La estrategia de Sánchez y el segundo óptimo

La estrategia de Sánchez y el segundo óptimo

Pedro Sánchez es consciente de que su única posibilidad de seguir en La Moncloa pasa por tres circunstancias. La primera de ellas, el apoyo de toda la amalgama que lo aupó en la moción de censura, desde el antiguo brazo político de ETA hasta los extremistas de Podemos, pasando por los partidos con sus líderes encarcelados preventivamente o huidos por el intento de golpe de Estado en Cataluña. Eso depende de él y va a ceder en todo lo que esté en su mano para lograrlo, a lo que se une que sus socios prefieren tenerlo a él porque saben que es de quien más pueden obtener.

La segunda circunstancia es derivar hacia un cierto extremismo de cara a sus votantes, revistiéndolo de moderación para el resto de electores. Así, él pretende aparecer como hombre sensato mientras que en la izquierda se le percibe como un líder del PSOE muy radical, al gusto de mucho elector de Podemos. De esa manera, pretende recuperar mucho voto podemita para obtener unos resultados que le coloquen en una posición en la que poder aprovecharse de los restos de la ley electoral.

La tercera circunstancia es la que desde el Gobierno, el PSOE y todos los medios que apoyan a Sánchez se están encargando de alimentar: la división del voto de centro-derecha. Sánchez sabe muy bien que el auge de Podemos en las elecciones de 2015 y 2016 lo dejó reducido al nivel más bajo de representación parlamentaria que nunca tuvo el PSOE desde 1977, y eso es lo que él quiere ahora aplicarle al PP.

Con esa división del voto del centro-derecha y el aglutinamiento del voto de la izquierda, Sánchez pretende que en las circunscripciones pequeñas pueda ser el ganador y obtener así ese último escaño de cada una de ellas, que puede darle una prima de representación de entre 20 y 30 parlamentarios más, que unido a que para el PP pueden ser 20 ó 30 parlamentarios menos que los que podría conseguir si no se desune el voto de centro-derecha, pueden darle un margen suficiente para gobernar.

Por eso, si en todas las elecciones es muy importante votar con la cabeza, en estas elecciones lo es más si cabe. Los votantes de centro-derecha tienen que asumir que si dan rienda suelta a sus pasiones, se unen a la moda o se decantan por aquello que sirva tanto para una cosa como para otra, puede que, al final, de manera indirecta, estén votando a Sánchez, en el sentido de que estarán facilitando, por la desunión, la mayoría suficiente como para que Sánchez pueda seguir gobernando, amén de entregarle el Senado de manera abrumadora, pues el PSOE, con la desunión del centro-derecha, puede quedar primero en cada provincia y llevarse tres senadores por cada una de ellas.

No se trata de voto útil. Se trata de voto práctico. Si todos los votantes de centro-derecha quieren echar a Sánchez, tienen que preguntarse cuál de las opciones de esa parte ideológica tiene claramente más opciones para liderar una alternativa, y en esa opción deberían, entonces, concentrar su voto, porque, así, se alcanzaría el objetivo que ellos desean, incluso aunque no fuese su opción preferida, porque es la mejor opción que tienen para obtener lo que quieren. Es lo que en economía se llama segundo óptimo, que, generalmente, es en el que hay que centrarse siempre.

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