Enredo

Sánchez

A finales de los años 70 fue muy popular la comedia de situación Soap, que TVE emitió con el nombre de Enredo. La puesta en escena de los personajes era completamente surrealista, y los guiones planteaban tramas melodramáticas que se resolvían (o habitualmente no) de las formas más absurdas. Esa serie de televisión es lo más parecido que encontramos a la situación del régimen; en la ficción, claro, porque en la vida real no alcanzamos a conocer, y ni siquiera a imaginar, algo parecido en el gobierno de un país democrático.

Esta semana la teníamos reservada para el juicio de David Sánchez, pero los magistrados instructores de la Audiencia Nacional andan haciéndose un rondo y no hay forma de quitarles la pelota; Ismael Moreno, José Luis Calama y Santiago Pedraz llevan semanas abriendo en canal al PSOE y al Gobierno, y se van pisando las portadas de los periódicos y las aperturas de los telediarios.  Para no acaparar tantos recursos, podrían unificar las causas y reclamar una instrucción conjunta de unos más que presuntos delitos que, aunque con variados desarrollos, tienen un objetivo común y comparten el alfa y el omega. Porque el socialismo sanchista es un ente polifacineroso que ahora delinque en Ferraz o ahora delinque en algún ministerio y en alguna otra institución, pero que siempre lo hace siguiendo las instrucciones o los auspicios de Moncloa.

En la causa del «hermanísimo» (que no es más un jetilla con pocas luces), los presuntos delitos, que son difíciles de demostrar, acontecieron en la Diputación de Badajoz, y allí se están juzgando; pero la autoría intelectual y, desde luego, la responsabilidad política de un evidente caso de nepotismo y de un impresentable enchufe, descansa en el mismo famoso colchón del Palacio de la Moncloa. Y es que, además, con alguna guasa se podría atribuir la cuestión a una jurisdicción nacional por tratarse de un caso transfronterizo: un madrileño casado con una japonesa y con una pretendida residencia en Portugal, consigue un puesto directivo en la Diputación de Badajoz aportando un titulín de músico obtenido en Rusia… Vamos, más complejo que aquellos casos prácticos que nos ponía en la Autónoma el catedrático de Derecho Internacional Privado.

Así que solamente de refilón hemos podido mirar a Extremadura, y eso que las investigaciones de la Audiencia Nacional son de tan amplio espectro que han desvelado que la cloaca también intentó extorsionar a la juez Viedma. Y es que los hilos de las diferentes causas nos llevan siempre a la misma madeja, y para desenredarla los magistrados han hecho un diagrama de relación criminal, del tipo de La Escena del Crimen, la novela gráfica de Lark y Brubaker, en la que los mismos criminales tienen múltiples conexiones entre ellos y con los diferentes delitos.

La serie Enredo tiene como protagonistas a las familias de dos hermanas, una adinerada y con mejor posición social (los Tate) y otra más humilde (los Campbell), y se desarrollan varias subtramas esperpénticas: crímenes, infidelidades, fugas, pérdidas de memoria, doble personalidad, supremacismo, homofobia, posesiones diabólicas, secuestros, relaciones sexuales con extraterrestres… Pero algunas de las situaciones más hilarantes las protagoniza un personaje mítico, Burt Campbell, encarnado por el actor Richard Mulligan, que se cree capaz de hacerse invisible y que, cuando los problemas le acechan y las circunstancias le acosan, hace con los brazos un movimiento de abracadabrismo y pretende haber desaparecido de la escena y de la visión de los demás.

No es necesario dar más pistas de quién es el que, en estos tiempos y en la realidad de nuestra situación política, está representando ese papel; de quién pretende evadirse de unos hechos que lo señalan y zafarse de sus indelebles responsabilidades. Encastillado en su búnker político y mediático, y a falta de cualquier acción de gobierno, sus esfuerzos se orientan al bloqueo, tanto de la investigación policial y judicial como de la situación política.

Al contrario que Florentino, que ha convocado elecciones en el Real Madrid cuando nadie se lo pedía, Pedro Sánchez no las convoca, aunque todo el mundo se lo está pidiendo. Pero claro, unas elecciones generales permitirían desbloquear la situación política, pero no la judicial, que seguiría su curso inexorable, y, como estamos viendo con la cloaca, mejor estar en el Gobierno para enfrentarla.

Eran Tip y Coll quienes retorcían los versos de Rubén Darío: Democracia, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero votar no voto, / Y a veces voto sin querer…

Y ya que no nos queda otra que tomárnoslo con humor, y acordándonos del desternillante debate del Estado de la Nación que protagonizaban esos geniales humoristas, asumir que Sánchez pretende celebrar antes de terminar el actual periodo de sesiones un pleno sobre el estado de la corrupción en el que denunciará la conspiración de la Justicia, a la vez que dice que la respeta, y dejará claro que la culpa es del PP. ¡Homérico!

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