El mal perder de Manuela Carmena

El mal perder de Manuela Carmena

Manuela Carmena dejó de ser alcaldesa hace unos días por el simple hecho de que el bloque de centroderecha sumó la mayoría absoluta de concejales, e incluso con holgura, pues le sobraba uno. Es cierto que Carmena fue la lista más votada, nadie lo discute. Y es cierto que posiblemente lo mejor sería que la ley electoral pudiese modificarse para que gobernase siempre el que recibiese más votos, pero la izquierda no ha querido nunca cambiarla, porque hasta ahora le beneficiaba.

Cuántas veces ha ganado el PP las elecciones y no ha gobernado porque el PSOE se aliaba con cualquier opción para gobernar. Sin ir más lejos, Carmena debería recordar que en 2015 ella perdió las elecciones, pero que consiguió la alcaldía gracias a que pactó con el PSOE, ya que al PP le faltaron 7.937 votos para obtener el concejal número 22 que le habría permitido sumar la mayoría absoluta junto con Ciudadanos. Si la ley no ha querido cambiarla la izquierda, lo que no puede pretender es que el PP no pueda emplear esas mismas reglas.

Pues bien, en lugar de tener deportividad, elegancia y despedirse educada e institucionalmente, eligió sacar su lado más dogmático. Se quitó su careta de persona venerable que quiere a todo el mundo y salió su verdadero rostro, con toda su inquina y todo su rencor hacia quien no piense como ella.

Por eso, en vez de hacer un discurso institucional, que es lo que tocaba, aunque Pepu Hernández también lo olvidase, felicitar sinceramente al nuevo alcalde y despedirse, ya que había decidido entregar el acta, arremetió contra quienes osaron pactar, se inventó una extrema derecha –Pepu también- que no existe en España, riñó a Ciudadanos por pactar y, sobre todo, arremetió contra una persona a la que siempre le ha mostrado su mayor odio, que es Esperanza Aguirre.

Como perdía el bastón de mando y eso no lo aguantaba, se metió con Aguirre, recordando su dimisión, en tono mitinero, que nos retrotraía al debate electoral que tuvieron en 2015 cuando Carmena, con su voz impostada de buenismo le decía a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid “vete, Esperanza, que has hecho mucho daño”.

Esas palabras de Carmena llevaban todo el rencor y falsedad que la izquierda acumula siempre contra las dos personas que la han derrotado tanto en las urnas como ideológicamente, y que, además, han transformado España y Madrid, que no son otros que José María Aznar y Esperanza Aguirre, respectivamente. El resentimiento de Carmena salió de nuevo a la luz por su mal perder.

Y luego, siempre en tono mitinero, no dijo ni una sola verdad: ni deja una ciudad más libre, sino llena de prohibiciones; ni más limpia, sino muy sucia; ni gracias a ella se ha reducido la deuda, sino gracias a la buena gestión de Ana Botella, que acumulaba un gran superávit en las cuentas municipales, y a la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera del Gobierno de España cuando gobernaba el PP, que, con la regla de gasto y la obligatoriedad de que las entidades locales tuviesen que estar en equilibrio presupuestario, ha impedido que Carmena dilapidase la magnífica herencia recibida del PP, aunque algo haya malgastado en las inversiones financieras sostenibles de sus carriles-bici por los que no circulan bicis.

En fin, que es una lástima que Carmena tenga tan mal perder. Unas veces se gana y otras se pierde. Confiemos en que se le haya pasado y se encuentre más sosegada, porque el sosiego debe ser lo propio de quien ha ostentado un cargo institucional tan importante como el que ella, gracias al pacto con el PSOE, que no se le olvide, ocupó.

  • José María Rotellar es Profesor de la UFV, del CES Cardenal Cisneros y del Trinity College

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