No es la selectividad, ¡es la educación!

No es la selectividad, ¡es la educación!
  • Rosa Díez

Si alguien venido de fuera hubiera leído o escuchado los reportajes de los últimos días en relación con las pruebas de Selectividad, llegaría a la conclusión de que este año se ha producido un cambio respecto de lo que viene siendo habitual en la España de las Autonomías. Y es que parece que algunos han descubierto ahora ¡que las pruebas de Selectividad son diferentes (en exigencia y en contenidos) en función de la parte de España en que vivan los que se examinan! La repentina caída del caballo de comentaristas y prescriptores de opinión de lo más variado sería una anécdota, si este no fuera un asunto sobre el que algunos venimos años llamando la atención y aportando datos y argumentos para evitar este dislate y proponiendo que el Estado recupere la competencia en materia educativa.

La decisión de transferir la Educación a las CC.AA. se ha demostrado como uno de los mayores errores de nuestra historia democrática. No dudo de que los distintos gobernantes y legisladores (lo inició González, lo finalizó Aznar) no previeron las negativas consecuencias que iba a tener poner la Educación en las manos de cada una de las baronías territoriales. Pero lo cierto es que los resultados de esa descentralización política en materia tan sensible han sido nefastos para la igualdad entre ciudadanos y para la cohesión como país. Diecisiete sistemas educativos se han revelado como un elemento de ruptura de la igualdad entre españoles y de la cohesión entre territorios, a la vez que han constituido un fracaso desde el punto de vista de la calidad del sistema educativo español.

Si hubiéramos sido capaces de desideologizar este debate, hace años que hubiéramos llegado a la conclusión de que fue una decisión incorrecta transferir a las CC.AA. algo más que la gestión de la Educación. Lo lógico es que las CC.AA. puedan incluir algunas diferencias curriculares, no más del 25% en aquellas Comunidades en la que exista otra lengua oficial además de la común. Pero no tiene ninguna ventaja -ni para los alumnos ni para España- que cada Comunidad tenga la competencia –plena, de facto– en materia educativa. ¿Acaso diecisiete sistema educativos han producido que nuestros alumnos sean los más aventajados de Europa, que nuestras universidades estén entre las mejores del mundo, que nuestro país sea más competitivo, que lo sean nuestros jóvenes con carácter general? No, no ha sido así. Por eso la cuestión principal no es que este sistema nos salga caro en términos económicos, sino que nos sale muy caro en términos sociales y cómo país.

¿A nadie le llama la atención que allá donde hay nacionalistas la escuela es nacionalista? ¿A nadie le llama la atención que -lo mismo que se decía que ETA nació en las sacristías- hoy se puede decir que la educación en el odio y en la mentira es lo que ha formateado a esas generaciones de jóvenes que queman contenedores, que cortan carreteras, que escrachean e insultan a los constitucionalistas catalanes?

Pero aunque lo más llamativo se produzca en el espacio en el que hay nacionalistas, es el sistema entero el que hay que modificar. Como dije, el Gobierno de una Nación no tiene en sus manos un instrumento más igualitario y cohesionador que la Educación. No, el legislador no previó todo lo que ha ocurrido con la aplicación de decretos y leyes descentralizadoras en materia educativa. Pero las leyes no son eternas y los países serios revisan las consecuencias de las mismas y toman decisiones al respecto. ¿Qué le ha ido bien al país? No se toca. ¿Qué le ha ido mal? Pues la cambiamos.

Por eso digo que la cuestión a revisar no es la Selectividad sino la Educación; porque esto no se arregla con parches, sino con una enmienda a la totalidad. Por cierto, que para que el Estado recupere la competencia en materia educativa, para que la Educación vuelva a ser un instrumento cohesionador, igualitario, que haga más competitivo al país y a las personas que lo habitan -¿se les ocurre algo más progresista que eso?-, no hace falta reformar la Constitución; solo se requiere voluntad política y mayorías para aplicarla. ¡Qué tema tan interesante para proponer gobierno progresistas…!

  • Rosa Díez, co fundadora de ¡Basta Ya! y de UPyD, aventurera cuerda.

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