con respecto a los medios que jamás experimentan censura, opresión ni represalias porque no irritan a los poderosos, ¿realmente estáis haciendo vuestro trabajo? ¿Estáis buscando la verdad con la suficiente diligencia?

El veto de Sánchez debería inspirar unos nuevos y modernísimos premios a la profesión. Imaginen la alfombra, los trajes, las luces y la ceremonia:
– «Y el premio al mejor artículo que más molestó al presidente Sánchez es para…».

Aplausos. El auditorio en pie. Lágrimas de emoción. Discursos sobre la libertad de prensa y sobre esquivar el servilismo, con valor.

Sería ampliamente televisado y cubierto por la prensa, pero sólo en aquellos canales condecorados como pseudomedios.

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