Irán pone una condición a Trump
Entre los cambios introducidos por Donald Trump en su segunda presidencia se encuentra la transformación del Despacho Oval en el escenario de un monologuista que cuenta chistes o echa broncas a sus invitados, a la vez que discute con los periodistas. Las declaraciones importantes las comunica a través de su red Truth Social. Y el lunes 23 acaba de hacerlo.
Trump ordenó la suspensión de ataques a la infraestructura energética iraní durante los próximos cinco días, debido a las «muy buenas» y «productivas» conversaciones que están manteniendo negociadores norteamericanos e iraníes. En unas horas, el señor de la paz y de la guerra nos trasladó del apocalipsis a una tregua.
En la madrugada del domingo, también en Truth, Trump amenazó al régimen islámico con atacar y destruir sus centrales eléctricas si en un plazo de cuarenta y ocho horas no permitía el paso de petroleros y metaneros por el estrecho de Ormuz, a fin de mantener el suministro de hidrocarburos a India, China, Japón, Corea y otros países asiáticos. En su estilo barroco, Trump aseguró que, si Irán no obedecía, «los Estados Unidos de América atacarán y arrasarán sus diversas centrales eléctricas, ¡empezando por la más grande!».
Teherán respondió que, en ese caso, destruiría la infraestructura energética de EEUU y, sobre todo, de sus aliados en el golfo Pérsico, mediante los misiles y drones que le quedan, que no deben de ser pocos. Valga como prueba los bombardeos respectivos entre iraníes e israelíes a sus respectivos centros de investigación nuclear.
En cuanto Trump envió su último comunicado, las cotizaciones del barril de petróleo cayeron por debajo de los cien dólares y las bolsas comenzaron a subir. Sin embargo, Rusia, China y otros países subrayan que la situación sigue siendo inestable y que lo mejor sería una suspensión definitiva del conflicto, en el que ya han muerto más de 3.000 personas, entre ellas muchos dirigentes de la dictadura de los ayatolás.
¿Estamos ante el optimismo de una conclusión cercana de esta guerra no declarada o sólo se nos ha concedido un aplazamiento antes de la catástrofe planetaria?
Entre los factores que pueden haber influido en la decisión de Trump, aparte de la resistencia iraní y las quejas de los compradores de su petróleo, están los económicos.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, pedirá al Congreso 200.000 millones de dólares para financiar la guerra, que ha costado 16.500 millones en sus primeros doce días. La Reserva Federal mantiene los tipos de interés entre el 3,5% y el 3,75%; y elevó su previsión de inflación para 2026 del 2,3% al 2,7%. Y la Agencia Internacional de la Energía declaró que la crisis energética es peor que la vivida en 1973, hasta el punto de que ningún país quedará a salvo de sus consecuencias.
Como colofón, el factor político. Más fallecidos, más inflación y desempleo, más deuda pública, préstamos igual de altos, alimentos y medicamentos más caros, menos chips… y el 3 de noviembre, elecciones parlamentarias en EEUU. Ningún presidente quiere convertirse en un pato cojo al final de su mandato.
Sin embargo, existe un enorme obstáculo para alcanzar la paz, o siquiera un alto el fuego que satisfaga a Irán y a Israel. ¿De qué sirve negociar con el Gobierno de Estados Unidos si éste rompe las negociaciones, sin advertencia ninguna, y ataca hasta liquidar a los miembros del Gobierno?
En un canutazo en el aeropuerto de Palm Beach el lunes 23 por la tarde, Trump dio algún detalle más: las conversaciones serán telefónicas y, si no se soluciona la crisis, «seguiremos bombardeándolos hasta la extenuación» («we’ll just keep bombing our little hearts out»). Tampoco quiso dar el nombre del actual negociador iraní, porque «no quiero que lo maten»… y sólo le pueden matar sus aliados, los israelíes. ¡Qué humor negro se gasta el señor del mundo!
En los días siguientes, se ha confirmado la reanudación de los contactos entre ambos gobiernos. Según la CNN, Teherán le ha dicho a Trump que no quiere volver a sentarse con Steve Witkoff y Jared Kushner. El primero es un ejecutivo inmobiliario convertido en enviado especial y habituado a los tratos rápidos en los que las diferencias se solucionan con dinero u otro tipo de compensaciones. El segundo, yerno del presidente, es el artífice de los Acuerdos de Abraham en 2020. La presencia de Kushner revela que Israel tiene intereses en la mesa.
Los iraníes acusan a Kushner y Witkoff de «traidores» y prefieren al vicepresidente JD Vance, que no sólo es una figura con rango constitucional en EEUU, sino que, además, representa dentro del movimiento MAGA la corriente de «America First», opuesta a las guerras interminables en Oriente Próximo. Como escenario de las próximas negociaciones se menciona Pakistán, vecino de Irán, con el que Arabia Saudí tiene un férreo pacto de defensa que pone a disposición de ésta el armamento nuclear paquistaní.
Mientras tanto, siguen los ataques de Israel en el sur del Líbano, del que está expulsando a su población, y de drones iraníes. En un gesto de propaganda, la Guardia Revolucionaria proclama la victoria. También hemos sabido que el Pentágono prepara el despliegue de 3.000 militares acuartelados en Norteamérica en el golfo Pérsico y que cuenta con el respaldo de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos. Ambas partes buscan la paz, aunque se preparan para continuar la guerra.