La España sanchista: un Estado fallido
Tras el espectáculo gubernamental ofrecido esta semana, sumados a los padecidos durante muchos meses atrás, llevan a considerar a una gran parte de los intelectuales nacionales (no orgánicos) y extranjeros que estamos ante un Estado fallido.
En efecto. Ciudadanos muertos a gogó por la desidia e ineptitud de ministros bajo sospecha de corrupción, intentando salvar desesperadamente sus traseros ante la tragedia que intentan evadir; centenares de palmeros mediáticos restando importancia (por precio) a la liquidación de vidas y haciendas desde instancias oficiales y, sobre todo, esa imagen de que los OscarPuente se conducen con las cosas de comer como pollos sin cabeza. Inútiles, corruptos y falsarios.
¿Qué es un Estado fallido? Pues el que no funciona. Y España lleva mucho tiempo atrás conociendo y comprobando que aquellos que por obligación política deberían estar al timón se dedican a otra cosa. Sabemos también que son muy caros (por lo que cobran y lo que roban) y, además, juegan con el dinero de los contribuyentes a los que ajustan el dogal impositivo hasta el paroxismo.
Veamos. Hace unos días el personaje más corrompido moralmente de todo el Gobierno, ¡que ya es decir!, Óscar Puente, atrabiliario personaje al que cuadra a la perfección la definición de regente de whiskería, sacaba pecho ufano y prepotente acerca de que bajo su égida la Alta Velocidad Española (AVE) iba a inaugurar un «periodo histórico» (palabras textuales) al alcanzar los 350 kilómetros por hora. Unos meses antes, los maquinistas de RENFE alertaban con premonición exacta que, de no tomarse medidas urgentes y bajar la velocidad, se podría producir una tragedia de dimensiones cósmicas. Pues bien, ignorando todos los avisos de los profesionales (que fueron centenares y hasta miles), el señor Óscar Puente, jaleado por el equipo de hooligans y meritorios que le rodea, decidió comportarse como lo que es: un incapaz irresponsable, que ha demostrado únicamente algún talento para el insulto, la befa y el escarnio de sus adversarios. Por decirlo todo, un personaje inexportable que a la hora de publicarse este post ya debería haber sido llamado por uno o varios jueces.
Se ha escrito con sorna que, se aferra al sillón para el que no tiene ni talento ni talante, es porque sabe que una de las personas que opta al mismo se llama Jéssica y durante mucho tiempo trincó de su enchufe en las distintas empresas públicas del Ministerio.
Una parte de la cuadrilla que rodea a Sánchez está en la cárcel o pendiente de juicio, incluida la tal Pardo de Vera, que tiene quien la defienda en la desvergonzada RTVE. Y la otra, capitaneada por Puente, lo será en breve, si es que la larga mano de jueces y fiscales pastoreados por el sanchismo y cuyos nombres y apellidos conocemos lo impiden.
¡Pobre España! Ayer dominadora, hoy envuelta en andrajos morales y económicos, desprecias cuanto ignoras.
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