Gobierno de Sánchez: ¿Un asunto de la Justicia y de la Guardia Civil?

Gobierno de Sánchez: ¿Un asunto de la Justicia y de la Guardia Civil?
  • Rosa Díez

A la vista de la deriva que está tomando el Gobierno de Sánchez (Gobierno de España, para nuestro bochorno) me han venido a la mente unas palabras que pronunció Pedro Ruiz de Alegría, un viejo dirigente socialista de Vizcaya, candidato a la Alcaldía de Bilbao, en un mitin junto a Felipe González, en el pabellón de la Casilla, en abril de 1983: «el PSOE es la única izquierda; la otra es un problema de la Guardia Civil». Déjenme que les explique por qué los hechos que protagoniza el Gobierno de Sánchez me recuerdan aquellas palabras.

Imagínense ustedes que alguien les cuenta que hay un país en el que el Presidente de su Gobierno ha conseguido ser elegido por una mayoría parlamentaria sostenida por delincuentes condenados en firme por los Tribunales de Justicia; imaginen que les cuentan que los delitos por los que han sido condenados los partidos que soportan ese hipotético gobierno se encuentran entre los más graves que contempla el Código Penal: delitos contra las instituciones democráticas y delitos de terrorismo. Imaginen que ese gobierno sostenido por delincuentes nacionales es de coalición y uno de los socios es defensor de regímenes dictatoriales tales como Irán, Cuba o Venezuela.

Imaginen que el Presidente de ese gobierno sostenido por delincuentes nacionales y constituido en coalición con quienes defienden a delincuentes anuncia que va a modificar el Código Penal para rebajar la pena a los delincuentes nacionales que le han hecho presidente y que están condenados en firme y en prisión. Imaginen que el Presidente de ese Gobierno hace el anuncio de reformar a la baja el Código Penal días después de que el capo de los delincuentes nacionales que le apoyan  advierta desde la cárcel que en cuanto puedan volverán a cometer el delito por el que han sido juzgados y condenados. Imaginen que el más alto tribunal de Justicia de ese país ha inhabilitado por desobediencia a la autoridad al Presidente de un gobierno regional de cuyo concurso –por activa o por pasiva- depende que el Presidente nacional siga siéndolo; imaginen que el Presidente elegido con los apoyos de los delincuentes nacionales y de los partidos que apoyan a los delincuentes internacionales afirma que él seguirá reconociendo la autoridad del presidente inhabilitado al margen de lo que digan los Tribunales de Justicia.

Imaginen que el socio de Gobierno que defiende las dictaduras antes mencionadas se manifiesta en España a favor de una organización terrorista que asesinó a 857 ciudadanos, 811 después de muerto el dictador, 714 durante la democracia.

Imaginen que una Presidenta regional, del mismo partido que el Presidente nacional,  acusa a uno de los partidos que más ha sufrido el zarpazo del terrorismo de vivir mejor mientras los terroristas asesinaban a sus miembros.

Imaginen que un ministro del gobierno de ese país se reúne de madrugada en un aeropuerto, con nocturnidad y alevosía, con la dirigente de una dictadura que tiene prohibido poner un pie en Europa por ser responsable de graves delitos contra los DDHH. Imaginen que tras ser descubierta esa fraudulenta reunión  la niega reiteradamente; imaginen que , tras constatar que hay pruebas del encuentro, afirma que se reunió con la dirigente política que tiene prohibida la entrada a Europa porque el Ministro del Interior le dijo que fuera al aeropuerto para decirle que no podía entrar en España. Imaginen que Europa está pendiente de que ese país – con un Ministro del Interior tan raro que en vez de mandar a la policía para que impida la entrada en territorio nacional de una delincuente- sancione al gobierno extranjero que no respetó la prohibición y  entró en suelo europeo; imaginen que el  gobierno presidido por quien llegó al poder apoyado por delincuentes nacionales e internacionales incumple su obligación de proteger las fronteras europeas y no hace nada.

Todos estos hechos que acabo de relatar no son ficción, todos ellos forman parte de la acción cotidiana del Gobierno presidido por ese individuo que llegó al poder apoyado por y en delincuentes nacionales e internacionales. Quien protagoniza todos estos hechos no es la cosa nostra, no es el cartel de Medellín: es el Gobierno de España. Parafraseando a Ruiz de Alegría se podría decir que la izquierda que representa el Gobierno de Sánchez empieza a ser un problema de la Guardia Civil.  ¿O no?

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