Candilazos

Podemos y la casa de los horrores

Podemos y la casa de los horrores

Podemos, un partido con apenas cinco años de vida, ha sido capaz de levantar su propia casa de los horrores en un precedente tan insólito como repugnante. Y nada tiene que ver con la decoración de Villa Tinaja, principio del fin de la carrera política de Iglesias y Montero y parte de defunción del discurso quincemayista de aquellos indignados que dormían en Sol en tiendas de campaña y seis años después idolatran a los Kirchner de Galapagar. A los peronistas patrios que se levantan cada día en un chaletazo de 2.000 metros de parcela con piscina modelo Acapulco incluida.

La última inquilina en llegar a la casa de los horrores podemita es otra secuestraniños, Patricia González, detenida por llevarse a sus hijos y separarlos del padre en contra de las decisiones judiciales. Lo mismo que María Sevilla. Ambas formaban parte del grupo de asesores de Podemos en materia de defensa de la infancia.

En el caso de González, la Policía descubrió a la niña de 10 años escondida en una casa de La Cabrera (Madrid), en una zona de monte muy cercana a Buitrago de Lozoya. Y lo que se encontraron los investigadores fue el triste cuadro de una menor sin escolarizar que tan sólo recibía las clases que le daba la madre enclaustrada en esas cuatro paredes.

Por su parte, María Sevilla, otra de las integrantes de Infancia Libre que pasaban papeles al Grupo Parlamentario de Podemos, mantenía a sus dos hijos encerrados en una casa de campo, lo suficientemente vallada y aislada en una pedanía de Tarancón como para evitar que los niños fueran vistos desde el exterior. Los dos niños, de 11 y 6 años, sólo salían fuera unas horas al día cuando la luz del cielo iba atenuando y estaban igualmente sin escolarizar. Uno de ellos nunca había sido atendido en un centro sanitario. Además, tanto González como Sevilla interpusieron denuncias por supuestos abusos al niño por parte de los padres. Mentes perversas.

Otras dependencias de la casa de los horrores de Podemos están habitadas por su candidata a la Alcaldía de Ávila, Pilar Baeza, condenada por ayudar en 1985 en el asesinato de un joven que presuntamente la había violado. Su novio y un amigo, con la colaboración de ella, que prestó un arma de la armería propiedad de sus padres, segaron aquella vida. Baeza tenía entonces 23 años. Pasó siete años en prisión.

Y no falta entre estos siniestros personajes el que fuera número uno de Podemos al Senado por Badajoz en las generales de 2016, Salvador Salvatierra de Toro, acusado de los delitos de prostitución y explotación sexual, o el ex diputado en Castilla y León Pedro de Palacio, condenado a un año de tratamiento terapéutico por “tocamientos” a una niña de poco años cuando él era adolescente. Ninguno de ellos, a diferencia de Baeza, sigue en la primera línea de la formación morada.

Hay que tener el alma corrompida ya no para acoger a estos individuos sino para blanquear su pasado o negar su presente más abominable. ¿Qué alberga Podemos para convertirse en refugio del mal? Quizá la respuesta puedan darla quienes como las navarras Ione Belarra y Idoia Villanueva, muy próximas a Iglesias y Montero, han abrazado al terror y han compartido confidencias con la crueldad y ni siquiera se han dado cuenta. De asumir responsabilidades, ya ni hablemos…

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